Ocultos entre la avenida y la playa

  • Mientras que afrontan una de sus últimas fases de reurbanización, las viviendas que aún quedan en Los Chinchorros soportan el ruido y la suciedad que provocan las obras de promociones cercanas

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En plena avenida de Ana de Viya, uno pasea rodeado de tiendas de ropa, restaurantes y un sinfín de establecimientos junto a grandes edificios, ejemplos de la ciudad más moderna. Sin embargo, nada puede hacerles pensar a muchos de estos viandantes que sólo a unos metros de esta estampa se encuentra un conjunto de viviendas que datan del siglo XIX, Los Chinchorros, y que a día de hoy, están sufriendo las molestias de una obra que invade todo a su alrededor.

Justo detrás del cementerio de San José se localizan unas casas antiguas cuyos habitantes se cuentan con los dedos de las manos. Y es que, mientras que el resto de gaditanos buscan un hueco libre donde establecer su residencia en una ciudad que se queda sin terreno, varios vecinos de Los Chinchorros tuvieron que abandonar sus casas debido al mal estado de la mayoría. Algunos se han quedado, y son éstos los que se encuentran actualmente en peor situación. La vida en un lugar a punto de desaparecer con el fin de homogeneizar su imagen con el resto de la ciudad no resulta del todo sencilla, y no hay más que fijarse en el acceso a Los Chinchorros y a cada una de las viviendas: toda una odisea que se asemeja al paisaje de un bosque frondoso. Las hierbas y maleza que surgen entre las pocas baldosas que quedan y los desperdicios que se arrinconan por las esquinas hacen de los accesos a las viviendas todo un problema, sobre todo si son personas mayores las que quieren entrar en sus casas.

A las siete y media de la mañana comienza la faena. Las maquinarias de la obra empiezan a trabajar a un ritmo constante. Los vecinos, estén o no de vacaciones, se despiertan con el ruido de la obra cada mañana. Y esto parece tener para largo.

Las preocupaciones de los inquilinos tratan sobre aspectos distintos, según se sitúen sus viviendas en un lugar u otro con respecto al solar de la obra. Así, mientras Manuel Saucio, uno de los veteranos de la zona, se queja del ruido constante que le atormenta cada jornada; otras vecinas como Cándida Burgos dudan sobre el tiempo que les quedará viviendo en sus casas, pues no saben si permanecerán allí o no mucho más.

Los servicios de limpieza parecen haberse olvidado de esta zona de la ciudad, según denuncian los propios residentes del vecindario. Así, Cándida se queja de que cerca de su vivienda se haya encontrado, más de una vez, desperdicios y gatos muertos. Además, los problemas van más allá de la contaminación acústica y la maleza pues también Burgos relata cómo su casa parece temblar en algunas ocasiones, y que incluso a una amiga se le derrumbó el techo de su vivienda como consecuencia de la obra y el estado en el que se encuentran las casas debido a los años de éstas.

Otros vecinos como Carmen Ruiz corren mejor suerte, pues sus viviendas se alejan un poco más del solar afectado por la construcción. Por este motivo, su preocupación es la suciedad y qué ocurrirá al final con su situación.

A la espera de que alguien les comunique qué va a suceder con sus hogares, esta humilde zona de Puertas de Tierra continúa con su vida y lleva como puede la molestia de un obra de tal magnitud como ésta.

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