Más de un millar de niños andaluces necesitan una familia de acogida

  • El 72% de los menores tutelados por la Junta han sufrido una experiencia de maltrato · Los adolescentes y los discapacitados tienen mayor dificultad para encontrar un entorno familiar

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Alrededor de 5.000 andaluces menores de edad tuvieron que salir de un hogar desestructurado, y actualmente han retomado una vida normalizada en el seno de una familia que les ha aportado un lugar seguro donde crecer. Pero más de 1.100 niños y adolescentes, 346 de ellos menores de seis años, esperan mientras tanto en los centros residenciales correr la misma suerte y reintegrarse en una familia. El tiempo medio de estancia de los menores en desamparo en estos centros de protección antes de encontrar un hogar de acogida va de seis meses a año y medio.

El objetivo de la Dirección General de Infancia, dependiente de la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social, es que los niños de entre cero y dos años que han tenido que ser separados de su familia biológica pasen directamente a una familia, unos padres temporales, para que no tengan así que vivir su infancia en un centro de menores. Carmen Belinchón, la directora General de Infancia y Familia, considera viable esta meta. Apela a un espíritu, "el de puertas abiertas que tienen muchas familias andaluzas", y recuerda un dato: en 1996 eran 10.000 los niños que vivían en residencias, hoy son 3.100, pero en esta última cifra se incluyen también los menores inmigrantes que han llegado solos a la comunidad.

Lo cierto es que a finales de 2007 eran casi 200 los menores de tres años tutelados por la Junta y que crecen fuera de un entorno familiar. Hacia estos casos se dirigen, fundamentalmente, las llamadas familias de urgencia, unos 20 hogares distribuidos en las ocho provincias que se han comprometido a tener una disponibilidad de 24 horas y a tener todo listo para acoger durante un máximo de un año en su casa a un niño menor de seis años que ha perdido su familia biológica. Ésta es una de las modalidades que existen para la acogida, destinada a todo tipo de familias (desde las tradicionales a las monoparentales y las homoparentales). Otra fórmula es la acogida simple, la estancia es relativamente corta, o la permanente, el niño continúa con sus padres de acogida hasta que la Junta estima recuperada a su familia biológica, lo que llega a ocurrir en el 15% de los casos.

Las estadísticas dicen que un tercio de los menores considerados en desamparo tienen menos de cinco años, el 72% de ellos ha sufrido un maltrato, en la mayoría de los casos psicológicos, y el 63% ya tenía un hermano en acogimiento familiar.

Pero las cifras también pueden ocultar una realidad, el problema que encuentran los adolescentes, los grupos de hermanos o los niños con discapacidad para conseguir un hogar de acogedores. "Cuando un menor no pasa a una familia de acogida es porque verdaderamente no la tenemos para ellos", reconoce la directora general de Infancia.

Para Belinchón, "lo más importante de un hogar acogedor no son sus recursos económicos, lo más importante es su voluntad, su solidaridad y la capacidad para acompañar a unos niños en su crecimiento durante un tiempo determinado". Sobre lo que requiere el menor de estos padres temporales: "cariño y estabilidad", y la recompensa es mutua: "no es sólo lo que los acogedores pueden aportar al menor, es también lo que el niño puede darles a estas familias".

El perfil de los acogedores suele ser el de una pareja casada, de unos 45 años, en muchos casos con hijos biológicos. Pero también son muchos los casos de abuelas o tíos que se hacen cargo de un familiar. Es la llamada acogida en familia extensa, que evita que el niño crezca alejado de sus parientes y que representa un 85% de los casos.

85%

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