Belli "reimagina" el orden del mundo en su nueva novela

  • La nicaragüense presentó en Jerez y Sevilla su premio Biblioteca Breve

En la mirada de Gioconda Belli, Caín y Abel tuvieron hermanas gemelas, y el fruto prohibido del Paraíso no fue en realidad una manzana, sino un higo. Éstas son algunas de las aportaciones que hace la escritora nicaragüense en El infinito en la palma de la mano, una reescritura del Génesis que ha merecido el Premio Biblioteca Breve en su última edición.

El hallazgo en una biblioteca de "unos libros apócrifos que se escribieron al mismo tiempo que la Biblia" impulsó la imaginación de la autora, cautivada por recrear a dos personajes, Adán y Eva, que "estaban en el mundo por primera vez". Belli, que tomó para el título de la obra un verso de William Blake, describe el portento de las primeras veces -"la primera sensación de tener sueño, de hacer el amor, de parir"- a través de sus dos protagonistas. "En mi novela, Adán y Eva no tienen ombligo, no tienen infancia, no tienen ninguna experiencia práctica, porque quien los creó tampoco la tenía", apuntó la novelista ayer por la mañana en Sevilla, donde presentó el libro antes de dirigirse por la tarde a Jerez y hacer lo propio en la Fundación Caballero Bonald.

A la cita jerezana, donde la escritura nicaragüense fue presentada por la periodista y directora Lalia González-Santiago, acudió numeroso público, especialmente femenino, de tal modo que Belli no paró de firmar libros.

"Reimaginar el origen del mundo", ése es el objetivo que la autora declaró en Jerez haber perseguido con este nuevo trabajo, donde el mundo "es menos culpable, más humano".

Belli coloca en esta novela a la mujer como una triunfadora, como una reivindicación más, algo que ya es una tradición en sus letras y en su forma de vida. El hecho de que Eva se anticipara a Adán a la hora de comerse la fruta, la autora lo presenta como un acto de valentía, una metáfora que se traduce en un impulso a engendrar una nueva especie.

La idea del libro surgió un día en la biblioteca de un familiar, "en la que estuve forzada a estar largo rato", que albergaba una importante cantidad de libros, entre ellos algunos textos apócrifos que fueron rechazados por quienes editaron los textos sagrados. La autora destaca en el prólogo del libro que llevar a buen fin esta obra "me tomó varios años de investigación de manuscritos e historias bíblicas perdidas. Descubrí así que aunque Adán y Eva sólo ocupan cuarenta versículos del Génesis, su historia y la de sus hijos -Caín y Abel, Luluwa y Aklia- aparecen en numerosas interpretaciones y relaciones arcaicas". Así, Gioconda Belli ha creado un mundo nuevo que surge de los grandes libros secretos, textos apócrifos o prohibidos llenos de revelaciones y fantásticas apariciones, y recrea magistralmente la historia más prodigiosa que pueda imaginarse.

Nacida en Managua en 1948, Gioconda Belli participó, desde el año 1970, en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, como miembro del Frente Sandinista. Vivió exiliada en México y Costa Rica. Ocupó varios cargos partidarios y gubernamentales en la Revolución Sandinista en los 80. Es madre de cuatro hijos y desde hace algunos años divide su tiempo entre California y Managua. Sus novelas y poemas se han traducido a más de catorce idiomas. Es miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua, escribe para diversos periódicos y tiene un blog en The Guardian y en el nicaragüense El Nuevo Diario.

Belli tuvo tiempo en Jerez para hablar de la Revolución Sandinista, un hecho del que dijo que facilitó el acceso a la cultura a muchos nicaragüenses, entre otras reformas. "Gracias a esta importante revolución, la gente estuvo más preparada", apuntó.

Precisamente el titular de la fundación jerezana, José Manuel Caballero Bonald, integró el jurado que decidió concederle el Premio Biblioteca Breve a El infinito en la palma de la mano, y en ese momento elogió del libro su esmerada escritura. Belli admite que tuvo ante sí "retos importantes" en el estilo. "No usé ninguna palabra que no fuese coherente con ese principio que retrato. Tuve que recurrir a imágenes y metáforas porque con el tiempo que describía no podía hablar con reflexiones filosóficas", observó.

El libro está dedicado "a las víctimas anónimas de la guerra de Iraq. En algún lugar de esas tierras, entre el Tigris y el Éufrates, hubo una vez un Paraíso".

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