Diálogo abierto del optimista Mario y el pesimista Iñaki

  • El ex presidente de la República portuguesa y el periodista protagonizan en el Oratorio de San Felipe Neri un debate sobre la libertad y los peligros que la acechan

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La libertad está en peligro siempre, decía el veterano y prestigioso periodista vasco, pero siempre habrá una persona para salvarla, contraponía el curtido e ilustre político portugués. Iñaki Gabilondo y Mario Soares protagonizaron ayer en el Oratorio de San Felipe Neri el segundo Diálogo en Libertad, que organizan la Asociación de la Prensa de Cádiz, el Consorcio del Bicentenario y la Cadena Ser. Un Oratorio con mucha más gente que en misa acogió el encuentro entre las dos personalidades, que fueron presentados por el jefe de los servicios informativos de la Cadena Ser en Andalucía, Antonio Yélamo. La cita de altísimo nivel llevó a la iglesia de la calle Santa Inés a muchas personas, mucha prensa y muchos políticos.

Mario Soares, que fue primer ministro y presidente de la República portuguesa, que protagonizó en primera persona la Revolución de los Claveles y ha sido "estudioso y escritor" sobre la Constitución de Cádiz, empezó declarándose "republicano, socialista y laico", quizá para no llamar a engaño sobre su presencia en una iglesia, sobre la que dijo por otra parte que le había impresionado. Desde el principio, empezó a desgranar su optimismo, que debe ir en el mismo paquete de las tres características de su personalidad citadas antes. Y así comparó lo que era la situación cerrada de su país durante la dictadura y la actual, abierta a Europa y "solidaria con España".

Gabilondo puso la primera duda de la mañana al recordar cómo los diputados reunidos hace dos siglos en este mismo lugar "no se imaginaban lo que les vendría encima después", las represiones y las persecuciones que tendría que soportar la libertad. "Igual, mis jóvenes compañeros creen ahora que la libertad no se puede perder, pero yo creo que siempre hay por ahí escondidos fernandoséptimos, hijos de San Luis" y otros peligros. El periodista piensa que la celebración del Bicentenario en Cádiz debe servir para reflexionar sobre estos peligros y sobre una realidad: "La actual democracia está envejeciendo" y separándose de los jóvenes, los partidos están anticuados y "por encima de los que la gente elija están las nubes colosales de los poderes financieros sin control de nadie".

Soares pareció seguir esta argumentación del periodista cuando criticó el neoliberalismo que "está llevando a la propia América, el gran líder a una gran crisis, en la que hay incluso necesidad de alimentos para muchos". Pero su natural esperanzado le salió por los poros: "Estoy convencido de que estamos llegando a un punto de inflexión en que la cosa estará tan grave (crisis financiera, carestía alimentaria...) que el mundo va a reaccionar". Y consideró como buen síntoma el hecho de que en Estados Unidos por primera vez pueda haber un presidente negro. "Obama trae ideas claras y generosas de cara al futuro". "Claro que también puede ser asesinado, como otros que le precedieron", se le escapó.

Iñaki insistió en sus dudas sobre la capacidad de "las herramientas de la democracia actual para lidiar con los fenómenos nuevos que trae la globalización", y alertó a reflexionar sobre "el anquilosamiento de los partidos políticos". Mario abundó en esos peligros, y añadió el de los medios de comunicación, "cada vez más concentrados en grupos muy poderosos", para señalar la contradicción de que la prensa "que fue uno de los primeros instrumentos de la libertad, pueda ponerla en peligro ahora" al defender sus intereses o empeñarse en "desprestigiar a los políticos".

Pero el portugués volvió a levantar el ánimo al destacar que la gente se está buscando sus propios medios: internet, los móviles, y "sin recurrir a la violencia". Por si hubiera dudas, se arrancó con un credo, pese a declararse agnóstico: "Creo firmemente en el progreso y en la condición humana, pese a ser agnóstico. Creo en que los hombres saben distinguir entre el bien y el mal y en que normalmente escogen el bien, por motivos de conciencia. Los políticos deberían ser esos hombres, y si no, ser sustituidos".

Desgranó ejemplos prácticos como pilares de su optimismo, precisamente en América Latina: los gobiernos progresistas de Brasil, Venezuela (pese a "los ataques de la prensa europea"), Bolivia o Paraguay. Y confió en el papel importante de la Península Ibérica en esta nueva fase americana. Gabilondo aseguró que España suele quedarse en la retórica al relacionarse con América, e insistió en el retrato en negro: "Me irrita que no se intente buscar respuestas a los retos". Pero la mayor crítica la dirigió precisamente contra buena parte del periodismo actual: "En vez de preguntarse qué vamos a contar, los medios de hoy se preocupan más de contar el número de sus lectores o espectadores, la lógica industrial se ha impuesto a la de la comunicación". Y arremetió contra algunos colegas que se empeñan en "sustituir a los poderes democráticos".

La cosa no podía terminar así, y el viejo político (en el mejor sentido de la expresión) portugués puso el final feliz asegurando: "Desde siempre, el hombre no ha dejado de resolver problemas y siempre habrá personas que sepan resolverlos. No tengo ninguna duda".

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