Calma fingida en la tensión electoral

  • Con la contención del gesto y el discurso, los candidatos rehuyeron la crispación · El debate fue de baja graduación pero evitó el aburrimiento · La oposición no aprovechó la debilidad oratoria de Chaves

Homogeneidad en el vestuario, en el escenario, en las formas, en el fondo y en los gestos acabaron con la desnaturalización de la esencia del debate a cuatro celebrado la noche del pasado martes en Canal Sur. Para el experto publicitario José Carlos Ballester, ex directivo de la agencia Lleó Marqués OGB, los candidatos a la Presidencia de la Junta del PSOE, PP, IU y CA no discutieron ni confrontaron ideas desde la perspectiva agresiva que implica el término. Imprimieron una "tranquilidad ficticia" a un lance en el que se esforzaron por mostrar una política "calmada en lugar de crispada" hasta diluir el debate en la exposición, pero "afortunadamente, sin llegar al aburrimiento".

Pero esta postura plana, rayana en el "miedo" a la provocación, no evitó algún repunte combativo, aunque "tímido", del popular Javier Arenas contra el socialista Manuel Chaves, que evitó caer en la tentación de sacar a relucir supuestos casos de corrupción vinculados a su entorno familiar. Ciertos toques también dirigió el aspirante de IU, Diego Valderas, de manera alternativa contra Chaves y Arenas, si bien en este último caso este experto no acaba de entender el fin, cuando su nicho de votos está en el margen de la izquierda y no en la derecha, reconociéndole, sin embargo, que "estuvo bien" en la diferenciación de su mensaje del de las otras tres opciones políticas.

Del contenido, fue en el bloque de Educación y Sanidad donde mejor se defendieron, según Ballester. Lo tenían más preparado y eran temas de competencia plena, por tanto, más cabía la crítica ante la mayor facultad legislativa, ejecutiva y financiera que tiene el Gobierno autonómico. De igual manera, resaltó como uno de los pocos aciertos del andalucista Julián Álvarez su defensa en el tema de cierre, Andalucía en el Estado de las Autonomías, en el que se desmarcó de los demás, aunque su intento quedó desdibujado por su debilidad en los tres apartados de discusión anteriores.

Y del continente, dos errores: la iluminación, que jugó una mala pasada a Chaves con un desafortunado brillo de un foco en su cabeza y también a los demás candidatos, con sombras blancas en la zona de la nariz, y la estrechez del plató. Este error transmitió, para el publicista, una innecesaria sensación de "agobio y apretujamiento" de los tertulianos.

El factor tiempo, motivo de queja reiterado, fue "adecuado" para la fórmula de cuatro rivales, ya que "como decía don Otilio, el cura de mi parroquia, los sermones cortitos que la clientela se nos va", ironizó el analista, apuntando que tal vez la fórmula obtenga mejor resultado cuando el duelo sea con sólo dos interlocutores.

La "autocontención" del verbo llevó paralelo una "represión" del gesto, quizás más relajado en el andalucista, ventaja que consideró no supo aprovechar al poner al descubierto dos flaquezas: la de sus argumentos y la de arrancar el programa con la presentación de sí mismo y de su propio partido, lo que evidencia el desconocimiento del nuevo proyecto andalucista que preconiza. La mayor tensión e incomodidad la advirtió en Chaves, cuya "debilidad en la oratoria" no fue bien aprovechada por sus adversarios.

En los aspectos externos, Ballester se detuvo en la "uniformidad" del vestuario elegido por los cuatro contrincantes. Trajes oscuros, con mejor o menor factura, con corbatas neutras donde la ideología quedó reservada para Julián Álvarez, que se atavió con el verde andalucista, y Valderas, que escogió el tinte violeta republicano y feminista de IU en un manchado complemento. Del aspecto físico, el intenso contraste del cabello blanco y la tez oscura de Arenas, unido al maquillaje, daban la apariencia de haber pasado por "rayos uva" que, según Ballester, se habría evitado con el pelo algo más oscuro. Asesoramiento capilar también necesita, a su juicio, el líder de IU, al que se atrevió a aconsejar que pusiera en manos de "un Llongueras".

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