Tres intentos, ocho meses y un funeral

  • Tras unos tortuosos papeleos, familiares, amigos y vecinos dan su último adiós a Seddik Gnaouat, uno de los trece marroquíes que perdieron la vida en una patera que naufragó frente a Cabo Trafalgar en enero

El entierro en Haouafat (Marruecos) de una de las 13 personas de esa nacionalidad que se ahogaron entre diciembre y enero pasados frente a Cabo Trafalgar, en Barbate, recordó la noche del jueves a familiares, amigos y vecinos la consecuencia más amarga de arriesgar la vida cruzando el Estrecho de Gibraltar en patera, en busca de un futuro mejor en la otra orilla.

La llegada del cadáver de Seddik Gnaouat a su localidad natal se produjo hacia las 20:00 horas del jueves tras un viaje iniciado al principio de la tarde desde Tarifa hasta Tánger y que continuó en la ambulancia de una funeraria española encargada de su traslado.

De 35 años, casado y con tres hijos de entre cuatro y dos meses y medio, Gnaouat fue sólo una de las trece personas que se ahogaron cerca de Barbate y que habían llegado a bordo de dos pateras en las que viajaban más de una treintena de personas. "No estábamos al tanto de que lo iba a intentar de nuevo. Era su tercera vez y de haberlo sabido le hubiera dicho que no se fuera o que lo hiciera de manera legal", afirmó uno de sus siete hermanos, militar de profesión.

Su cadáver apareció el seis de enero en la playa de Marisucia, en Los Caños de Meca. Han pasado ocho meses hasta que, con las pruebas de ADN y todo el papeleo necesario, se le identificó y pudo ser devuelto a su familia.

Una breve oración en la casa familiar en este pequeño enclave situado a unos 120 kilómetros al norte de Rabat, precedió a la procesión que le acompañó al cementerio entre cánticos. Fueron sólo hombres y niños que se colaron entre las filas cerradas de los mayores que rodeaban el ataúd los que le despidieron en una explanada, ante la mirada perdida de su padre, de 70 años. De ese pueblo era también Kacem Lahmar, de 30 años, que intentó emigrar a España en esa misma patera y que, según cuenta su hermano Ahmed, también falleció. No ha podido ser repatriado porque todavía no se le han realizado las pruebas de ADN.

La agricultura y la ganadería centran la pobre actividad económica de esa zona, en la que la instalación de industrias, según afirma el representante local, Hmde Sbat, podría contribuir a descender el índice de paro. "Somos libres para irnos de aquí, pero todo es cuestión de dinero", sostiene el hermano de Gnaouat, que desconoce cuánto pudo costarle a éste su viaje de ida. Junto a su familia ha pagado unos 3.500 euros por el de vuelta.

Haouafat ha sido, sin embargo, tan sólo la primera parada en el trayecto marroquí de la funeraria española. Ayer tenía previsto estar en Kalaa Des Sraghna, cerca de Marraquech, para entregar los cuerpos de Nassim Najim y Jalid Karim, ahogados en el mismo naufragio. De ese primer pueblo salieron siete vecinos, dos de los cuales fallecieron, otros dos fueron repatriados y tres lograron permanecer en España. Uno de ellos es sobrino de Lahmar. Por lo poco que sabe su padre "no tiene trabajo y está muriéndose de hambre en Barcelona".

"Así es la vida y la miseria", concluye el hermano del Gnaouat.

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