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Una despedida especial para el 'Elcano'

  • Muchas efemérides. El buque escuela inicia mañana un nuevo crucero de instrucción que será diferente por coincidir con el 300 aniversario de la creación en Cádiz de la Escuela Naval y con el 211 aniversario de la muerte en la capital gaditana del teniente general Federico Gravina

Una despedida especial para el 'Elcano' Una despedida especial para el 'Elcano'

Una despedida especial para el 'Elcano'

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Trescientos años del establecimiento en Cádiz del Real Colegio de Guardiamarinas, otros tantos del traslado a la capital gaditana de la hasta entonces sevillana Casa de la Contratación, el recordatorio de que un día Cádiz dividió el mundo en dos mitades cuando el meridiano de referencia de la tierra atravesaba el Campo del Sur, el centenario de la Aviación Naval, más de la mitad de cuyos años de existencia ha permanecido ubicada en Rota... En la vorágine de acontecimientos y centenarios que sitúan a Cádiz en el foco de nuestra historia más marinera, se celebran este mes de marzo dos acaecimientos que no por comunes tienen menos trascendencia: el 211 aniversario de la muerte en la capital gaditana de Federico Gravina a consecuencia de las heridas sufridas en el combate de Trafalgar y una nueva salida del Juan Sebastián Elcano, el cuasi centenario embajador que una vez más paseará la bandera de España y de Cádiz por esas tierras lejanas que tradicionalmente estuvieron unidas al viejo continente a través del sólido vínculo gaditano.

El mismo muelle que se apresta a despedir mañana al buque escuela vio zarpar un 20 de octubre de 1805, junto a la francesa, a la Flota española al mando del teniente general Gravina, que enarbolaba su insignia en el palo de mesana del Príncipe de Asturias. Hoy nadie duda que Gravina era mucho más almirante para la combinada que el medroso Villeneuve, pero los pactos políticos con Francia mandaban, Godoy lo ordenó y Gravina y el resto de comandantes españoles de la combinada hicieron lo que un buen militar: obedecer. El resto de la historia es sobradamente conocido, tras mantener fuertes discusiones con los franceses pudo la presión de Napoleón, que había enviado a otro almirante a Cádiz a sustituirle, y Villeneuve decidió salir a navegar, estableció un despliegue táctico infumable y se perdió una batalla que arrastró las más graves consecuencias para España. Por su parte, Gravina, al mando del Príncipe de Asturias, perdió un brazo y sufrió heridas de tal consideración que fallecería unos meses después en su domicilio gaditano de la plaza de la Catedral, donde hoy luce una placa que recuerda la efeméride. A pesar de sus heridas, Gravina consiguió traer el Príncipe de Asturias de vuelta a Cádiz, salvando de ese modo muchas vidas. Hoy sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

Y de esos mismos muelles que tanto trajín naval han tenido a lo largo de la historia, zarpa un año más el Juan Sebastián Elcano, un buque que incorpora entre los muchos vientos que soplan sus velas a lo largo de su periplo el largo suspiro de los gaditanos de bien, muchos de los cuales acudirán, un año más, a despedirlo a pie de muelle. No es esta, sin embargo, una despedida más. Como el más distinguido de sus embajadores, protagonista habitual de los coros carnavaleros más vehementes, el nombre del Juan Sebastián Elcano ha sido ensalzado a lo largo de los tiempos con letras que hubiera firmado el mismísimo Pemán, mientras que en los últimos tiempos, a los gaditanos que cada año lo despiden a pie de muelle y a los marinos que nos hemos formado profesionalmente en sus cubiertas nos duele ver manchado su nombre por los mezquinos instintos de quienes han sido sus más indignos representantes y también de los que hacen burla de lo que no es si no un gran trozo de Cádiz en encajado en madera de pino.

No es un viaje más. El Elcano representa una extensión a flote de la Escuela Naval, institución que celebra este año 300 de existencia desde el que el intendente general José Patiño decidiera establecer en Cádiz el Real Colegio de Guardiamarinas, lo que demuestra una vez más el extraordinario vínculo de la ciudad con la formación de nuestros mejores hombres de mar. Al mando del capitán de navío Victoriano Gilabert Agote, el buque-escuela zarpará de Cádiz mañana con una dotación de 249 hombres y mujeres distribuidos entre 24 oficiales, 22 suboficiales, 76 guardiamarinas, 125 cabos y marineros y dos civiles. El calendario de este 89 crucero de instrucción llevará al bergantín-goleta a visitar Santa Cruz de Tenerife, Santo Domingo, Nueva York, Marín, Dublín, Den Helder, Amberes y nuevamente Marín, donde desembarcarán los guardiamarinas antes del regreso del buque a Cádiz a preparar el siguiente crucero de instrucción. La arribada del buque a Marín en medio de su habitual periplo obedece precisamente a su participación en los actos programados para celebrar en la Escuela Naval el 300 aniversario de la Real Compañía de Guardiamarinas.

Para los que hemos viajado alguna vez a bordo, solo existe un momento comparable en términos de ilusión y emoción al de la despedida en los muelles de Cádiz, y ese momento no es otro que el del regreso a la capital gaditana con la satisfacción del deber cumplido. La larga estela de cariño que los gaditanos han profesado de siempre al buque reclama un año más la presencia en los muelles de sus incondicionales en la hora del adiós el mediodía de mañana, donde volverán a dejarse estremecer con la vieja oración del piloto a la salida de la Flota de Indias en boca del oficial de derrota del velero: "Larga trinquete en nombre de la Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas y un solo Dios verdadero; que sea con nosotros y nos guarde, que acompañe y nos dé buen viaje a salvamento y nos lleve de vuelta a nuestras casas…".

A su regreso, el Juan Sebastián Elcano incorporará, llenas con aguas de otros mares, las siete vasijas de barro que se verterán en un pequeño estanque circular que contienen el agua de todos los mares del globo, pequeños trozos de mar con los que la Armada honra a los marinos españoles que duermen el sueño eterno en los mares lejanos y a los inquilinos del propio panteón, entre ellos el teniente general Federico Gravina.

Mañana toda esta liturgia se sintetizará en el muelle de Cádiz con el adiós al viejo amigo, que volverá a ondear orgullosamente la bandera de España por los mares lejanos, recordando que existe una ciudad tres veces milenaria que a través de tan insigne embajador, refresca cada año el vínculo de España con las tierras y continentes de cuya existencia tuvo conocimiento Europa a través de una de las ciudades más marineras del mundo.

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