El mismo crimen, otro jurado

  • La Audiencia inicia hoy el segundo juicio por el asesinato en octubre de 1998, en La Viña, de Dominga Ramírez. La pareja acusada fue absuelta en junio de 2002

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¿Mató J.M.D. a su vecina Dominga Ramírez Ureba? ¿Participó en el crimen su esposa? Un jurado comenzará hoy a desentrañar las claves del asesinato cometido en octubre de 1998 en La Viña en busca de un veredicto. ¿Culpables o no culpables? El juicio sería uno más en la lista de casos de muertes violentas afrontados por un jurado si no fuera por una peculiaridad procesal más que llamativa: los dos procesados vuelven a ser juzgados de nuevo por el mismo crimen del que los absolvió un jurado en 2002 en un juicio en el que no hubo irregularidad alguna. La pareja procesada se someterá al escrutinio de un nuevo jurado por un mismo crimen del que una sentencia los exculpó. Seis años después del primer juicio. Casi diez años después del crimen.

Tras un largo procedimiento de recursos contra la sentencia absolutoria, el Tribunal Constitucional ordenó el pasado octubre repetir el juicio porque consideró que a la familia de la víctima no se le facilitó en su día un abogado de oficio para ejercer la acusación particular. La familia no estuvo representada en el juicio de 2002. Ahora, en el segundo, tendrá dos abogados de pago: el magistrado que presidirá el tribunal, Manuel Estrella, ha aceptado que haya dos acusaciones particulares, que cada una de las hijas de la fallecida acuda con un abogado.

Dominga Ramírez Ureba, de 79 años de edad, fue apuñalada mortalmente la noche del 1 al 2 de octubre de 1998 en su partidito de la calle Paco Alba, una habitación en la que vivía sola. Casi un mes después, la Policía detuvo a los procesados, vecinos puerta con puerta de la anciana. El escrito de acusación de la Fiscalía sostiene que fueron ellos, J.M. e I., quienes la mataron: que la noche del crimen, conocedores de la costumbre de su vecina de quedarse dormida sentada en una butaca frente al televisor encendido, con la puerta entornada, entraron en la habitación de la anciana para robarle las joyas y el dinero de su pensión mensual. La fiscal explica que la víctima se despertó, vio a sus vecinos, se levantó y entonces ellos, temerosos de que los denunciase, la tiraron sobre la cama, le taparon la cara con un cojín para evitar que gritase y con un cuchillo que estaba a mano, J.M. la apuñaló nueve veces mientras I. lo ayudaba sujetando a la anciana.

Los procesados, continúa el escrito, le arrancaron después de un tirón la cadena de oro que lucía al cuello con una medalla de la Virgen del Carmen y cogieron de la vivienda una pulsera de media caña y otra de eslabones, un anillo tipo alianza, un sello, otra cadena con una medalla de la Virgen Niña y una cruz y unos pendientes a juego con el sello. Todo de oro. De un sobre también se llevaron una cantidad de dinero no precisada.

La fiscal sostiene que I. limpió más temprano de lo habitual su parte del pasillo y la de la puerta de Dominga para asegurarse de que no quedaba ninguna mancha de sangre. Y que también por el mismo motivo se deshizo del felpudo de la entrada de su vivienda.

Los acusados decidieron vender las joyas, señala la fiscal, y J.M. pidió a su amigo A. que le vendiese algunas. Le dijo que se las había quitado a una tía suya que se había ido de viaje. El día 3 de octubre, A. le vendió las joyas a G. en la calle a cambio de cinco mil pesetas que luego entregó a J.M., sostiene la fiscal. El 14 de octubre de 1998, G. se las entregó a la Policía.

La pareja guardó otras joyas, dos pulseras, sobre el mueble del comedor de su partidito, afirma la fiscal. Allí las encontró la Policía durante un registro domiciliario autorizado judicialmente efectuado el 14 de octubre.

Los procesados aseguran que ellos no mataron a su vecina.

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