Bendición de dios

Cementerio populista

QUIERO manifestar a los cuatro vientos que no me gustan para nada los cementerios. Ver mi nombre reflejado en una losa de mármol me da yuyu, por mucho que en lugar de crisantemos estemos acompañados de algunas banderas, de las mesas y sillas de una pizzería y de la mirada vigilante de un eminente médico, que aunque oftalmólogo, pueda parecer el resonsable de las autopsias. No me gustaría tampoco ser discutido por los descontentos que en la escalerilla de la facultad vuelvan a imporvisar una finalísima, que en esa noche grande sólo el Jurado tiene que ser objeto de polémica. Tampoco me gustaría que mi lápida estuviera a los pies de una muchedumbre a la espera de un veredicto carnavalesco, o bajo las suelas de quien asiste a un concierto de veraniego.

Prefiero que mi mensaje figure en las hemerotecas carnavalescas, donde los libretos tengan su eterno sueño. Y seguro que en esto, muchos de los que me acompañan en esta travesía tendrán la misma opinión. Se me antoja bastante complicado convencer a muchos de la objetividad del baremo que utiliza la Hermandad de Antifaces, que gustosamente presido. Es un procedimiento -el de los antifaces- aprobado democráticamente por sus miembros y que propicia el acceso a dicho galardón a los que objetivamente hicieron méritos, sin olvidarnos que dichos méritos serán siempre subjetivos, pero que imposibilita una avalancha de galardonados por antigüedad que devaluaría la máxima distinción de nuestros carnavales.

Por lo tanto, también se me antoja que ese paso de la fama creará sus polémicas, sus rencillas y sus diputas (Al igual que los antifaces). Por lo tanto, no me veo al lado de figuras como Virgili, Fragela, Manuel de Falla o Cayetano del Toro, que tanto hicieron por Cádiz. Pensar en un cementerio de lápidas sin haber conseguido el ansiado Museo del carnaval creo que es un desaire a todos los aficionados, y también a los compañeros que nos precedieron y que a lo mejor no consiguieron nuestra popularidad por varios motivos; porque no contaron como nosotros con el desarrollo de los canales mediáticos y porque la aristocracia, la burguesía y la clase media le dieron la espalda a los chirigorteros a los que tanto denostaron.

Si algunos políticos nos quieren dormir con cantos de sirena que estos cantos tengan ritmo de tanguillo, que los embarques populistas son siempre peligrosos y los que quieran pasar a la historia que se pongan a la cola. El Carnaval de Cádiz no está para concesiones.

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