Crítica de Cine

Comedia muy cuerda con aspecto de loca

Vincent Lacoste y Virginie Efira, en una escena de la comedia francesa 'Los casos de Victoria'. Vincent Lacoste y Virginie Efira, en una escena de la comedia francesa 'Los casos de Victoria'.

Vincent Lacoste y Virginie Efira, en una escena de la comedia francesa 'Los casos de Victoria'. / d. s.

Cuando esta película inauguró la Semana de la Crítica de Cannes se dijo que por fin una comedia, no un drama, era elegida para ello. Y la crítica francesa se felicitó no solo por ello, sino por tratarse de una comedia gala y ser el vehículo que permitía a la actriz Virginie Efira demostrar su talento. Esta señora estupenda es una presentadora de realities televisivos primero en Bégica y después en Francia, donde en 2009 inició una meteórica carrera cinematográfica, casi siempre ceñida a la comedia intrascendente que tanta pasta proporciona al cine francés, llegando a rodar cuatro películas al año y llamando la atención con Pastel de pera con lavanda y sobre todo con el éxito popular Un hombre de altura, la horrenda pero aplaudida y valorada Elle de Verhoeven y esta Los casos de Victoria, las tres presentadas en 2016.

Desde luego ocasión de lucirse tiene porque su personaje es omnipresente en pantalla y no cierra la boca. Se trata de Victoria, una abogada y divorciada con dos hijas que se las tiene que ver con la deserción del canguro, la defensa de un amigo acusado de violencia de género, un ex marido demasiado dado a desvelar secretos íntimos y profesionales en un blog, un antiguo cliente de poco claros antecedentes convertido en ayudante y una vida sexual digamos que poco sentimental. Comedia a la francesa con un pie puesto en el teatro de vodevil y otro en la comedia loca americana de los años 30 (tanto por el ritmo como por la hiperactividad de la protagonista o detalles absurdos como que un perro y un simio testifiquen en un juicio), y con un brazo agarrado a la comedia urbana post-Woody Allen y otro a las modernas telecomedias. En su segundo largometraje la directora Justine Triet ha elaborado una versión convencional de su primera película, La batalla de Solferino, centrada con mayor audacia en los apuros de una periodista que el día de las elecciones presidenciales tiene que vérselas con un entorno familiar (otra vez un ex marido e hijos a cargo de ella) caótico. Pierde interés pero gana eficacia comercial: ha barrido la taquilla en Francia. Esta comedia loca está muy cuerda.

De todas sus fuentes la más influyente es la comedia televisiva posmoderna. Su gracia rápida, superficial y descarada, sus réplicas veloces y la absoluta carencia de peso humano de los personajes -interpretada por androides parece a veces- la sitúa más cerca del ingenio televisivo que del genio cinematográfico de la comedia loca o screwball comedy. También se le puede reprochar al personaje un cierto tufo de Bridget Jones con injertos de Katherine Heigl. Aunque lo mejor es la interpretación de Virginie Efira, convertida tras esta película en la nueva estrella francesa. Le espera una película guarrona de Verhoeven (perdón por la redundancia) con aroma a Walerian Borowczyk. ¿Lo recuerdan? ¿No? Pues mejor para ustedes.

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