"La final más corta, bronca elevada al cuadrado"

  • El presidente del jurado, ilusionado y responsabilizado, cree que se quedarán fuera al menos cuatro grupos de primera línea

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"En cuanto te nombran, la gente emplea tres modos de actuar: te felicitan, luego te dicen que te vas a hartar de comer y luego te piden un cuelo". No falla. El gaditano que ostenta este mes el mayor alto cargo que pudiera gobernar la ciudad de la creatividad y la contradicción, el presidente del jurado del Concurso de Agrupaciones del teatro Falla, se arriesga también a recibir en lo alto un montón de chistes acerca de su condición, adherida a las de médico del aparato digestivo y presidente del Grupo Gastronómico. ¿Se va a comer un marrón difícil de digerir? Pues no. Le gusta. Incapaz de decir que no. ¿Quién le ha metido en este lío? Eugenio Mariscal. "Mi mentor", dice orgulloso José Manuel Pérez Moreno, que se lo va a tomar en cuerpo y almax. "Para mí, tres semanas seguidas en el paco del Falla no será un castigo, ni siquiera supone estar pringao por Cádiz. Me gusta". Y entonces suelta lo típico, aunque sincero y cristalino: "Se trata de una ilusión y una carga de responsabilidad. Todos sabemos de la importancia del concurso y de la dimensión que ha adquirido en los últimos años. Antes era un concurso casero y local, y se enfadaban tres con el jurado, pero hoy son los mundiales de la copla", barrunta. De interés internacional, pronúnciese como deletreaba el Masa.

Pérez Moreno se lo piensa mejor e indica que "la gran mayoría no estará de acuerdo con el fallo del jurado", pero se matiza a sí mismo: "De todos modos el balance de los últimos concursos demuestra que los jurados suelen errar poco con respecto a la opinión general. Vamos a un concurso de repertorios. Hay días grandes y días no tan finos para una agrupación, y hay un gusto diverso: gente que muere por un puchero con sus avíos y otra gente que pide un caldito con un huevo y un poco de oloroso".

La experiencia en el jurado de la cantera le dicta que el miembro del jurado es humano, oh, sí, y "tiene que decidir con ecuanimidad en función de un montón de factores personales y externos. Y de que hay cosas que llegan más que otras". Una docena de actuaciones cada noche, el gran atracón de la subjetividad".

Le parece bien al presidente del jurado, entrando ya en materia de reglamento, que es como la constitución que consagra o encorseta la libertad de expresión a estas alturas del año, la eliminación de las puntuaciones extremas, la mejor y la peor de cada grupo, puesto que así "se aquilata la historia". Y tras envalentonarse una mijita y decir que "casi seguro que estarán los mejores en la final", se come el casi y certifica que "algunos se quedarán con las ganas". No, espérate. "La final será más corta, vale, pero eso tendrá la desventaja de que al menos cuatro grupos de primera línea se quedarán fuera. Es decir, la bronca elevada al cuadrado", bromea. ¿O no bromea? Seguramente bromea, porque Pérez Moreno se antoja carnavalero hasta la médula, no en vano vivió tan cerca de Enrique Villegas que aprendió del maestro las claves de la fiesta e incluso se coló en el Falla como maquillador con una de sus comparsas. A José Manuel le gustan tanto las finales del Falla que da la impresión de que las finales le gustan largas. Como a otros tantos miles de picaos del Carnaval.

Le preocupa a este hombre de verbo fácil y luz en las palabras las sanciones previstas en caso de que se sobrepasen los cinco minutos de montaje del escenario. Habrá tiros, lucha de relojes, tiempos muertos, problemas en do mayor. "Pediremos instrucciones, porque habrá que decirle el tiempo al jurado y fijar la cuestión con precisión". Hay dudas en torno al método a seguir, y a ver quién da la vez. Caería medio Cádiz. Pérez Moreno es consciente de ello. "Ojalá la cosa deriva al montaje suavito y sencillo, y no al estilo Hamlet tan frecuente hasta hoy. Es cierto que se ha incorporado una escenografía llamativa en el Falla, a la gente le gusta, la juventud ha roto esquemas, pero a muchos nos gusta un grupo cantando delante de una foto de la Caleta. Con eso basta". Lo contrario que antes muerto que sencillo.

El presidente se siente un privilegiado, pues cualquier aficionado se metería en sus zapatos, pero apunta otro aspecto crucial en la labor del jurado: "El secreto está en la discreción, algo que suele fallar en ocasiones". ¿Secretos en Cádiz? "La falta de discreción tiene mucha influencia en el concurso, crea dinámicas extrañas, rumores de todos los colores, y a veces el perdedor se esconde en el marasmo, justifica la derrota". Así las cosas, José Manuel resulta taxativo: "Garantizo que, hasta donde llegue mi trabajo diario, que no será al estilo Sherlock Holmes, tenemos un grupito muy bueno y la cosa irá sobre ruedas. Nadie me ha influido ni llamado para confeccionar el jurado, he recibido curriculums, pero me he decidido por gente de mi entorno, de confianza".

Pérez Moreno quiere desmitificar el tema gastronómico, tan relacionado con el jurado en parte por culpita de este Diario, por publicar desde hace décadas el menú en clave de guasa. "En su época se ha comido bien, pero nosotros vamos a trabajar, y si hace falta nos tomamos dos tapitas de pulpo y a puntuar". Y viceversa. A puntuar y la del pulpo. "Fatiguitas no pasaremos", ironiza, no sin antes recordar las excelencias que proporcionó al jurado juvenil el gran Pepe Monforte dos años atrás. "Traía las viandas al antepalco, lo cual estaba más bien prohibido, y de pronto se asomó el jurado de adultos y se quedó alucinado. Les dijimos: No es para comer, es para animarlos".

El jurado oficial no se muestra celoso con el jurado diario, a tenor de las palabras del presidente. "No será la competencia, pues cada año suele coincidir con el jurado oficial. Cinco tíos que entienden de esto y puntúan. La fórmula siempre funciona en Cádiz y el resultado se acerca bastante. Quitando a los fanáticos y a los familiares, la opinión coincide, aunque siempre estamos abiertos a que llegue algo distinto, algo nuevo, o algo raro, que un consagrado meta la pata que ocurran cosas poco habituales". Eso sí, aquí las cosas se reconocen en agosto.

Admite Pérez Moreno que el Carnaval posee propiedades terapéuticas, "no hay nada tan bueno como la risa o el llanto", pero también contagia virus peligrosos. El Carnaval también es una enfermedad, una linda condena. "Hoy la gente se juega mucho: dinero, prestigio, reconocimiento, autógrafos ..."

Para José Manuel, lo mejor del concurso es asistir al estreno de todos los repertorios, ese momento dulce del año. "Y en preliminares, como dice un compañero del jurado, quizá sea mejor sacar punta a esos grupos que son pa matarlos y que carecen del sentido del ridículo. Quizá sean la esencia del Carnaval". Nos vemos en el Falla. "Si no me toca la Primitiva". "Bueno, si me toca iré, pero de incógnito".

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