De los Cañuelos a La Puntilla

  • Las fortificaciones en el XVIII se componían de los castillos de San Marcos, Doña Blanca y Santa Catalina y los baluartes de La Laja, Ciudad, Arenilla, Bermeja, Palmar, Gallina y La Puntilla.

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CoMO quiera que la costa portuense estuviera en el punto de mira de las amenazadoras incursiones de los piratas turcos y berberiscos, ya en el siglo XV existen precedentes documentados de la construcción de fortificaciones con el intento de frenar tales invasiones. Una de ellas la relata con todo tipo de detalles Hipólito Sancho en su texto Historia del Puerto de Santa María: "en El Puerto le pudieron haber contado a Luis Bravo de Laguna, presidente del Consejo de Guerra en 1577, el gran peligro que se vivió el 25 de mayo de 1562, cuando trece navíos turcos, después de fracasar en sus intentos de saquear Cádiz, echaron a la gente en la playa, junto a la ermita de Santa Catalina -hoy, Fuerte Ciudad-, llegando hasta el centro de la población con la clara intención de saquearla, teniendo que batirse en retirada ante la aparición de las milicias de Jerez que venían en socorro de las poblaciones costeras". Ante el peligro que suponían las incursiones, en la actual Playa de La Muralla se construyó una torre de vigilancia "en la caleta de Santa Catalina, aunque el fuerte quedó por levantar hasta bien avanzado el seiscientos".

En 1503 llegó a existir un concierto de señales entre Cádiz, El Puerto y Jerez, para que "por medio de ahumadas durante el día y almenaras durante la noche, podía avisarse con rapidez y certeza de la presencia de algún inminente riesgo". Un acuerdo capitular también recogía con detenimiento el sistema de avisos previsto y acordado: "ýse pongan guardas y que velen en la costa esta noche y que se nombren capitanes para que salgan con sus escuadrones de gente y estén apercibidos para la defensa y guarda de esta villa, y que se notifique a los jurados que pongan los guardas de pié y de a caballo que sean necesarios en Santa Catalina y en los Cañuelos y dos de caballos que anden sobre las guardasýy que se pregone que todos los vecinos estén a punto con sus armas y caballos y tocando la campana a cualquier hora salgan y se junten en la ribera". Pero ni aún así, con el peligro perfectamente descrito, se hizo nada por tener una fortaleza que diese la talla. Es curiosa la descripción que encontramos en la documentación del archivo municipal, referente a la información que facilitaba Luís Bravo de Laguna al Rey Felipe II en 1577: "es un lugar el dicho Puerto de Santa María, abierto sin tener la gente ningún reparo para poderse defender sino es con sola la gente. Tiene una fortaleza flaca y un pedazo de la muralla caído, de manera que dando del pie un hombre a otro se puede subir por ella; no tiene foso, ni puente levadizo, ni munición, ni arma ninguna, ni más de una pieza de artillería de bronceý los vecinos están con gran riesgo, porque el socorro que les puede venir de Jerez les hará poco provecho, aunque estén cercados, por no tener ninguna muralla, porque entrando por la playa de Cádiz navíos con alguna pujanza y saquear la población".

A pesar de todo, los proyectos de torres costeras que incluso fueron sacados a subasta para su construcción quedaron en agua de borrajas, dada la resistencia de señores y concejos que debían contribuir con su elevado coste. Pero no será hasta 1586 cuando se acometa la finalización de los trabajos de construcción del fuerte de Santa Catalina, así parece deducirse del documento fechado el 27 de agosto de 1587, que se encuentra entre los Papeles antiguos del Archivo Histórico de nuestra ciudad: "Auto mandando restituir al Colegio Santo Tomás de Aquino de Sevilla 112 reales que se le repartió para la fábrica de la torre de Santa Catalina por sus tierras y donadío de Vaína".

Los investigadores portuenses Enrique Pérez, Juan José López Amador y José Antonio Ruiz Gil describen con perfección los aconteceres de las fortalezas de costa de El Puerto. Entre sus conclusiones señalan que en 1702, cuando Santa Catalina poseía cierta importancia ya que tenía 20 cañones, tras un intenso fuego cruzado, desembarca en los Cañuelos (playa del Manantial), una flota anglo-holandesa. Después de cercar la guarnición, la flota compuesta por 14.000 hombres, 30 navíos, 6 fragatas, 2 corbetas, 5 bombardas y 3 brulotes, con 1.585 piezas de artillería, a las que había que añadir 20 navíos holandeses, consiguen su rendición y la destrucción del castillo.

Una vez en uso, el último episodio bélico que sucede en Santa Catalina llegó a producirse en 1810, durante el asedio de Cádiz por la Guerra de la Independencia. Para completar el sistema defensivo de la costa portuense, a principios del XVIII se construyeron unas baterías o fortalezas, distribuidas a igual distancia entre la desembocadura del Guadalete y Fuentebravía. Estas fueron La Laja (Castillito de La Pólvora); La Ciudad (Fuerte Ciudad); La Arenilla (Pinar de Mochicle); La Bermeja (entre Las Redes y El Manantial); El Palmar (Playa de Los Curas); La Gallina y La Puntilla (término municipal de Rota).

En Los Pliegos de la Academia, mi padre escribía: "De todas las defensas costeras portuenses queda actualmente un fantasmagórico testimonio de ruinas muchas de ellas en trance de desaparecer". Y como él, finalizo: "queden estas líneas como un simple recuerdo de algo que existió y que tal vez, desconozcan algunos portuenses".

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