El mundo fenicio que late en la obra de Miguel Ángel Valencia

  • La sala Práctika acoge el universo plástico en torno a Gadir del veterano artista gaditano

Desde que en 1984 Miguel Ángel Valencia expuso su obra en torno al mundo fenicio junto a otros colegas gaditanos en el Colegio de Arquitectos, siempre ha latido de alguna forma en su universo pictórico. Así narra el origen de la obra que expone en la pequeña sala Práctika, donde vuelve a hacer una declaración de intenciones artísticas vinculadas con su trabajo, el lugar que eligió para vivir, donde ahora expone -frente por frente a donde se encontró a la Dama de Cádiz-, el lugar donde hace casi 3.000 años se asentaron estos antepasados cuyo alfabeto toma de excusa para ahondar pictóricamente en Gadir.

La primera de las piezas, explica el veterano creador, es una superposición de obras realizadas en su estudio con distintas técnicas -guache, carbón, acrílicos etc. - en torno al alfabeto fenicio, colgadas entre dos listones que las dejan caer de forma natural, de modo que unas tapan a las otras porque el significado lo adoptan en su conjunto. "El resultado es un espacio para fotografiarte delante de él, con el que interactuar, en lo que se convierte en un ejercicio de interpretación de diversidad y formas", puntualiza.

El alfabeto fenicio y las letras de Gadir copan buena parte de la exposición de la sala

Gadir también subyace en la obra que basa en la Dama de Cádiz, "que fue descubierta enfrente de la sala Práctika, aunque no fui consciente hasta que la monté, lo cual fue un gran momento por cuanto todavía repercute en la ciudad y en nosotros mismos, en mi trabajo". Porque el diálogo se produce en cada obra, en el espacio, en la misma dinámica reflexiva de una producción que también toca el sarcófago fenicio femenino de dos formas. "Se trata de dos serigrafías de la Dama de Cádiz", con la superposición en púrpura del alfabeto fenicio, y luego un collage del que emerge su rostro del alfabeto, esta vez en púrpura y azul ultramar.

Otra de las serigrafías juega con las cuatro letras de Gadir sobre múltiples colores que se superponen "ofreciendo una gama que ni existe".

En el otro espacio de esta sala proyecta un vídeo en el que una amiga se tatúa en el costado "como si fuera un trazo pictórico" las cuatro letras fenicias que él mismo diseñó, a cargo del tatuador el Bichito. Una idea que le inspiró para tatuar en un espejo las letras del alfabeto, que grabó haciendo un collage de imágenes, ruidos y reflexiones. "La obra te permite introducirte dentro del elemento fenicio, caminar entre las letras", explica.

Por último ha creado un cojín con cuatro broches de madera policromada con las cuatro letras de Gadir, que el usuario puede colocarse.

Miguel Ángel Valencia cuenta que no ha podido evitar introducir como parte de la exposición el tablón que usó para su primera obra, convertida en cartel de la exposición. Una muestra que deja sin título, abierta a sugerencias, reflexiones e intuiciones vinculadas a nuestro más remoto pasado. El que siempre late.

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