Armando y el Carranza rugen hoy al unísono

  • El 'León de Sopelana' regresa a la que fue su casa durante una década · "Estoy muy emocionado por el destino", afirma

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El fútbol se ha apoderado de las almas, de los sentimientos, de los escudos, de la sangre, del sudor, de las lágrimas... Pero, de vez en cuando, las almas se rebelan, los sentimientos afloran, los escudos traspasan las camisetas hasta convertirse en corazones, la sangre fluye, los sudores aparecen fríos y las lágrimas explotan.

Esta noche, Armando Ribeiro y el Ramón de Carranza volverán a verse las caras y rugirán al unísono. Será una bella página de fútbol: de las inolvidables. Mientras el balón ruede, habrá una mirada petrificada.

"El destino me ha querido dar esta sorpresa tan agradable y estoy muy emocionado por el partido. Nunca pensé que volvería tan pronto al Ramón Carranza, por la diferencia de categoría entre el Athletic y el Cádiz y porque cada día me queda menos carrera por mi edad", explicaba ayer el meta vasco a la remodelada página web del submarino amarillo.

El ex guardameta cadista, que ya era león, de Sopelana, se convirtió en jugador del Athletic hace siete meses y hoy regresa a la que fue su casa durante una década. Se muestra ilusionado: por hacerse con la titularidad en su nuevo equipo y por ganar el Trofeo Carranza. "Soy consciente de que la temporada pasada me ficharon por la lesión de un compañero, pero quedaron contentos conmigo y he firmado un año más. Intentaré hacerme un hueco porque es una gozada jugar en San Mamés. No puedo pedirle a Caparrós que me dé minutos, decide él, pero todos en el club saben lo que esto significa para mí. Mi primer reto es jugar y el segundo levantar el Trofeo con otra camiseta", afirma Armando.

El nuevo meta del rival del Cádiz en la primera semifinal no olvida. "Deseo al Cádiz que suba cuanto antes y que todo le vaya bien, a ver si puedo verlo en Primera pronto. En Bilbao presumo de su afición. Sé que sigue estando ahí y que ya hay más de ocho mil socios. Con su apoyo será todo mucho más fácil", concluye Armando, un león que rugió en Cádiz hasta la saciedad.

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