Miradores para el control de aves

  • La Estación Biológica de Doñana promueve una red europea para seguir las modificaciones en las rutas de especies migratorias por causas del clima

El investigador Miguel Ferrer, de la Estación Biológica de Doñana, trabaja para desarrollar una red de miradores en el continente europeo desde los que monitorizar los cambios registrados en el comportamiento de las aves migratorias. Esta idea surgió a raiz de la elaboración de un estudio pormenorizado acerca de los efectos del cambio climático en las variedades errantes y la conservación de estas especies con el que ha quedado demostrado que el calentamiento global está propiciando la modificación de las rutas tomadas por estos animales.

En el diseño propuesto por Ferrer, las torres de vigilancia se ubicarían en puntos estratégicos como el Estrecho de Gibraltar, Fair Isle (Escocia), Texel (Holanda), Falsterbö (Suecia), el Estrecho de Messina (Italia) y Elat (Israel) y desde ellas se supervisarían tanto las nuevas conductas de las especies errantes como las tendencias de desaparición de estas aves en el continente. Ferrer recomienda centrar la atención en las especias que están sometidas a variables biológicas críticas y sobre las que es difícil realizar un seguimiento, especialmennte las aves marinas y las de rapiña.

Y es que la comunidad científica considera ya probado que el cambio climático está propiciando cambios en el comportamiento de las aves migratorias, que han adelantado su habitual traslado primaveral y, al mismo tiempo, han retrasado su marcha en otoño, prolongando, así, su estancia en las zonas de cría europeas. Incluso se catalogan variedades que han interrumpido totalmente sus viajes hacia tierras más cálidas, como son la cigüeña o las águilas calzada y culebrera, que anidan en el sur de España durante todo el año.

Estas alteraciones en el ecosistema pueden ser neutrales o beneficiar a las poblaciones, sentencia Ferrer. No obstante, también provocan efectos dañinos. Se cree que algunos de los perjuicios más preocupantes estarán vinculados a la disponibilidad de alimentos en el terreno o al descenso poblacional de las especies, cuya cría se verá afectada como causa de los nuevos periodos de traslado adoptados por las aves.

Un ejemplo de esto lo constituye el cernícalo primilla, un rapaz que cría en ambientes urbanos y que se encuentra en peligro de extinción.

Está comprobada la creciente merma de algunos grupos migratorios debido a las bajas que provocan las tormentas y huracanes que acontecen en algunos puntos de sus nuevos recorridos y "que son consecuencia directa del cambio climático", aclara Ferrer. Es más, se estima que la permanencia aislada de un grupo reducido de aves de una misma especie en territorios ajenos a ellas puede derivar en cambios genéticos, "verdadero origen de la biodiversidad".

Pero no sólo las inclemencias del tiempo actúan en contra de estas variedades, algunas medidas tomadas para combatir las consecuencias del cambio climático, como la instalación de parques eólicos, pueden tener un impacto negativo. Su incorrecta ubicación en las principales rutas migratorias acarrean la desaparición de muchos ejemplares.

Miguel Ferrer se decanta, además de por las torretas de vigilancia, por la creación de nuevas políticas pues, según afirma, "las vigentes -basadas en la creación de parques naturales- no son suficientes porque el movimiento de las especies ha provocado la reducción de su eficacia". Para el investigador, las normas deben continuar repararando en la conservación de especies, pero también en el estudio de los cambios surgidos en los últimos tiempos.

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