"Lo que más me ha ayudado estos meses ha sido el apoyo recibido"

  • José María Bohórquez, el ex toxicómano de El Puerto que ingresó en prisión por un delito de 2001 estando rehabilitado, ya disfruta del tercer grado penitenciario

José María Bohórquez, el ex-toxicómano portuense que ingresó en la prisión de Puerto 2 a finales del pasado mes de mayo por un delito cometido en el año 2001, cuando estaba enganchado a las drogas, ya disfruta del tercer grado penitenciario, que le permite acudir a la prisión únicamente para dormir. El caso de José María tuvo un gran eco en El Puerto ya que se trataba de una persona muy conocida, al haber pasado cerca de un año y medio junto con su compañera, Lola, a las puertas del Ayuntamiento en demanda de una vivienda pública. Justamente cuando acababa de conseguir un piso y un puesto de trabajo fue cuando la Justicia le reclamó el pago de una antigua deuda del año 2001, un robo que él asegura que no cometió pero por el que le condenaron a 18 meses de cárcel en 2005, cuando se celebró el juicio. Ya para entonces había logrado salir del mundo de las drogas y trataba de encarrilar su vida de la mejor manera posible.

Gracias a la ayuda de algunas personas que lo conocían y dieron buenas referencias de él a la junta de tratamiento de la prisión, y gracias también al apoyo que encontró en el Ayuntamiento, que llegó a suscribir una moción a favor de su excarcelación, desde el pasado viernes disfruta del tercer grado penitenciario, una medida que le ha llegado relativamente rápido y en la que ha sido fundamental la confianza de la empresa en la que se encuentra contratado, Frabasa, que no le dejó en la estacada cuando le hizo falta acreditar que tenía un trabajo estable.

José Mari relata que estos tres meses han sido "duros, parecía una broma de mal gusto", aunque reconoce que incluso dentro de la cárcel se ha sentido muy apoyado por otros compañeros que conocían su historia a través de los periódicos. Recuerda que "lo que más me ha ayudado en este tiempo ha sido el apoyo que he recibido del exterior, tanto el de mi mujer, Lola, como el de otras personas y colectivos que me han hecho llegar sus mensajes de ánimo".

Aún se encuentra a la espera de que le coloquen la pulsera telemática que le permitirá tener un control a distancia desde la prisión. Entre tanto tiene que acudir al Centro de Inserción Social de Jerez todas las noches a las diez y media, algo que le está costando trabajo ya que no tiene coche y tiene que depender de otras personas que le lleven. "Está cerca del aeropuerto y tengo que estar todas las noches hasta las siete de la mañana, aunque los fines de semana los puedo pasar en casa", explica. Es un engorro, pero desde luego es mucho más de lo que esperaba José Mari hace tan solo unos meses, cuando le pintaron el panorama "muy negro". Asegura que en estos meses en prisión no ha temido en ningún momento recaer en la droga, "eso nunca más", dice. Ahora sólo espera poder disfrutar de su vivienda y de una vida tranquila y "en paz con la justicia", confiesa.

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