Una efeméride más para el archivo

  • Olvido. Ya no estamos en el año del Tricentenario de la Casa de Contratación. Un evento que rápidamente ha pasado a la historia ya que tampoco se ha sabido aprovechar

Hace unos días este periódico adelantaba que la Junta había adjudicado a un empresa privada la gestión del Centro de Interpretación de la Constitución de 1812, abierto hace cinco años en un edificio anexo al Oratorio de San Felipe. Aunque este era el propósito desde un principio por parte de la administración regional, el quinquenio pasado y los problemas encontrados por la Junta para encontrar una firma dispuesta a este menester se han convertido en el capítulo final del despropósito que acabó siendo la celebración del Bicentenario, un evento con un evidente interés nacional ignorado por casi todos, en el que el Ayuntamiento de Teófila Martínez y un reducido grupo de ciudadanos se quedaron solos en el intento por dignificar este acontecimiento histórico.

Con estos precedentes, la intención de conmemorar el tricentenario de la llegada a Cádiz de la Casa de la Contratación, en 2017, se perfilaba como una idea peregrina con un alto grado de ingenuidad pues si la Constitución de 1812 fue despreciada por casi todos, más lo iba ser una decisión política y económica cuya incidencia había que circunscribirla, fundamentalmente, a Cádiz ciudad.

En esta ocasión fue la Diputación Provincial la que dio un paso adelante para impulsar una celebración que pretendía más que digna, junto a unos colectivos ciudadanos dispuestos a aportar proyectos, con más ganas e ideas que medios.

Culminado ahora el año del Tricentenario, todos los temores iniciales se han confirmado en su mayor parte pues los fastos han pasado y nada físico ha quedado en la ciudad, más allá de un determinado número de eventos culturales que, según los datos oficiales, han interesado a algo menos de cien mil personas, entre los que se incluyen los cada vez más numerosos turistas que visitan la ciudad. Exposiciones, conferencias, conciertos. Lo que en una año normal debería de haber formado parte de una programación adecuada a una ciudad que busca atraer a un turismo de calidad.

Culminado el año del Tricentenario, se han desmontado las exposiciones, retirado los paneles callejeros y guardado en los depósitos de la Diputación todo lo editado durante estos doce meses. Pero más allá de ello no queda ningún elemento físico que nos sirva como legado de lo celebrado. Algo que sirva para que Cádiz se aproveche, más allá de 2017, de la historia de la Casa de la Contratación.

Porque hemos podido disfrutar de buenas exposiciones, en la Diputación, en el Museo de Cádiz, en el Centro Unicaja, en el Centro Cajasol. Pero no se ha sabido poner las bases de lo que hubiera sido, por ejemplo, el Museo de la Casa de Indias. Cádiz habría ganado más rehabilitando una de las numerosas casas de comerciantes de la ciudad transformándola con un Centro de Interpretación/Museo de la relación comercial de la ciudad con América, que con un diseño innovador podría haber sido una de las atracciones más destacadas de una capital que, no olvidemos, ha vivido sus mejores épocas de esplendor gracias al comercio de ultramar.

No aprendimos del Doce, cuando la Junta lanzó su compromiso de crear un Museo del Bicentenario (se llegó a hablar de situarlo incluso en la sede del Rectorado de la calle Ancha) aprovechando lo recopilado a lo largo del 2012. Pero no pasó entonces, ni ha pasado ahora.

Hay que asumir que vender la Casa de la Contratación era sustancialmente más difícil que todo lo relacionado con la Constitución de 1812, pero hubiera sido el momento ideal para haber reforzado nuestra relación económica y cultural con América, o haber puesto en marcha una potente campaña de promoción del comercio tradicional de Cádiz que, a pesar de todas las crisis sufridas en las últimas décadas, sigue siendo el más potente de toda la provincia.

Ya puesto a perder oportunidades, cabe recuperar el justificado lamentó el catedrático de la UCA Alberto Ramos Santana que, en su blog Calle Ancha, recordaba hace unos días el fallido proyecto de conmemorar el Meridiano de Cádiz. Claro que no debería de extrañar al profesor gaditano esta oportunidad perdida pues él mismo, junto a otros, ya lanzó en el Doce varias propuestas para recordar la presencia en Cádiz de los diputados doceañistas. Ejemplos ambos de cómo esta ciudad, y quienes tienen en sus manos el poder político y económico para tomar decisiones, no saben aprovechar las ideas, propuestas y conocimientos de sus vecinos más preparados.

Con todo, nos metemos en un año, el 2018, sin nuevos fastos en el calendario. Y lo comenzamos con un Ayuntamiento parece que muy decidido a sacar adelante el proyecto del Museo del Carnaval, una de esas piezas de nuestra cultura que debería ser una realidad desde hace años. Fracasado el Museo del Bicentenario, fracasado el Museo de la Casa de las Indias, habría que suplicar a todas las administraciones que den los pasos necesarios para no frustrar esta esperanza.

No olvidemos que ya hace unos años la Junta de Andalucía se comprometió a invertir en un gran centro cultural en cada una de las capitales de la región. Aquí nos tocó el legado constitucional. Como no salió adelante el centro en San Felipe ni, después, el Faro de las Libertades, confiemos en que el Museo del Carnaval sea lo suficientemente mimado por la administración regional, evitando con ello nuevos desengaños.

Pidamos, también con ingenuidad, la implicación del Ministerio de Cultura, tan olvidadizo con las cosas de Cádiz (Museo Provincial, Catedral...)

Aunque sea como regalo de Reyes con unos días de retraso.

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