2-3 coplas históricas

Padres orgullosos de algunas de sus 'criaturas'

  • Selu, Martín, Quiñones, Rivas y Gómez eligen sus letras preferidas

Los autores del Carnaval de Cádiz lo reconocen, tienen sus ojitos derechos. Diario del Carnaval ha hablado con cinco letristas y todos ellos destacan, al menos, una copla a la que guardan un especial cariño. Algunos se decantan por una composición por su valor sentimental, ya que se han valido de esas estrofas para piropear y cantar las virtudes de un ser querido. Otros, en cambio, señalan letras que fueron muy aplaudidas y elogiadas. Pero también hay ovejas negras, y algunos de estos carnavaleros las identifican con nombres y apellidos.

No es la única, pero sí una de las que se siente más orgulloso. La letra de la presentación de 'Los titis' es una de las preferidas de su autor, Selu García Cossío. "Es la primera que se me viene a la cabeza porque tuvo éxito, porque define muy bien el tipo y porque nada más crearla me llegó inmediatamente. Fue como un desahogo", explica el letrista. Y a todo esto, añade: "Esa letra dice mucho de mi situación en ese momento y de mi filosofía de vida. Hay que ser positivo y vivir la vida, que son dos días". Catorce años después, Selu recuerda perfectamente esas estrofas. Las canta sin titubear, y eso que asegura que no tiene por costumbre escuchar sus propias coplas. De entre todas ellas, también destaca el pasodoble a Mari Loli de 'Los Lacios', primer premio en 1995. "No creo que esas letras se puedan superar, pero no porque sean las mejores, sino porque cada una es diferente y tiene su momento", sostiene el chirigotero. Y a la pregunta de cuál de sus creaciones le ha dejado un mal sabor de boca, no responde con un nombre. En su lugar declara que suele ser "más precavido de la cuenta" porque "no quiero nunca arrepentirme de lo que escribo. Mi propio grupo me reprocha esa barrera psicológica que tengo a la hora de escribir".

Ha firmado más de 300 pasodobles, por lo que no le resulta fácil destacar uno. Aunque tras unos segundos de reflexión, señala una copla reciente: "El pasodoble que le dediqué a mi nieta Paula en la comparsa 'La Caldera', porque entra en juego lo sentimental. Y también porque nos lo piden cada vez que salimos a cantar, por ello lo hemos incluido en la antología". Pero Quiñones hace memoria y escoge algunos pasodobles más: Contaba una abuela de 'Dioses del Olimpo' (1982), una letra de añoranza a la casa vecinos; Hay un balcón en el mentidero de 'Robots' (1983), dedicado a la Gitanilla del Carmelo; el pasodoble A mi madre de 'Anónimo gaditano' (1991); y Sabía un camino de 'Suspiros de Cai' (1992), en el que se deja guiar por una sirena.

Sobre la letra que rememora la muerte de un bombero en un simulacro, en el pasodoble Lucía un sol de 'Los Charrúas' (1995), el coplero comenta que no es una de sus predilectas, aunque sí se siente orgulloso dado el éxito que obtuvo. Recuerda: "Cuando la presenté al grupo no entusiasmó. Se cantó en el Falla pero no como una letra estrella, sino como una letra más. Y en cambio, tuvo mucho éxito. Nos sorprendió lo que gustó al público en ese momento y lo que sigue gustando, pues nos la piden allá donde vamos y por eso la hemos incluido en la antología. Es el típico pasodoble que se canta en la celebración de las barbacoas del Carranza", añade riendo. Serio se pone cuando habla del pasodoble Desde Andalucía te escribo de 'Suspiros de Cai', porque recuerda que durante la semana de Carnaval del año 92, tras cantarla su comparsa en la plaza Cruz Verde, se le acercó un policía nacional de San Sebastián ya retirado y se le abrazó emocionado por el contenido de la letra, en la que arremete contra los miembros de la banda terrorista ETA. Ese abrazo es uno de los piropos más entrañables que ha recibido el coplero, según sus propias palabras. Quiñones está satisfecho de su trayectoria carnavalesca, aunque asegura que aún está "aprendiendo de los que ya no están y de los que están". Menos satisfecho está de algunas de sus letras. En concreto, señala la crítica que le hizo al entonces alcalde Carlos Díaz en 'Noche de Falla' (1994): "Fui duro con él, aunque creo que en el momento se lo merecía porque se acomodó en el sillón en sus últimos años de mandato. Pero su labor, en general, fue positiva".

Por el tema social que aborda, Rivas se decanta por uno de los tangos del coro 'El castillo encantado', segundo premio en 2002. Una letra en la que se establece un paralelismo entre un maltratador y un terrorista y que, como recuerda su autor, ganó el Premio carnavalesco Fermín Salvochea a la Solidaridad Humana y la Problemática Social. Otra copla que resalta es el pasodoble al pasodoble de 'Los gladiadores de la Caleta' (2007) "porque levantó al Teatro". Una copla, sin duda, rentable, pues mantiene que la escribió en 25 minutos en el patio del colegio de su hijo, mientras lo esperaba. Y de entre todos los piropos que ha recibido, se queda con el apretón de manos que recibió de Antonio Martín tras la actuación del coro 'La gaditana' (2001). "Antonio, que para mí es el número uno, subió a darme la mano por el tango homenaje que le dedicamos a Paco Alba". Puesto a mirar hacia atrás, Rivas reconoce que ha rubricado letras para el olvido. "Algunas hay", ríe sin aclarar cuáles guarda en ese último cajón.

"Tengo mil", responde apresurado y con una sonrisa. Segundos después, escoge: "Una letra de las que estoy orgulloso y de la que siempre me acuerdo es el pasodoble de 'Agua clara' (1983) que dediqué a mi madre y que causó gran impacto entre las familias del barrio La Viña. Me gané el cariño de muchas madres", recuerda. A esta copla, añade otras cargadas también de valor sentimental: el pasodoble a su padre de 'Patio vecino' (1998); el dedicado a su hija Amparo en 'A fuego vivo' (1987); y al pequeño de la casa, su hijo Antonio, en 'Contrabandistas' (1999). "Le debo una copla a mi hijo Noé", apunta antes de añadir en ese lote el piropo que le cantó a la mujer gaditana en 'Los quijotes del sur' (1996) y la letra que dedicó a Cádiz en 'Las verdades del barquero' (1994). Precisamente, de una mujer de tan sólo 15 años ha recibido el piropo más grande. Así lo rememora: "Cuando decidí en el año 98 que no iba a escribir más, por la calle un día me paró una chica de 15 años y me dijo textualmente: Antonio, usted no tiene derecho a privarnos de sus coplas. Eso se me quedó grabado", añade. Martín no se arrepiente de ninguna de sus letras, aunque es consciente de que con el paso del tiempo "uno madura y sabe lo que quiere. Con 17 ó 18 años se estaba antes embobao, y cantar a la figura del generalísimo es lo que había. Afortunadamente, se madura con los años y se aprende. Sé lo que quiero", recalca.

El autor José Manuel Gómez 'El Gómez' guarda especial cariño a la primera letra que escribió: el tango En el pasado octubre del coro 'La guillotina' (1978). Una letra cuya autoría también pertenece, como él mismo recuerda, a Emilio Rosado. 'El Gómez' la elige por el éxito que obtuvo. Fue una letra muy aplaudida y cantada, y justo eso "me animó a seguir escribiendo y a introducirme en el Carnaval". El letrista, que se prodiga poco por el Gran Teatro Falla pero que sigue tejiendo repertorios en la sombra, señala que lo más importante a la hora de escribir una copla es "la idea y el enfoque".

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