Morera en adobo

La magia del Falla

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EL día que actúas en el Falla no es un día cualquiera, es una fecha marcada en el calendario mental de cada componente, se te puede olvidar antes el día de Reyes que éste día. Te levantas y la sensación de ansiedad, ganas y nervios se te mezcla en el cuerpo. Llegas al Teatro para dejar el decorado y empiezas a respirar lo que vivirás por la noche. Para algunos no sé, para mí es un alivio pasear en esos momentos sobre las tablas del escenario. Es como una tila de 30 euros, a mí al menos me tranquiliza. El efecto dura poco, más o menos hasta la hora de comer cuando empieza a llamarte todo el mundo. Cae la tarde y empieza esa cosquillita por el estómago que no se te quita hasta que vuelves a los camerinos tras la actuación y todo salió bien. Es la hora de reunirse en el local donde nos vestimos, todas las caritas iguales, sonrientes cual paquete grande de Risi pero "cagaos" cual Curro Romero con tres toros en una panadería. Es la sensación de hablar en automático mientras tu cerebro está en otra cosa, está repasando el repertorio completo y está viviendo él solito su película favorita de lo que pasará esa noche. Se acerca la hora, los suspiros te alivian, las bromas también, pero el cerebro sigue pensando a su bola. Se abre la puerta de atrás del Teatro, entras y ya es cuando te das cuenta que no te puedes echar atrás... "Señores vamos preparándonos", y empieza la espera en la puerta lateral del escenario, entonces es cuando me encantaría que mi afición fuera jugar al ajedrez en vez de esta bendita locura. Por fin te dejan pasar, la agrupación anterior se abraza por el éxito conquistado, sale un decorado y entra el tuyo, el telón hasta el piso, y de fondo un murmullo en la sala. Un beso para los míos y mucha "mierda" para todos. Quiero morirme, pero Miguel Ángel, dice las palabritas mágicas: "Señores van cortinas" y allá vamos. La cálida acogida del público te sube la adrenalina, y como en los grandes acontecimientos futbolísticos, el balón empieza a rodar y se me olvida todo, sólo quiero disfrutar y que lo que tanto tiempo hemos luchado, guste lo máximo posible al público. Las risas, las reacciones positivas, te van llevando en volandas hasta el punto de no querer que se acabe aquello, quieres estar allí una eternidad disfrutando y haciendo disfrutar. El tiempo acaba, el telón de los sueños cae y somos una piña celebrando el éxito, que no ha sido otro que volver a pisar ese Teatro y volver a gustarle al aficionado, rodeado de amigos.

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