El 'cuervo calvo' vuelve a la cálida Iberia

  • La Pequeña Edad del Hielo desterró hace cinco siglos al ibis eremita, que ahora nidifica en Cádiz

Hasta los años 90 del siglo pasado, en la Península Ibérica sólo había constancia de ibis eremitas (Geronticus eremita) en libertad en los apuntes de un reducido grupo de expertos, el cuaderno de campo de algún coleccionista de raros avistamientos ornitológicos y en los manuales de altanería del XVI. En el Libro de Acetrería y Montería de Juan Valles (1556), el "cuervo calvo", que así se le llamaba entonces, se cita este ave como pieza de caza habitual, se supone que abundante, parecida por costumbres de vuelo y técnica de presa a garzas, grullas y cigüeñas. Sin embargo, poco después esta especie desapareció de la faz de la antigua Iberia.

Sólo el tenaz esfuerzo de un equipo de especialistas, de cuatro organismos públicos y del Zoobotánico de Jerez han conseguido, más de 450 años después, que el ibis eremita vuelva a nidificar en el Sur de Europa, concretamente en la Sierra barbateña de El Retín, en Cádiz. Recientemente salieron del zoo jerezano hacia aquel lugar los últimos 20 pollos nacidos en cautividad que formarán parte de esta colonia fundacional.

Pero, ¿qué fue lo que la hizo desaparecer de estas tierras? Conviene saber que el eremita tiene predilección por las zonas áridas y semiáridas, que prefiere el calor al frío y las estepas y pastizales cortos a los montes cerrados de vegetación y maleza. Y también, que entre el siglo XIV y mediados del XIX, se produjo en todo el hemisferio norte una pequeña Edad del Hielo, que estuvo precedida por una época especialmente calurosa, explica Íñigo Sánchez, conservador del Zoobotánico de Jerez. O sea, que cuando comenzó a bajar la temperatura y a llover con más frecuencia, el ibis eremita abandonó Europa y emigró a lugares más cálidos. Así, cruzó el Estrecho de Gibraltar y estableció en el norte de África varias colonias de las que sólo sobrevive una en Marruecos, con apenas 250 ejemplares censados. De las estepas centroeuropeas llegó a Turquía, donde desapareció definitivamente en 1989. Poco después, el Grupo Internacional de Expertos del Ibis Eremita daba la voz de alarma y en 1999 planteaba la urgente necesidad de estudiar los métodos de suelta.

A este declive que ha colocado a la especie en situación crítica -el 96% de la población mundial se extinguió en los últimos 80 años- contribuyó decisivamente el deterioro acelerado de su hábitat, sobre todo a causa del crecimiento imparable de la agricultura intensiva, la contaminación por uso de pesticidas y la persecución directa. Ante este desastroso panorama, la población salvaje mundial del ibis religioso de los antiguos egipcios la completan hoy sólo tres individuos que sobreviven en la región de Palmira, en Siria. A estos se sumarán los que nazcan de las parejas de la colonia del campo de adiestramiento de la Armada en Barbate.

La mayor parte de ellos son hijos jerezanos de los ejemplares llegados en los años 90 de varios zoológicos europeos (Zúrich, Innsbruck y Viena). El Zoobotánico jerezano se había adscrito al Programa de Cría en Cautividad que estaba impulsando la Federación Europea de Zoos, recuerda Íñigo Sánchez. De que estuvieran cómodos se encargó Olegario del Junco, un reputado arquitecto que fue presidente de la Sociedad Española de Ornitología (SEO). Diseñó un amplio aviario y, dentro, reprodujo un cantil, como en los que suele anidar este ave en libertad. A los eremitas austriacos y suizos se unieron otros franceses del zoo de Doué la Fontaine, del británico de Chester y del húngaro de Budapest, entre otros. "Con 40 ejemplares, conseguimos el mayor grupo de ibis eremita del mundo, el de mayor diversidad genética y el mejor controlado desde el punto de vista sanitario", añade Sánchez.

Ése fue el germen del Proyecto Eremita, que impulsan desde 2003 el zoo jerezano y la Consejería de Medio Ambiente, y que coordina el veterinario Miguel Ángel Quevedo. El Ministerio de Defensa cedería después sus terrenos. El objetivo: conseguir una población silvestre autosuficiente. Para ello cuentan con el asesoramiento experto de la Estación Biológica de Doñana, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Ese mismo año se inició la primera fase, consistente en comprobar si el hábitat elegido sería el propicio para la reproducción de la especie. En 2004 se soltaron los primeros pollos y en 2007, los penúltimos, hasta un total de 109.

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