un corista

Estés donde estés

PASAN los días de concurso y en esta nueva cosecha de coplas bicentenarias se escucha de todo. Impresionantes coplas llenas de originalidad y crítica. Algunas, quizás, con una excesiva dureza o no bien tratadas. Repertorios mordaces que reflejan la triste realidad del momento o letras muy ingeniosas de temas que, aunque repetitivos, son necesarias en nuestra fiesta. Para mí, una buena cosecha de gracia y sátira que es uno de los emblemas del Carnaval de Cádiz.

Aparecen temas sensibles y sociales, por supuesto, imprescindibles y algunos homenajes siempre justos y merecidos hacia aquellos que han sido parte imprescindible de lo nuestro y ya no están. Me emociona ver como se apreciaba al Petra, al Moreno y algunos otros y como sus compañeros han sabido acordarse de ellos.

Pero entre tanta letra echo en falta a la altura en que estamos algún recuerdo, excepción hecha del coro de Antonio Alemania, a un compañero que se marchó repentinamente y que fue un auténtico enamorado del tango y de la música. Me refiero a Juan Antonio Lamas León. El Lama. No entiendo que sus compañeros no tengan en su cantar un recuerdo a Juan. Y cuando digo sus compañeros me refiero a la familia corista. Un personaje controvertido y polémico que animó durante muchos años el concurso y los mentideros carnavalescos con su peculiar manera de ser. Un corista constante que a pesar de los muchos palos, algunos merecidos y otros no, no cejó en su empeño año tras año trayéndonos buenos coros que a lo peor no calaban en lo popular, muchas veces por culpa de su fuerte personalidad.

Debemos acordarnos de las muchas letras que se le han cantado en vida y de que ninguna fue agradable. Chistes fáciles que incidían, a veces con maldad, en su persona porque así es el Carnaval. Cuplés hirientes que, aunque él encajaba casi siempre con una sonrisa, sé que le hacían daño porque nunca se creyó merecedor de un mal trato. Mucho en vida pero nada cuando no está.

Nosotros, el Lama y yo, nos hemos dicho en nuestras múltiples discusiones de casi todo. Bueno y malo. Pero siempre cara a cara, como deben ser las cosas y, sobre todo, en el Carnaval, pero es que creo que a los dos nos iba la marcha y era parte de nuestra relación. Una relación de dos coristas contrincantes que siempre acababa en un abrazo y hasta la próxima bronca. La verdad es que se le echa en falta. Ahora, cuando su coro canta, se mira para la punta de la orquesta y no vemos su barriga y su guitarra marcando compases. Su mirada controlándolo todo porque era un pejiguera. Y su sonrisa cuando las cosas salían como el quería. Me queda como imborrable recuerdo su presencia en el pregón de los coristas, riéndose a carcajadas y disfrutando porque también era su pregón. Por lo menos esa alegría se la llevó y ojalá que la disfrutara. Espero tener que tragarme mis palabras y escuchar algún sentido recuerdo hacia su persona. Por nuestra parte, el de mi coro está escrito, ensayado y grabado y será cantado en el momento oportuno que él y nosotros sabemos cual será. Debemos acordarnos de las personas que han sido parte de nuestras vidas no solo para lo malo sino también para lo bueno. Desde aquí, de gordo a gordo, mi homenaje y recuerdo sincero al Lama. Estés donde estés.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios