"El mar será la gran fuente documental del siglo XXI"

  • El director general de Patrimonio del Ministerio de Cultura confía en que Bolonia se convierta en un icono de la protección de la riqueza arqueológica y paisajística

La segunda edición del Máster en Estudios Hispánicos que imparte la Universidad de Cádiz arrancó ayer con la conferencia inaugural del director general del Instituto de Patrimonio Histórico Español, Álvaro Martínez-Novillo. El representante del Ministerio de Cultura abordó en su exposición el turbulento camino que en el siglo XX han recorrido las instituciones internacionales para proteger el patrimonio material e inmaterial.

Para Martínez-Novillo, la "revolucionaria" Carta de Atenas de 1931 marcó el inició de una nueva forma de concebir el patrimonio artístico y arqueológico. "En su espíritu estuvo muy presente toda la polémica en torno a los mármoles del Partenón que se exhiben en el Museo Británico. En Atenas se declara por primera vez que el patrimonio debe conservarse en el mismo sitio donde fue creado porque el monumento no es algo aislado, sino que también comprende su entorno, incluyendo los conjuntos arqueológicos, a menudo invisibles".

El documento suscrito en Atenas -continuó el ponente- cambió por completo los criterios de restauración al propugnar que, en los casos en que la reconstrucción fuera indispensable, se respetara la obra histórica y artística del pasado, sin menospreciar el estilo de ninguna época y recurriendo, como mucho, a la anastilosis (la técnica de reintegración con piezas originales que se han caído o se están cayendo del monumento).

"Las destrucciones masivas de la II Guerra Mundial y su triste aperitivo en España, China y Etiopía, hicieron aparcar estas teorías porque la pacificación de Europa obligó a reconstruir mucho, sobre todo en ciudades arrasadas como Varsovia", relató.

Así las cosas, no hubo otro avance decisivo hasta la firma en el año 2000 en Florencia del Convenio Europeo del Paisaje, que apostó por la protección activa no sólo del entorno monumental sino también del paisaje, y de la Declaración de París de 2003 sobre el patrimonio cultural inmaterial, "que defiende que lo que antes se llamaba folklore tiene un peso cultural y es seña de identidad".

Martínez-Novillo expresó su preocupación por las dificultades que está teniendo el Ministerio de Cultura para que se ratifique aquí el Convenio Europeo del Paisaje. "Está costando mucho llevarlo a la práctica en España debido a la presión especulativa sobre el litoral. Por el momento, no hemos logrado que ninguna comunidad autónoma declare un solo paisaje cultural", precisó.

De ahí su interés por el programa piloto que el Ministerio de Cultura lleva a cabo en Baelo Claudia para preservar el singular paisaje de la ensenada de Bolonia. "Financiamos y promovemos un programa de conservación y puesta en valor no sólo del conjunto arqueológico sino también de mejora de las condiciones paisajísticas de la zona y de otros elementos de su patrimonio cultural, como las tumbas antropomorfas de Betis o la necrópolis prehistórica de los Algarbes, entre otros", explicó a este medio.

Otra de sus preocupaciones es la situación de unos mares convertidos en paraíso de arqueólogos pero también de piratas contemporáneos. De ello sabe mucho este historiador que tanto ha contribuido a la redacción del nuevo Plan Nacional de Patrimonio Subacuático, aprobado en octubre del año pasado. Un documento que, considera, "debe garantizar la protección de las zonas arqueológicas subacuáticas y la lucha contra el expolio y la destrucción de los yacimientos. El mar será la gran fuente documental del siglo XXI y del siguiente porque los barcos, acorazados y portaaviones naufragados nos permiten estudiar y resolver numerosos enigmas del pasado, como ya sucediera con el Titanic".

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