La caída del Yeyo a un paso de la gloria

  • Sergio Mora, condenado por tráfico de drogas e imputado en al menos otras tres causas, entró en la cárcel poco antes de presentarse al Campeonato Mundial de la Fórmula Uno del mar

Posaba alzando una copa tras colocarse como líder del Campeonato del Mundo de Class-3 al ganar la segunda prueba de la competición celebrada en Abu Dhabi. Era enero de 2009 y a Sergio Mora Carrasco, más conocido como el Yeyo, con una muy buena posición en la clasificación general, le quedaban poco más de tres meses para dar el gran salto al Mundial de Class-1, la fórmula 1 del Mar.

Sergio se sentía vencedor y casi olía el triunfo. Sería el primer español en participar en esta competición y una empresa americana le construía entonces una embarcación a medida (14 metros de esloras y fibra de carbono) tal y como él la había diseñado.

Pero en enero de 2009, los movimientos del Yeyo estaban absolutamente fiscalizados en varios frentes: un juzgado de Moguer (en el que se robó un sumario de un asunto de narcotráfico en el que está imputado), otro de Huelva (por un caso de corrupción policial que lleva su marca) y también desde la Agencia Tributaria, que conocía ya sus cuentas bancarias y parte de su patrimonio y acaba de desbaratar la red con la que presuntamente blanqueaba el dinero procedente del narcotráfico (se han intervenido propiedades y bienes por valor de 10 millones de euros).

Sergio Mora sólo rozó con la punta de los dedos el sueño de la Fórmula 1 del Mar. Su primer juicio por tráfico de drogas (600 kilos de hachís) lo llevó de cabeza a la cárcel antes del verano. Se encuentra cumpliendo su primera condena (firme) de cuatro años de internamiento, otra por cumplir de siete años de prisión que ha recurrido y tiene en puertas un rosario de juicios.

Con apenas 33 años, el Yeyo se ha hecho con un patrimonio que puede doblar (y más) lo que hasta el momento ha intervenido la Agencia Tributaria a fuerza de introducirse (primero) y controlar (después) supuestamente el mercado de la droga en la provincia, sobrepasando a gran distancia y en pocos años a algunos de los clanes familiares que surten los supermercados de la droga en Huelva. Como en una carrera en el mar.

Dicen de él que es un comercial nato, que nació para los negocios (y optó por el camino más corto), buen relaciones publicas y que su trato se mueve entre la chulería y la corrección en las formas. Según el interlocutor.

Sergio ha ido subiendo en el submundo del tráfico de drogas. Fuentes consultadas por este diario explicaron que se codeó con narcos ya posicionados y logró entrar en contacto con importantes traficantes de Marruecos que necesitaban una infraestructura para colar envíos.

Y tiene una baza personal complementaria que lo diferencia de otros condenados por mercadear con estupefacientes: el Yeyo no está enganchado a ninguna droga y ha logrado mantener el control y la cabeza bien amueblada.

Al igual que destapó la Agencia Tributaria, al confirmar que la red de blanqueo de capitales utilizaba testaferros, se ha rodeado de una red de colaboradores mientras él permanecía en la sombra. Las luchas que ha tenido que superar han sido siempre intestinas, de algún segundo con el que se ha producido una ruptura y ha montado el negocio por su cuenta.

Los tentáculos del Yeyo han llegado al corazón mismo de las Fuerzas de Seguridad. La fortuna que ha ido amasando le ha permitido comprar voluntades hasta en la Policía Antidroga y en la Guardia Civil, además de en otros estamentos.

Y han sido precisamente esos lazos comerciales lo que, en más de una ocasión, se le han vuelto en contra. Más de uno de los temas que tiene pendientes en los tribunales han estallado porque Asuntos Internos, en uno u otro cuerpo policial, han seguido la pista a los suyos y la tormenta ha alcanzado al Yeyo. Él estaba en el centro.

Una de las primeras grandes adquisiciones que se le conoce es el chalé que se compró en la Dehesa Golf, registrado en su día por la Policía Nacional, una residencia que custodiaban ciudadanos rusos (echa mano de personas del Este para su seguridad) y con un fuerte dispositivo de seguridad (cámaras incluidas), en la que se intervino una ametralladora con silenciador. Y luego se sumarían las fincas de Beas, El Rocío, el chalé de La Orden, el de la Marina del Rompido... Y la larga lista de propiedades intervenidas judicialmente en la última operación de la Agencia Tributaria.

Sergio Mora parece tener una capacidad camaleónica para no destacar más allá de lo oportuno (dicen que tiene buenos asesores). Internado en el módulo de preventivos del centro penitenciario de Huelva, colabora como uno más en las actividades y no suele hacer gala de ropa que no esté a tono con su destino. Discreto.

El Yeyo no hace notar la posición que tiene en la calle ni su poder adquisitivo, salvo por algún detalle: no es raro que invite a café o a tabaco a algunos de los internos con los que comparte módulo que no tienen para costeárselo. En la cárcel no ha olvidado dos de sus grandes aficiones: la primera, el deporte (no pierde ocasión para entrenar) y el mundo del mar. En sus peticiones de libros a la biblioteca, solicita textos relacionados con los motores y el mar y de entretenimiento.

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