DOÑA CUARESMa

Hay colas... y colas

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LEO con el máximo interés en este periódico de mis culpas el artículo de un tal Yuyu titulado "Volverán los oscuros carajotes".

Reacciona este malandrín a las críticas que han tenido las colas de las entradas del Falla, que han sido calificadas por no pocos como "tercermundistas". Dice que si fueran colas para comprar entradas para la ópera o la Filarmónica de Londres no habría críticas, y que en ese caso tales colas serían calificadas como signos de lo culto que es Cádiz.

Olvida mi querido colega en el articulista desempeño que en las colas de la ópera todo es mesura y educación, y en las colas carnavalescas la chusma se trae las sillas de playa, las neveras, mantas de cuadros y tarteras de menudo o filetes empanados. La cola de carnavalescos se enrosca al edificio del Falla como si fueran refugiados somalíes detrás de un camión de la Onu.

Sin embargo en las colas de la ópera todo es mesura, educación elegancia y bien vestir. En la cola de la ópera se oye: "¿Caballero es usted el último?" y "¡A los pies de usted, señora: pase por favor!".

En las colas del Falla, puramente carnavalescas, se oye: "¡Ese sa colao pisha!" o "¡No pegá rachas cohone!" y cuando una señora pide la vez se oye "¡Cuidao, jalagramputa, que se quiere colá!".

No es lo mismo.

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