La herida comienza a cerrarse

  • Las familias González y Ramírez sienten alivio y esperanza tras conocer que la Audiencia Nacional ha reabierto el caso

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Un ramo de flores frescas descansa sobre la lápida de Hortensia González en el cementerio de San Miguel de San Roque. Son las últimas que ha llevado su cuñado Eugenio, que cada semana deja un ramo desde hace 38 años, cuando ocurrió el atentado de ETA que sesgó la vida de la joven sanroqueña y de su novio, el guardia civil de Tarifa, Antonio Ramírez en Beasain (Guipúzcoa). Eugenio las compra en el puesto de la entrada y siempre son una mezcla de lirios, claveles y margaritas.

El Juzgado Central de Instrucción nº2 dio carpetazo al caso y los archivó en dos meses por "falta de autor conocido". La noticia de la reapertura del caso por parte de la Audiencia Nacional llega a las familias con la esperanza de que por fin se puede hacer justicia.

"Estamos contentísimos, a ver si ahora podemos descansar. Lo hago por mi hermana, mi cuñado y por las casi 300 personas que están en la misma situación. A mí me cambia todo porque la diferencia es saber quién o quiénes son los culpables", explica Aurora González, que habla para Europa Sur junto a su hermana Carmen en su casa de Algeciras. "He llorado y he sufrido mucho pero hay que continuar y sólo si se hace justicia podemos tener paz", indica.

El dolor también está instalado permanentemente en la casa de la familia de Antonio en Sabadell (Barcelona). Su madre, Leonor, de 90 años, mantiene una habitación convertida en santuario con fotos y enseres personales de su hijo y de la que sería su futura mujer.

"La reapertura del caso supone para mí la satisfacción moral porque quiero ver la cara de esos 'dos valientes' que mataron a dos personas indefensas", señala con dolor Diego Ramírez, sargento de la Guardia Civil en reserva. Su hermano Antonio y él nacieron en Tarifa y Algeciras respectivamente, porque su padre también miembro de la Benemérita, estuvo destinado en Tarifa. Tras varios destinos posteriores se asentaron en Sabadell.

"Yo estaba en Cazorla cuando me llamaron y en dos días me iba a mi destino en Jaén. Hice 1.200 kilómetros con mi mujer embarazada de siete meses para ir a primero a Guipúzcoa y después a Barcelona y renuncié a mi plaza para quedarme con mis padres", apunta.

Su familia conserva como "la joya de la corona" el coche de Antonio, el último lugar donde estuvieron juntos los dos. Un Renault 5 naranja se mantiene impoluto en un garaje. "Es lo que nos queda de él y el único coche en el que se quiere subir mi madre cuando la llevamos al cementerio todos los domingos porque dice que es en el que no se marea", asegura Diego.

El coche fue arreglado y modificado los asientos por los impactos de bala, el resto se mantiene igual.

La familia de Hortensia es mucho más numerosa, sus seis hermanos viven entre San Roque y Algeciras. Jesús González, que regenta una carnicería en la calle Málaga, no sabe explicar la sensación que tiene desde que conoció la decisión de la Audiencia Nacional. "Siento como una relajación en el tiempo, es saber que los crímenes de ETA no quedarán impunes o al menos esa es la esperanza", valora uno de los hermanos mayores, que señala que no pasa un día que no se acuerde de Hortensia.

Su memoria no falla y recuerda como si fuera ayer el día que le llamaron y le comunicaron la noticia. Con su padre y otra hermana se fueron a Madrid a la Dirección General de la Guardia Civil y de ahí a Barajas "para esperar el avión y traérnosla a San Roque". "Vivir en el País Vasco para los guardias civiles era muy duro, los que asesinaban tenían que velarlos y enterrarlos en secreto", apunta Jesús.

Eran años convulsos con el inicio de la Democracia y la banda terrorista sembrando el terror, constata el cronista de la ciudad de San Roque, Antonio Pérez Girón. "Había mucho rechazo y mucho miedo. Cuando mataban a un agente salía por la puerta de atrás. Se vivía peligrosamente y aunque resulte una frase manida era cierto, con 200 atentados al año y con muchos más bandas que ETA, como el Grapo, de extrema derecha...", puntualiza Pérez Girón

"Yo conocía a Hortensia, era de mi edad y a toda su familia, muy conocidos en San Roque, de la barriada de la Paz. Era muy buena y tímida. Fue la primera mujer que asesinó ETA y cuando se supo aquí, produjo una gran conmoción. Fue un entierro multitudinario e impresionante", recuerda Pérez Girón, que relata la historia en su libro Cuando éramos mejores. Memoria de la transición en San Roque y como se destacó en los medios de aquella época como El Sol de España.

La ciudad recibió otro mazazo en esos días. "Una semana después otro policía nacional en un atraco a una entidad bancaria en Barcelona, Francisco Ramírez, y también está enterrado en San Roque", explica el cronista. Tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, la Corporación aprobó designar a un plaza junto al Teatro Juan Luis Galiardo con el nombre Hortensia González Ruiz. En recuerdo de las víctimas del terrorismo.

Al igual que su hermano, Aurora lleva 38 años pensando cada día en su hermana. "Voy al psiquiatra y me tomo pastillas desde entonces, he intentado dejarlas varias veces pero no puedo y tengo que volver. Ya nunca las dejaré", opina, pero a lo que no se ha resignado en estos años es a seguir luchando por su hermana, por eso cuando desde la Fundación Villacisneros se puso en contacto con ella, ha movido cielo y tierra y ha viajado a Madrid varias veces "y lo haré las veces que haga falta" con carpetas llenas de documentos. "Son gente maravillosa, nos han tratado muy bien en la Fundación", añade.

Las fotografías de Hortensia llenan su casa, incluso la de sus hijos aunque a algunos nos la conocieron. "Para todos es la tata y para mis sobrinas que me piden fotos continuamente. Siempre vivió conmigo desde que me casé y me fui a Villafranca de Ordicia, donde destinaron a mi marido Eugenio ella se vino y allí conoció a Antonio. Era tan bueno y tan cariñoso", lamenta.

Aurora y Carmen recuerdan pequeños detalles de aquella noche. "Es curioso como se dieron los regalos de Reyes antes del día y también una cadena que él le iba a regalar el día de los enamorados, quiso dárselo esa misma noche como si presintiera algo".

Esa noche salieron con otra pareja a la discoteca. "Era el guardia civil Miguel Maestre, murió meses después en otro atentado de ETA y se sospecha que era él a quien la banda terrorista tenía en el punto de mira esa noche", indican.

El atentado marcó para siempre a las dos familias, que han mantenido el contacto todos estos años. "Conocía a Aurora meses antes y con un día tuve bastante para saber sus cualidades. Mi madre y la suya hablaban a menudo y se entendían muy bien. Cuando me explicó lo de la Fundación Villacisneros le dije, el dije que adelante y que después iba yo", concluye Diego Ramírez.

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