"En España lo importante es calentar la silla y no hacer nada"

  • El presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios apuesta por cambiar la 'cultura de la presencia' por la 'cultura de la eficiencia' en los trabajos

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Ser economista, empresario y doctor en Ciencias de la Información le ha permitido analizar cómo los españoles distribuyen sus horas de trabajo. El presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios y su Normalización con los de los países de la UE, Ignacio Buqueras, propone un decálogo de actuación. Mañana a las doce y media participa en una jornada sobre Horarios Racionales en la facultad de Ciencias Económicas de la UCA.

-¿Cuáles son las claves que defiende la Comisión para la Racionalización de los Horarios?

-Apostamos por cuatro aspectos. Por un lado, dar valor al tiempo, cada día más escaso. El español medio no lo valora adecuadamente. En segundo lugar, en una sociedad tan competitiva y complicada como la actual, es fundamental gestionar bien el tiempo, es algo que se debería enseñar en las escuelas. El tercer aspecto importante que hemos comprobado es que la vida de la mayoría de los españoles gira alrededor del trabajo. Es cierto que muchos nos podemos realizar a través del trabajo, pero no es lo más importante en la vida. Por último, nos ocupamos no sólo de la jornada laboral sino de las 24 horas del día. Queremos recuperar la regla de los tres ochos, esto es, ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para el ocio y tareas personales. Toda jornada que se aleje mucho de este plan refleja que algo va mal.

-¿Cómo aplican los españoles toda esta teoría?

-Bastante mal. Además de no valorar el tiempo, el español medio lo gestiona de forma incorrecta. Es habitual que los españoles pasen mucho tiempo estresados y agobiados. Además, existe un alto nivel de impuntualidad. Todo esto hace perder mucho tiempo y a quienes denunciamos nosotros es precisamente a los ladrones del tiempo. Un dato: España es el país europeo en el que más reuniones se celebran al día y la gran mayoría no comienza a su hora. Además, no se fija cuándo deben finalizar, se convocan demasiadas y el puntual está penado. Con esto quiero decir que es muy habitual que se retrase porque aún no ha llegado alguien. Esto es totalmente tercermundista.

-¿Cuál es la solución?

-Para empezar, hay que cumplir y exigir puntualidad. Recuerdo que en una ocasión, cuando un alto cargo me citó para hablar precisamente de la administración del tiempo, pasados 15 minutos yo seguía esperando a que llegara. Le dije a su secretaria que me iba y me recibió de inmediato, pidiendo disculpas.

-Además de la puntualidad, ¿qué otras medidas pueden tomar las empresas?

-La sociedad del siglo XXI puede tener múltiples horarios. Defendemos la libertad y la flexibilidad en este aspecto, pero gran parte de la población podría moverse entre entrar a trabajar entre las 7.30 horas y 9 y acabar entre las 16.30 y 18 horas. Para comer no son necesarios más de entre 45 y 60 minutos, si se emplea más tiempo se retrasa la jornada de la tarde y se provoca que la gente no tenga intimidad.

-Se refiere a la añorada conciliación...

-Defendemos la conciliación personal, familiar y laboral, por este orden. Muchas personas viven solas y tienen el mismo derecho a tener tiempo libre. Si esto no se compagina bien el resto se perjudica, pues no tener una vida personal estable puede afectar a la vida laboral. Yo pongo en duda la rentabilidad de estas personas. Creo que sólo son rentables quienes están satisfechos en su trabajo y saben a qué hora entran y a qué hora salen.

-En algunas profesiones, como el periodismo, esto es complicado.

-Muchos periódicos europeos tienen su hora de cierre a las cinco de la tarde. A partir de esa hora trabaja un equipo de guardia. Sin embargo, en España lo importante es calentar la silla aunque no se haga nada; nosotros defendemos cambiar la cultura de la presencia por la cultura de la eficiencia, y en el siglo XXI hay que tender a la excelencia.

-¿Quién tiene la culpa del 'calentamiento de silla'?

-Todos, tanto los que hacen esperar como los trabajadores que, como borregos, permiten que se juegue con su tiempo. A los jefes hay que ponerles las pilas.

-¿No suena un poco utópico?

-Las cosas se consiguen dialogando. Hay cientos de empresas que actualmente se están planteando este asunto y están racionalizando el horario. También es cierto que muchos jefes alargan las jornadas porque ellos mismos no saben qué hacer en su tiempo libre, pero no se puede consentir que obliguen al resto. Recibimos muchos comentarios sobre esto y tengo que decir que desde los medios de comunicación muchas veces se ha elogiado a un empleado por trabajar once horas al día. El mismo hecho se critica desde el extranjero, pues se entiende que es ineficaz al necesitar 11 horas para hacer el trabajo.

-¿Cómo afecta a los empleados dedicar tantas horas al trabajo?

-España es líder en Europa en siniestralidad laboral. Los españoles descansan una media de 50 minutos menos que el resto, lo que provoca más siniestralidad, accidentes en carretera y afecta a la producción. Además, las televisiones ofrecen una programación que incita a retrasar el sueño.

-Las mujeres, ¿son las grandes perdedoras en todo este asunto?

-La no racionalización de los horarios perjudica a todo el mundo, pero las mujeres son las grandes perjudicadas. Los horarios españoles son machistas porque presuponen un reparto de tareas ya antiguo. Ahora son padre y madre quienes salen temprano a trabajar y en la mayoría de los casos no vuelven hasta las ocho. Por ello, no se puede dar por hecho que sigue siendo la mujer quien se responsabiliza de la casa e hijos. Es evidente que los horarios ya no sirven. El hombre debe coparticipar con la mujer en las tareas de la educación de los hijos y en las tareas domésticas.

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