Una EPA que no va a gustar a nadie

  • Durante la pasada legislatura se crearon en Andalucía 545.000 empleos. Aunque la destrucción parece que ha cesado, ¿dónde hallaremos otra vez ese medio millón?

Durante la legislatura pasada, la burbuja inmobiliaria rozó su volumen insostenible. Las viviendas, tradicionales moradas del hogar, se convirtieron en objetos de inversión y cada ladrillo cotizaba en las bolsas como si fuera un lingote de oro. La construcción agrandó su condición de sector y se materializó en una monumental industria tractora: cementeras, maquinarias, ladrillos, albañiles, fontaneros, yeseros, tejeros, carpinteros, decoradores, inmobiliarias... Los pueblos andaluces del PER se llenaron de chavales que hacían ostentación de su riqueza temporera sentados en Audis tuneados mientras los otros ricos embelesaban a los directores de bancos y cajas con aquellos suelos que rozaban los cielos.

Y se produjo: entre los años 2004 y 2008, la economía andaluza creó 545.200 empleos. Sí, 545.200 empleos en sólo cuatro años, una cifra bestial y suficiente para dar trabajo tanto a quienes lo perdían como a los que se incorporaban al mercado laboral, de tal modo que la tasa de paro bajó del 18,4% al 12% en determinados momentos. Porque a ello vamos: la creación de empleo no siempre lleva al descenso neto del paro. En ese cuatrienio sí.

Hay que observar la Encuesta de Población Activa (EPA) de este primer trimestre de 2010. En Andalucía, el paro subió en 46.800 personas, pero de éstas, 44.500 fueron nuevas incorporaciones, de lo que cabe deducir que la destrucción de empleo neta fue de 2.300. Es posible que si las lluvias de enero y febrero no hubieran llegado a la categoría de inundaciones, se hubiese creado empleo: el agua paró muchas obras públicas e impidió el acceso a campos de cultivos donde había bastante faena. Pero, incluso en ese caso, el paro habría seguido creciendo, porque la economía andaluza aún no es capaz de generar trabajo para los 44.500 nuevos activos que se incorporaron al mercado laboral. Es lo que pasó en el último trimestre del año 2009: subió el paro, aunque se creasen 9.200 empleos de modo neto. El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, mantuvo el jueves en el Parlamento que en los últimos seis meses se creó empleo en Andalucía. Bueno, en el último trimestre no; en el conjunto del semestre sí, aunque de no producirse las inundaciones posiblemente podríamos hablar claramente de que se ha alcanzado un punto de inflexión.

Es más, aun a riesgo de lo que ocurra el martes, es casi seguro que el dato del Inem del mes de abril en Andalucía indicará un descenso del paro en muchas provincias: había muchas obras paradas por la lluvia.

A todos los expertos le asombra que en Andalucía siga aumentando la población activa (la gente con más de 16 años con ganas de trabajar), porque las escasas oportunidades de hallar un puesto de trabajo debería llevar al desincentivo. Por eso es más que posible que la tasa de desempleo en Andalucía alcance el 30%, como ya ha ocurrido este trimestre en Cádiz y Málaga. Lo anunció el anterior consejero de Empleo, Antonio Fernández, en las Navidades del año 2008.

Ahora bien: aunque se comience a crear empleo, faltaran muchos meses para que la economía andaluza sea capaz de reducir el paro de modo global. Y años, se habla de 2013 o 2014, para retornar a cifras de antes del estallido de la burbuja. Y es que desde ese último trimestre de 2007, cuando la crisis inmobiliaria aún parecía un simple parón, se han destruido 329.700 empleos. Y en la comunidad ya hay 1.080.900 desempleados. ¿En qué sectores encontramos los 545.000 empleos de la legislatura pasada? Éste es el asunto sustancial: ¿dónde hay medio millón de puestos de trabajo? La Junta responde: cuando el dinero comience a fluir, en el sector agroalimentario, en el aeronáutico, en un turismo que debe mejorar e, incluso, en un nuevo tipo de construcción. Pues ésa es la nuez de la crisis: que no sólo se necesita una reactivación económica, sino un tejido productivo que -diríamos- habría que inventar, porque, en Andalucía, la pasada legislatura, como las dos anteriores, fueron excepciones.

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