"Cádiz, ciudad inexpugnable, era un sitio ideal para proteger al Rey"

  • Enrique Rúspoli, descendiente de Godoy, ofreció una conferencia en el Casino

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Manuel Godoy, aquel ministro del rey Carlos IV en una convulsa España de preguerra de la Independencia y acusado de entregar el país a los franceses, tuvo, a pesar de su defensa de la monarquía, ideas liberales que luego se reflejaron en la Constitución de Cádiz de 1812. Así lo expuso ayer en el Casino Gaditano un descendiente director de Godoy, Enrique Rúspoli y Morenés, que ofreció una conferencia en torno al liberalismo preconstitucional del que fue llamado 'Príncipe de la Paz'. Rúspoli, Conde de Bañares y descendiente también de la condesa de Chinchón y del infante Don Luis, fue invitado por la Fundación Centro de Estudios Constitucionales 1812.

Rúspoli destacó que la acción política de Godoy no tuvo reflejo en La Pepa al acabar su mandato -derrocado por el motín de Aranjuez- en 1808, pero sí aspectos como la necesidad de difundir la propiedad privada y liberar las propiedades "en manos muertas", disolviéndolas o desamortizándolas en parte como fue el caso de las de la Iglesia. Esas decisiones le acarrearon la enemistad del clero y la nobleza, desencadenando su final en los sucesos de Aranjuez.

El conde de Bañares hizo hincapié en la aportación a la cultura de España realizada por Godoy. "Aunque es una figura desvalorizada, se le debe mucho en el aspecto cultural. Protegió la cultura y conocida es su relación estrecha con Jovellanos o Moratín", explicó Rúspoli. Como descendiente, el conferenciante intenta limpiar la imagen negativa de Godoy "que no es tan radical entre los círculos académicos, que entienden su aportación". A juicio de Enrique Rúspoli, Godoy "fue un chivo expiatorio que no pudo defenderse al encontrarse en el exilio".

Buscando una relación con este rincón del sur, el conde recordó el proyecto que el ministro tenía para trasladar a la familia real española a Sevilla y Cádiz con la idea de protegerla de las tropas napoléonicas. "Cádiz era inexpugnable como luego se demostró en el fallido asedio francés, de ahí que hubiera sido un lugar idóneo para proteger al rey y su corte", señaló.

Con el bicentenario de la Constitución de 1812 a dos años vista, Rúspoli, desde fuera y en su papel de historiador, admite que desconoce el programa pensado para la efeméride, aunque remarca que "cualquier cosa que se haga será buena y se espera que todo salga bien. Es un acontecimiento de carácter mundial por lo que supuso para otras constituciones y se espera con mucha expectación". Rúspoli manifestó que La Pepa "fue una respuesta sorprendente en mitad de un momento político muy complicado. Aunque muchos de sus aspectos no se pudieran aplicar, quedó su espíritu".

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