Recuerdos de la Transición

  • El Consorcio para la Conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812 reunió en la Diputación a Santiago Carrillo y Soledad Becerril, diputados constituyentes de la de 1978 · Ramón Vargas-Machuca moderó el debate

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La generosidad y el consenso fueron los instrumentos básicos en la transición política española, como recordaron anoche, en el salón regio de la Diputación, dos diputados constituyentes, Soledad Becerril y Santiago Carrillo, en un acto que tuvo como moderador al profesor Ramón Vargas-Machuca.

Previamente dio la bienvenida a los asistentes, entre ellos la alcaldesa Teófila Martínez, María Luisa García, gerente del Consorcio para la Conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812, que organizaba la mesa redonda, incluida en las actividades paralelas a la exposición En transición, abierta hasta el 15 de junio en el claustro del Palacio Provincial.

Por su parte, Vargas-Machuca recordó una anterior mesa redonda sobre el mismo asunto, que protagonizaron los historiadores Santos Juliá y Paul Preston, para afirmar que en esta ocasión iba a ser abordado por dos de sus protagonistas, a los que pidió que previamente se pronunciaran sobre la Constitución de 1812.

Soledad Becerril, que además de diputada fue la primera ministra (de Cultura) en la actual democracia y alcaldesa de Sevilla, señaló que analizada con la visión de aquel momento fue un gran avance, un gran paso, para la apertura a España a otras corrientes, aunque quizás no suficientemente reivindicada por los españoles.

Por su parte Carrillo, que fuera secretario general del PCE desde 1960 a 1982 y personaje relevante de la oposición al franquismo y de la transición, la calificó como el primer paso hacia una España progresista, si bien dijo que el pueblo no pensaba como aquellos diputados constituyentes, por la influencia de la Iglesia y la guerra contra Napoleón, rechazando el texto a la vuelta de Fernando VII.

Después se pasó a recordar el asuntos de la convocatoria, señalando Soledad Becerril que todos los partidos habían sido generosos, si bien no faltaron renuncias, que en el caso de UCD hizo que no siguiese como partido por las muchas heridas abiertas. También destacó la renuncia del rey Juan Carlos, que aceptó un papel muy limitado y restringido para la Corona.

Por su parte, Carrillo dijo que se produjo un consenso que se da muy pocas veces en la historia de un país, que justificó apuntando que había habido una guerra civil, de la que no salió la paz, sino los victoriosos y los perdedores, y existía por tanto una reconciliación pendiente.

También aportó como otra razón que la burguesía española ya había perdido el tren de la revolución industrial en el siglo XIX y la del siglo XX no quería perder otro.

Por ambas razones explicó que los jóvenes del franquismo que no habían hecho la guerra civil, con el Rey a la cabeza, aprovechando la muerte de Franco, abrieron el camino al cambio político, a lo que también aspiraba la oposición democrática.

A ese respecto añadió que se juntaron la voluntad del Rey de lograr una monarquía moderna con soberanía popular, con Adolfo Suárez como principal artífice, y por otro lado la oposición que podía mover la calle, el PCE, con una dirección que compartían jóvenes y mayores, y que ya en 1956 había planteado la necesidad de alcanzar una reconciliación nacional, que aprovecharon esa puerta que se abría.

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