Perdidos en la idiofase

  • IU evita el escándalo de los sevillanos, mucho más aficionados a los juegos suicidas, y coloca a Barroso e Ignacio García en sus listas l Los andalucistas, aún con posibilidades de obtener un parlamentario, apuestan claramente por el bipartidismo l Miguel Arias va camino de Jaén

Quién es el legítimo heredero del trono de Francia? ¿Luis Alfonso de Borbón o Enrique de Orleáns? ¿Y el de la rama carlista española? ¿Carlos Hugo o Sixto Enrique? A no ser que el lector sea un furibundo consumidor de atropelladas novelas históricas, las respuestas son tan intrascendentes y gratuitas como las siguientes: ¿Quién ocupará el segundo puesto en la listas de los andalucistas de Cádiz a las elecciones autonómicas? ¿Y el primero en las generales? ¿Serán del PA o del PSA, rejuntados por segunda vez en la ahora denominada Coalición Andalucista? Aunque estos segundones alberguen las mismas posibilidades de éxito que el pretendiente al cetro de los Luises, habrá quienes estén dispuesto a blandir las facas aun a costa de arrojar al extraparlamentarismo a quienes en el año 1990 obtuvieron hasta cuatro parlamentarios por Cádiz. Las elecciones celebradas el viernes en las barriadas rurales de Jerez no es que sean los caucus de Iowa, pero vamos: los andalucistas no ganaron en ni una sola de las 13 poblaciones donde antes eran mayoritarios.

Uno de los profesores sabios de la UCA (sabio porque no discriminaba entre la ciencia y el humanismo), Luis Pérez, catedrático de Tecnología de los Alimentos, relataba en sus clases cuántas interpretaciones sociales se deducen del modo en que se comportan los organismos microbianos cuando andan escasos de nutrientes. Si en el medio hay alimentos, las bacterias, las levaduras y los hongos conviven como colegas, pero en cuanto comienza a faltar el fosfato, caen enfurecidos en un período denominado idiofase donde cada uno de ellos comienza a segregar metabolitos tóxicos para fastidiar al contrario y lograrse la supervivencia. Es así, por ejemplo, como surgen los antibióticos.

Lo de la idiofase es de lo más apañado: lo mismo sirve para explicar cómo se comportan las empresas en un mercado menguante que para deducir las relaciones entre futbolistas de un equipo cercano de los puestos de descenso; sin embargo, si viene traído aquí es para explicar lo que le está ocurriendo a la Coalición Andalucista y a IU, que escasos de votos y sin cargos para repartir (sin fosfato), se subdividen en facciones tóxicas con el único interés de monopolizar los poquitos apoyos populares que aún les quedan. El paradigma de esto es lo de IU en Sevilla: Diego Valderas, candidato a la Junta, no podrá ir por esa provincia porque los comunistas del PCA y los del alcalde filobatasuno de Marinaleda más algún amigo se alían para impedírselo aun a riesgo de abundar en la archiconocida desunión de esta izquierda.

En Cádiz, como IU aún sigue siendo fuerte en algunas poblaciones se resiste inteligentemente a entrar en esta degradación idiofásica, y va a llevar en sus listas a José Antonio Barroso, de número uno al Congreso, y a Ignacio García, en el mismo puesto al Parlamento andaluz. Barroso es el único alcalde de la primera cosecha de las municipales del 79, lo que no es un demérito en una sociedad democrática. Hábil polemista, es de los políticos gaditanos que mejor se expresan, aunque sus referentes ideológicos, Chávez y Castro, están como que pasaditos. Sin embargo IU, que ha actuado en parte para compensar a Barroso por no haberle nombrado vicepresidente de la Diputación, actúa con más inteligencia que cuando colocó a Willy Meyer en el mismo puesto. Barroso puede aspirar a sacar esos 50.000 votos que le darían un escaño. En el mismo partido, pero en las antípodas de su carácter sanguíneo, se sitúa Ignacio García, un hombre prudente y honesto que procede de la rama cristiana y que posiblemente obtendrá un escaño en el Parlamento andaluz.

Los más sensatos de IU -que son el mencionado García; Antonio Roldán, el alcalde de Conil, y Manuel Cárdenas, regidor de Trebujena- saben que no pueden caer por el precipicio de sus camaradas sevillanos. Y por paradójico que parezca es esa misma actitud la que les ha llevado a no fulminar de su coalición a los tres concejales que apoyan al alcalde popular de Chiclana, Ernesto Marín, como hicieron con los tránsfugas de la Sierra. ¿Por qué? Porque además del rigor garantista que aplican a la militancia, aún confían en que los de Juan Pedro Butrón cambie de parecer y dejen caer al PP durante este mandato. Saben que Butrón es uno de esos hombres adictos a la política y que, pasados los cuatro años, si sigue al lado del PP, sí terminaría fuera de las siglas de IU, un sin techo ni paraguas con el que concurrir a unas nuevas elecciones municipales. La semana próxima la mesa antitransfuguismo de las Cortes analizará el caso de Chiclana, lo que sin duda va a servir para que el PSOE presione aún más a IU para resolver este conflicto.

Caso diferente es el de los andalucistas; nunca un partido tuvo una marca tan magnífica como la del PSA de 1977, pero como en el caso de la corona francesa, su declive tiene más que ver con sus propios errores que con los aciertos ajenos. Manuel Prado, que será cabeza de lista al Parlamento andaluz, es el único con posibilidades de salir, y eso si los otros no se huelen la falta del fosfato y lían la crisis antes del 9-M.

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