Zapatero contrasta la "humildad" del PSOE con la "soberbia" del PP

  • El candidato socialista dice que Felipe González, ausente en el multitudinario mitin en Dos Hermanas, "está sudando la camiseta" · Augura que Rajoy volverá a atacarle con ETA

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"¿Pero de verdad que no está Felipe González". Lo preguntaba una de las 30.000 personas que abarrotaron ayer a mediodía el velódromo de Dos Hermanas para asistir al mitin del candidato socialista a la reelección como presidente del Gobierno. El gran ausente, ese antiguo vecino de Bellavista que ocupó durante 14 años el Palacio de La Moncloa, lo más parecido a dios que existe en el mundo de la política española, parecía sin embargo omnipresente en el ánimo de todos. Y José Luis Rodríguez Zapatero lo sabía. El mejor de los teloneros que nunca podrá tener no lo tuvo ayer. Chaves ya lo había mencionado durante su intervención, pero así como de pasada, dentro de otro conjunto de nombres propios para rememorar andanzas pretéritas. Zapatero, en busca de la conexión instantánea con el auditorio, le rindió honda pleitesía nada más poner en marcha su discurso. "Felipe González está sudando la camiseta en esta campaña electoral", exclamó. ¿Pero dónde está Felipe?, le espetó una gran voz desde el graderío. "Estará dando un mitin en algún sitio", contestó Zapatero sonriendo, cómo no, al tiempo que recordaba que durante un reciente acto en Hospitalet, donde ambos sí que coincidieron, el legendario líder socialista le comentó que tenía previstos en esta campaña "más mítines que cuando era presidente del Gobierno". Vaya, qué mala suerte tuvo Sevilla, que se quedó ayer con las ganas de ver y tocar a uno de sus mitos vivos. ¿Por qué?

Y si el fantasma de Felipe González flotaba en el ambiente, qué les vamos a contar del gran cara a cara Zapatero-Rajoy, que entrará hoy como un toro por casi todas las cadenas y emisoras de radio a partir de las diez de la noche. Pues hay que fastidiarse, porque también estuvo ayer ausente en el discurso de Zapatero. Como Rajoy en el acto que protagonizó al tiempo ayer por la mañana en Burgos, no dijo ni mu. Del gran antecedente sí que habló. El candidato socialista está como unas castañuelas después del pulso del jueves entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro. Sobre este cara a cara sí que se explaya. Mitin tras mitin. Ayer, también. Enfrente, silencio. "Rajoy lleva dos días sin hablar de economía y no ha dicho ni pío del debate", se jactó Zapatero. "Solbes ganó porque está más preparado, tiene más rigor y es más serio, pero no ganó el debate por eso sino porque se impuso la humildad, nunca habréis oído a Solbes decir que es el mejor".

El primer torpedo al PP estaba servido: "Y encima dice Pizarro que ha ganado. La derecha se caracteriza por su soberbia, nunca la habréis oído, como a mí, reconocer sus errores, y mira que han tenido". La afición ruge. Y Zapatero se crece. "Tienen una opinión tan buena de sí mismos como mala del pueblo español". "No acaban de entender -agregó- que en democracia nadie es más que nadie salvo quien decide el pueblo con su voto".

Ahí entraba Andalucía. "Podéis tener el orgullo legítimo de haber dado tantas veces una mayoría al PSOE para cambiar España y Andalucía". Aplausos. Y la florista no da abasto para agasajar a la concurrencia. "Los andaluces tienen más ganas de futuro que nadie y un orgullo para decir que esta tierra tiene claro que podía, que cuando la han dejado ser libre puede llegar a tener el mismo bienestar que cualquier tierra de España". Zapatero cuenta con ella, con Andalucía, para consolidar el cambio. Y no se conforma con cumplir su hoja de ruta. Quiere más. Dar la vuelta al calcetín. "¿Os imagináis que el 10 de marzo veamos otra derecha en España?", se preguntó, victoria mediante. No ya el pretendido viaje al centro, sino uno con más alforjas, de modo, dijo Zapatero, que "la derecha deje el insulto, la mentira y la descalificación e inicie una senda de respeto, tolerancia y colaboración con los intereses generales de España".

Pero en el horizonte inmediato, Zapatero sólo atisba rayos y truenos. "Cuatro años llevamos escuchando, me quiero olvidar, las mentiras sobre el 11-M, que se rompía España, que se disolvía la familia, que entregábamos a ETA las llaves del Estado". "Ahora se les cae el invento de Pizarro (definitivamente, es uno de los sacos de golpes predilectos de los socialistas) y ya no tienen nada que decir, así que volverán al terrorismo faltando a la lealtad como en estos cuatro años". Ante este panorama, el candidato socialista dejó caer un deseo: que "la mayoría de la calle sea la mayoría del Parlamento" el 10 de marzo.

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