Donde Gabo comió con las manos

  • Otorgan la Medalla al Mérito en el Trabajo a Teresa Montero, que regenta desde hace sesenta años la venta El Soldao, lugar de paso de celebridades y donde se han tejido muchas estrategias políticas de la provincia

El soldado en cuestión era Pepe, de Jaén, que llegó por la zona allá por el año 47 para hacer la mili, la larga mili franquista, en la yeguada. De espíritu emprendedor, Pepe colgó las armas y se buscó la vida en el campo cuando el hambre remitía, pero no se conformaba Pepe el soldao. Tenía otras ideas.

De cortijo en cortijo iba vendiendo viandas y de los chorizos, las hogazas de pan, el café y el azúcar pasó a ser intermediario del mercado de ganado. Pero no se conformaba Pepe el soldao. Apadrinado por un teniente coronel, se hizo con la finca y la ventita y todo el mundo hablaba de aquella venta como la venta del soldao. Y como soldao le conocía una joven guapa de veinte añitos de Medina, de nombre Teresa. Con veintiún años tuvieron un hijo y luego diez más. Teresa cocinaba como los ángeles y la venta empezó a prosperar con Teresa en los fogones. Teresa está al otro lado del teléfono: "Mucho luchar, mi vida ha sido mucho luchar, pero estoy feliz. ¿Y sabe por qué estoy muy feliz? Porque tengo ochenta años y la cabeza en su sitio y tengo once hijos que me han salido muy buenos". Y está feliz por muchas más cosas, pero entre otras porque el Consejo de Ministros habló ayer de ella. Sí, en La Moncloa, por qué no, dijeron su nombre y dijeron que le darían una medalla. Y los ministros dijeron sí, vamos a darle una medalla a Teresa. Qué de extraño tiene si en su venta Felipe González, que vivió un tiempo en La Moncloa, ha comido su arroz con pollo de campo.

"Me gusta trabajar y todavía me pongo a hacer mis arrocitos si me da. He tenido una buena vida viendo a los clientes disfrutar".

A Teresa le falta su Pepe desde hace 22 años y ha sido ella la que ha llevado el negocio durante todo este tiempo, un tiempo en el que la venta se ha elevado a la categoría de leyenda. Es la venta un lugar de obligado paso para el presidente de Diputación, Francisco González Cabaña, que en ella ha celebrado algunas de la reuniones donde se ha muñido lo que 'muñen' los políticos. Pedro Pacheco, ex alcalde de Jerez, era otro de los habituales para congregar a sus andalucistas. Y, de vez en cuando, Pacheco y González Cabaña, viejos compañeros de oficio, se reunían a intercambiar historias.

Situada en la carretera que une Medina con Benalup, en el kilómetro 4, en la pedanía San José del Malcocinado, sus mesas han visto a pasar a Paquirri e Isabel Pantoja en sus años dorados, a María del Monte y, sobre todo, esa comida histórica: Felipe González le pidió a González Cabaña que le dijera un lugar para agasajar al premio Nobel Gabriel García Márquez. Fue un éxito rotundo. "Se comían el pollo con las manos -recuerda Teresa- y me dijo Felipe González que así era como mejor sabía la comida. Se chupaban los dedos. Lo que siempre he dicho es que la gente tenía que comer bien y estar bien atendida y yo me he preocupado de eso. Que no es un sitio de etiqueta, eh, que aquí viene gente muy famosa pero nosotros le tratamos como a cualquier cliente: bien, muy bien".

"Pollo con tomate y arroz con pollo", dice Teresa cuando se le pregunta por su especialidad. Ayer Teresa era noticia, pero seguía en su venta, con sus hijos, un día especialmente fuerte para el negocio en el arranque del puente. Hay que pedir mesa para poder disfrutar del menú campero del Soldado. Si se le pregunta a Teresa por el día más feliz de su vida dice unos cuantos, porque son cada una de las bodas que ha celebrado de sus hijos. "Y, bueno, el día de hoy no está mal. Me han dado una medalla al trabajo y yo nunca he parado de trabajar", aunque en su humildad dice esa frase que habrá escuchado tantas veces en otras bocas de que habrá mucha gente que lo merezca tanto como ella.

Sin duda tendrá razón, pero Teresa, la mujer de El Soldado, lleva en su biografía la historia de un país poco conocido, el país de los que sacaron adelante una vida con poco más que sus manos. No se sabe si algún empresario negoció un pelotazo en su mesa, seguramente sí. Si lo hizo, fue en la casa en la que Teresa y su familia se ganaron el pan a base de puro esfuerzo. "Así es, señor, así es".

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