Los históricos del PA convocan una cumbre para salvar al partido

  • Rojas Marcos, Julián Álvarez y los ex secretarios generales pretenden reunir a 50 cargos y antiguos responsables · La conveniencia de tres candidaturas será objeto de debate

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¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Las tres interrogantes de la filosofìa de todos los tiempos describen los objetivos de la cumbre que el próximo martes celebrarán en Sevilla medio centenar de actuales y antiguos responsables orgánicos, públicos e institucionales del Partido Andalucista (PA).

Convocados de común acuerdo por el secretario general saliente de la formación, Julián Álvarez, y un grupo de barones formado por el fundador del partido, Alejandro Rojas Marcos, y la mayoría de los antecesores de Álvarez, la cita tiene por objetivo analizar la estrepitosa derrota electoral del pasado 9 de marzo y reflexionar sobre la conveniencia de que al congreso extraordinario del mes de junio se presenten tres candidaturas, las encabezadas por Pilar González, ex portavoz parlamentaria; Manuel de Bernardo, alcalde de San Fernando; y Francisco Jiménez, alcalde de Utrera.

El punto de partida del cónclave es la necesidad de que Andalucía cuente con un partido nacionalista fuerte bajo el convencimiento de que existe un poso social y electoral lo suficientemente amplio como para recuperar la representación que los andalucistas tenían hasta hace bien poco en ayuntamientos, en el Parlamento autonómico e, incluso, en el Congreso de los Diputados.

Álvarez se reunió el pasado 9 de marzo en Sevilla con un grupo de notables del partido para pedirles su opinión acerca del futuro de la formación, según han informado varias fuentes andalucistas. A esa cita asistieron Rojas Marcos junto a otros históricos, como Diego de los Santos, Miguel Ángel Arredonda y Luis Uruñuela. También estuvo presente Antonia Agudo, vicesecretaria de Relaciones con la Sociedad, junto a Pilar González y Manuel Prados, estos últimos en calidad de responsables de las comisiones que analizan las causas de la debacle en las urnas y el posible proceso de unificación con otras formaciones andalucistas, principalmente, el PSA. A la convocatoria también fue invitado Antonio Ortega, ex secretario general, quien no pudo desplazarse hasta Sevilla a causa del fuerte temporal.

Fue en esa reunión, según las mismas fuentes, en la que se acordó convocar la cita del martes próximo para hacer un llamamiento a la cohesión interna. A la cumbre están llamados alcaldes, ex alcaldes, concejales y ex diputados en el Parlamento andaluz, el Congreso y en el Parlamento europeo.

Aunque la previsión cuando se convocó la reunión era que Julián Álvarez optase nuevamente a la secretaría general como único aspirante, la situación ha dado un giro y el panorama es bien distinto. En sus escasas comparecencias ante la prensa inmediatamente después del 9-M, Álvarez se negó a asumir como propia una derrota electoral que ha dejado al PA sin representación alguna en el Parlamento de Andalucía y mostró su intención de mantenerse en el cargo con el fin de seguir con su "proyecto", la coincidencia del andalucismo bajo unas mismas siglas, pero sus planes se han venido abajo tras comprobar que muchos de quienes le respaldaron cuatro años atrás, cuando llegó al liderazgo del partido, le han retirado su apoyo. La presentación de las tres candidaturas citadas, con los avales correspondientes de miembros del Comité Nacional Andalucista (CNA), así lo confirman.

Todos los dirigentes y ex dirigentes consultados coinciden en que el partido ha tocado fondo y que hay que hablar de unidad. "Si en el congreso hay una sola lista será mejor que si hay dos o tres", apunta en dicho sentido uno esos antiguos responsables. "Lo mejor sería hacer una pira para que todos los que hemos tenido alguna responsabilidad en el partido ardamos en ella", apostilla con ironía otro dirigente.

El panorama es aún más complejo si se tienen en cuenta los problemas financieros a los que debe hacer frente el PA. La situación, y en eso vuelven a coincidir las fuentes, se ha agravado tras quedar sin representación en el Parlamento, ya que las asignaciones que reciben los grupos políticos con representación les sirven de sostén para otras actividades.

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