en tela de juicio

El último refrito

1. Si me permiten una temeridad: mientras más escucho 'La Sereníssima' más me gusta. A mi modesto (y sordo) entender tiene la mejor música y está cantada mejor que ninguna otra. No entiendo bien lo que cantan, pero eso me pasa con la mayoría de las comparsas, lo que al final las iguala mucho ante mi duro oído. Entre la altura poética y las voces tan agudas mis pobre sentidos se quedan estupefactos. Así que me quedo con la música de 'La Sereníssima'. La presentación y el estribillo me parecen excelentes. Luego tienen el carácter autobiográfico de las cosas que hace Juan Carlos Aragón y a mí, pobre mortal, no me interesa mucho la vida de Juan Carlos Aragón. Pero eso son rarezas mías. Me da la sensación de que cuando pase el tiempo, de todas las agrupaciones de este año, será la que más se recuerde. Lo del italiano es una rareza más de las que gusta cultivar el autor, que vive pendiente del personaje que él mismo se ha creado. Es muy fatigado interpretarse a uno mismo constantemente o a mí me lo parece.

2. No sé qué le pasa al Yuyu que parece enfadado con el mundo. Destila una agresividad que para sí quisieran los pupilos del Cholo Simeone. Tiene un trabajo magnífico, bien remunerado. Es una persona querida y admirada en su ciudad. Ha hecho chirigotas excelentes. La gente le pide constantemente que vuelva y él reacciona ante todo esto con amargura. Con lo corta que es la vida, más todavía para los que no creemos en otra…

3. Ya sé que es un espacio común, pero el carnaval de la calle es mucho más divertido. Con todas sus imperfecciones y problemas, pero las coplas son más inteligentes y atrevidas. Incluso me parece que los grupos se lo pasan mejor. En cualquier caso sí creo que los ciudadanos nos lo pasamos mejor con ellos. Hay algún divismo en los grupos más seguidos, pero eso es imposible de impedir. Todo el mundo tiene su alma en su almario. Pero se oye más ingenio en dos grupos de la calle que en varias sesiones del Falla.

4.Quizás los medios de comunicación le hayamos dado demasiada importancia al concurso. Se ha creado un Olimpo gaditano en el que ya no sólo están los autores, cosa normal, sino toda una pléyade de intérpretes conocidos por los motes más catetos. Algunos locutores se regocijan en repetir los motes en un alarde de conocimiento. Lo que sí ha cambiado para siempre el concurso es la tele. De eso no hay duda. Se actúa pensando en los gustos del jurado y en la tele. En las letras que van a dar puntos y en los efectos que van a dar contratos. De manera especial Canal Sur, que ha convertido el concurso en una ceremonia cateta y ramplona. Lo bueno que tiene la tele es que hay 40 canales y que en la vida hay miles de cosas distintas que hacer. Y está el gran invento del mando a distancia: uno graba y cuando sale el presentador con el esmoquin y la manzanilla se le da a avanzar y se salta la gracieta ramplona o la simpleza de turno. Maravillas de la tecnología que hace desaparecer la jeta más horrorosa o el comentario más simplón.

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