Pedro Olmedo Gómez Escultor abizcochado

VALME y la maldita crisis tuvieron la culpa de todo. Valme, la pequeña de la casa, cumplía entonces dos años. Su padre, cocinita desde siempre, quería hacerle un regalo, una tarta de esas que endulzan el día. Corría el año 2009 de nuestro señor, más o menos.

Pedro había visto por internet esas vistosas tartas americanas que empezaban a triunfar entonces en España. Así que pensó en hacerle una. La cosa salió tan bien que desde entonces Pedro Olmedo, 48 años y residente en Puerto Real, se dedica a lo que se llama pastelería creativa, que traducido resulta hacer cosas muy vistosas basándose en una pasta de azúcar que se modela pues, más o menos, como si fuera plastilina.

Pedro tiene un taller en el centro de Puerto Real. Allí prepara sus monumentos comestibles. Resalta "que estos sí son comestibles", defendiéndose de la mala fama de estas tartas muy monas pero que luego de sabor, ná de ná. Resalta que "al principio muchas de estas tartas se hacían únicamente con productos importados de Estados Unidos y estaban hechas al gusto de ese país, que nada tiene que ver con el nuestro. La cosa ha cambiado. Yo utilizo, por ejemplo, bizcochos que hago yo mismo, y hoy en día estas creaciones no sólo se pueden rellenar con bizcocho sino también con otras fórmulas. Yo las hecho con interior de San Marcos o de tarta de flan y galletas".

Pedro se confiesa de comé. No lo puede disimular porque esquelético no está precisamente. Pelo corto, barba cuidada y mirada directa de ojos claros. Lleva vaqueros y camiseta. Se ríe mucho y juega con su voz. Sabe manejarla porque durante su juventud fue un conocido locutor de radio. Su voz fue la que abrió Radio Puerto Real. Luego estuvo transmitiendo el Carnaval junto a Pepe Benítez en la Ser y pasó a Onda Cero donde estuvo varios años… hasta que llegó la crisis, la imaginación y su reconversión a pastelero creativo.

Viaja por toda España. Normalmente sus cursos de tartas imposibles son los fines de semana. Precisamente el pasado fin de semana estaba en Tenerife. Ha tenido que reciclarse tanto que hasta lo ha hecho con sus fines de semana. Se ha acostumbrado a descansar lunes y martes, por que los días de guardar, sábados y domingos, los suele pasar trabajando y dando cursos.

Es un profesional cotizado. Un curso suyo se cotiza entre los 300 y los 400 euros por alumno. La fama en el sector le vino por su tarta "torre", un monumento en dulce de 6 pisos y más de un metro de altura y que parece imposible que no se vaya a caer en cualquier momento. Pedro Olmedo asegura que no lo hace. Que todo está estudiado para que una especie de lechera invertida que corona su obra de arte no se caiga.

Creó esta tarta en el año 2014 y desde entonces no ha parado. Su principal labor consiste en ir recorriendo España enseñando a profesionales y aficionados cómo hacer esta torre o tartas en altura, muy alejadas de las que se sirven habitualmente en los convites de las bodas.

Ahora está inmerso en un nuevo proyecto, una tarta que no se sostiene en el suelo, que flota. Su parte principal es una bola, una especie de asteroide comestible que está sostenida por unos cables que lo conectan con personajes de películas como el robot bajito de la Guerra de las Galaxias o una versión astronauta de la rana Gustavo.

Nunca dio clases de escultura y no recuerda que de pequeño brillara especialmente con aquello de la Pretecnología. Dice que para lo que sabe que sí tiene buena mano es para la berza de coles, con su pringá, y para el adobo, los dos platos estrella de su recetario de diario, porque a Pedro le gusta cocinar.

A sus 48 años tiene muchos sueños y quiere probar suerte modelando otros materiales que no sean sólo el azúcar. Quiere formarse para hacer esculturas en otros materiales "porque me han dicho que tengo buenas manos… y eso me ilusiona mucho".

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