Andalucía alcanzará en 2014 la esperanza de vida media estatal

  • Un informe sobre desigualdades y salud destaca el peso del factor económico en el bienestar de los ciudadanos · Pide a la Junta intervenciones contundentes

Para saber que los pobres viven peor y se mueren antes que los ricos no hace falta ningún informe. Basta con abrir el periódico de hoy y mirar las fotos de Myanmar. Sin embargo, si en un país desarrollado, con uno de los mejores sistemas sanitarios del planeta y con 30 años de democracia, como España, persisten las desigualdades, los informes son, entonces, imprescindibles. Porque algo está fallando. Nacer en Andalucía supone cargar con la perspectiva de morir dos años y medio antes que si se hubiese nacido en Navarra, la comunidad con mejores indicadores del país. El peso de las desigualdades económicas es tal que, si no cambia la tendencia, "Andalucía no alcanzará la esperanza de vida que se disfruta ya en España hasta el año 2014 y no alcanzará la de Navarra hasta 2020". Esta cita procede del Indesan, un informe sobre desigualdades en salud en la comunidad autónoma, elaborado por un panel de expertos bajo los auspicios de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Andalucía, que fue presentado ayer.

Según el catedrático de Salud Pública de la Universidad de Alicante Carlos Álvarez-Dardet, que presentó este documento, la corrección de esas desigualdades, en lo referente a la salud, debe contar con dos clases de instrumentos ejecutivos: "Los relacionados con la distribución de la renta y los vinculados a la dotación de los servicios". "En el primer caso, en España hace tiempo que la fiscalidad dejó de ser progresiva: el 80% de la recaudación de impuestos es IVA y eso significa que paga igual todo el mundo, también los pobres, no sólo los que más tienen", dijo Álvarez-Dardet. Respecto a los servicios, "el informe Indesan no le dice a la Consejería de Salud dónde o cómo tiene que gastar dos o doscientos euros, pero sí recordamos que la sanidad pública tiene un papel fundamental en el abordaje de estas desigualdades".

Andalucía experimenta un retraso de seis años en la mejora de la esperanza de vida de sus ciudadanos. Suele explicarse este desfase, con todo lo que supone, apelando al retraso social y económico del que se parte históricamente. Y cabe equilibrar esta apreciación señalando, también, que ya han pasado más de dos décadas desde que Andalucía puede dotarse de herramientas para resolver la situación.

En una paradoja aparente, el informe detecta una menor mortalidad en las áreas rurales y montañosas (más frecuentes en las comarcas de Andalucía Oriental) que en los entornos urbanos, asentados habitualmente sobre llanuras costeras y fluviales (más numerosos en la Baja Andalucía): al final, parece que quedarse en el pueblo es resisitir mejor.

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