crónicas ciudadanas

Las miradas de Cádiz

  • La realidad. Cada uno ve a la ciudad según su interés, pero hay cuestiones evidentes que hay que solventar para avanzar y salir de la crisis eterna

Hablar de la presencia de roedores en distintas zonas de la ciudad daña los intereses de Cádiz y su conversión en una capital turística. Lo dice el alcalde y el mensaje rápidamente es transmitido por sus satélites.

Hay muchas miradas sobre Cádiz. Tantas como gaditanos viven en esta tierra, o por lo menos tantas como ciudadanos preocupados por nuestra tierra hay. Miradas con el foco desviado a la hora de reflexionar con una cierta objetividad, algo ciertamente complicado de conseguir, sobre lo que nos rodea.

Entre estas miradas está la del político con mando en plaza. Sea conservador o progresista, anticapitalista o miembros de la casta, todos acaban coincidiendo en desprestigiar a la menor crítica que se produzca respecto su gestión, buscando excusas (normalmente relacionad con la herencia recibida), o descalificando a quien analiza la realidad social.

Si se habla del mal estado de las zonas verdes, de la suciedad de algunas calles, de la paralización de contratos municipales trascendentales para los ciudadanos, de la gestión de algunos proyectos, de la paralización de determinadas concejalías... el político se mueve incomodo en su poltrona del poder, mira hacia otro lado y lanza sus dardos defensivos. Raro son los que asumen estos comentarios (ojo, la crítica constructiva, que de la otra está la ciudad suficientemente llena). Pasaba con Carlos Díaz como alcalde, después con Teófila Martínez y ahora le pasa a José María González.

En más de una ocasión este cronista ha escrito que la lupa con la que se mira todo lo que firma el gobierno de González, desde su primer día en San Juan de Dios, es exagerada y por ello injusta. No se le perdona nada por parte de muchos y a veces se va casi a degüello. Pero no debemos obviar que el tiempo pasa, que con dos años de mandato ya ha dado más que tiempo para asentarse en la gestión del gobierno y que, sobre todo, hay una serie de cuestiones en el día a día de la ciudad que son evidentes incluso para quienes están ajenos a la gestión local: sabemos cuando es Carnaval, Semana Santa o el verano y cuando comienza el curso escolar y por eso sabemos que en esas fechas determinados asuntos municipales deben estar aprobados, desde la contratación de los exornos luminosos a las correspondientes cabalgata, pasando por la limpieza de la arena o el pintado del Paseo Marítimo y el arreglo de las aulas, por ejemplo. Y en ello algo se falla y no debería de costar reconocerlo y buscar soluciones para evitar nuevos fallos. Y como eso, otras cuestiones como cortar el césped de los jardines y baldear las calles.

Si todo ello es de primero de carrera de política municipal, que diría cierta dirigente de Podemos, no debería de escandalizarnos cuando se sacan los colores si lo evidente no se cumple. De la nueva política nos esperábamos, ciertamente, una mayor capacidad de autocrítica. El mal humor se lo dejábamos a sus satélites y a las redes sociales de su entorno.

Ciertamente hablar de roedores no es agradable. Aquí todos deberíamos de ser comedidos. Razón tiene el alcalde cuando habla de la mala imagen que se da de Cádiz con estas denuncias. Tan mala imagen como la que se dio cuando desde Podemos-Ganemos se lanzó el bulo de que en Cádiz había decenas de niños hambrientos, o la mala imagen que se daba a los turistas cuando frente al Ayuntamiento, en la plaza que recibe a los visitantes, se concentraban ciudadanos pidiendo casa y trabajo en tiempos del PP, animados por los que hoy gobierna. Toda referencia negativa afecta a la ciudad. Es lógico. Pero no parece que la solución sea el silencio. Más bien lo lógico es adoptar medidas para evitar estos problemas.

En todo caso decepciona que las miradas sobre la ciudad se circunscriban en la mayor parte de las ocasiones al ámbito de San Juan de Dios, cuando administraciones como la Junta y el Estado acumulan un amplio listado de temas pendientes con la ciudad que en muchos casos se alargan desde hace años sin visos de solución inmediata. Casos como el de la vivienda, tan trascendental para nuestra ciudad (de mano de la Junta), o el empleo (de mano del Estado a través de la Zona Franca).

Por si a alguien le sirve: el último roedor que vi paseando por la ciudad se colaba en un patio de un bloque de pisos cerca de la plaza de Santa María del Mar. Hace tantos años que entonces González ni se planteaba ser alcalde de Cádiz.

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