La cabalgata dice adiós al Carnaval isleño

  • El fuerte viento condiciona la marcha de la comitiva, que recortó su recorrido y aceleró su marcha · A pesar de la desapacible tarde, un numeroso público se echó a la calle para disfrutar de la fiesta

La Isla se despidió ayer del Carnaval con una multitudinaria cabalgata que desafió al frío y al fuerte viento que reinó en la desapacible tarde de ayer.

Con todo, la respuesta del público -a pesar del mal tiempo- fue la esperada en este evento estrella de la programación de las fiestas, sobre todo en el centro de la ciudad, donde se concentró la mayor parte de los isleños a media tarde.

Ocho carrozas y un pequeño tren, tambores y charangas, grupos de animación, batukadas y disfraces de todo tipo -desde Fernando Alonso y su equipo hasta los reporteros del Tomate o el propio alcalde Manuel de Bernardo arrastrando una pequeña maqueta del tranvía- se desplegaron por toda la calle Real en una auténtica marea de papelillos y serpentinas que arrastró con fuerza el Levante en los estertores de Don Carnal.

Las colombinas -las Salinera Mayor y sus damas de honor- pusieron el broche final a este festivo desfile que partió de las inmediaciones de la avenida Constitución.

La idea -una de las novedades introducidas este año por la Delegación Municipal de Fiestas- era que la cabalgata iniciara su recorrido a las cuatro de la tarde desde Gallineras. El punto de partida que se había fijado inicialmente era el centro cívico Hermana Cristina. Pero la intensidad con la que soplaba el Levante en la zona -más descubierta- obligó al cortejo a buscar un lugar más refugiado para la organización de la comitiva y, finalmente, se optó por la calle José Ramos Borrero.

Desde allí partió la cabalgata media hora más tarde de lo previsto para adentrarse al poco tiempo en la calle Real por el Callejón Nuevo. La arteria principal de la ciudad se convirtió en el recorrido central del cortejo, que adelantó sus horarios previstos al recortar su itinerario y además aceleró su marcha por el temporal. "Hemos estado en todo momento condicionados por el Levante", comentaba el delegado de Fiestas, Jesús Perulero, al terminar la cabalgata, en torno a las seis y media de la tarde.

El fuerte viento hizo también que uno de los mayores atractivos de la cabalgata -unos gigantescos hinchables que representaban a varios monstruos mitológicos- no pudieran inflarse hasta llegar a la calle Real, donde el Levante se notaba menos. A pesar de todo, no se llenaron todos. Los de mayores dimensiones -una de las grandes sorpresas que reservaba la cabalgata- no pudieron desplegarse porque el Levante podía hacerlos volar.

Los hinchables -que ya en la cabalgata del año pasado estuvieron presentes, aunque con otra temática- dejaron absortos a los más pequeños, que boquiabiertos contemplaban el espectáculo de música y humo -mucho humo- que derrochaban cada pocos metros.

La cabalgata -como siempre- fue eminentemente infantil y juvenil. La presencia de niños disfrazados, sobre todo en las carrozas que desfilaron, era predominante. Pero tampoco faltaron los jóvenes -algunos caracterizados y otros no- que tomaron la iniciativa y se sumaron a la comitiva, bailando alrededor de las charangas.

Y para los mayores, la batukada, la danza capoeira y la bailarina brasileña que precedían a la última carroza, la de las colombinas del Carnaval isleño, y que despertó la curiosidad del público. No fueron pocos los que se arrancaron a bailar con la joven bailarina y los que la pararon para hacerse fotos con ella. Fue otra de las novedades que ayer ofreció la cabalgata.

Llamó la atención también lo extenso del cortejo. Cuando las primeras carrozas pasaban ya de la Iglesia Mayor, el final del cortejo aún se podía contemplar por la alameda Moreno de Guerra.

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