Un año de Cajasol

  • El nacimiento de la entidad, el 18 de mayo de 2007, puso el broche de oro a tres décadas de intentos frustrados por sacarla adelante. Sus primeros 12 meses de vida no han sido ajenos a la polémica

Cajasol celebra este fin de semana su primer cumpleaños. Después de tres décadas de intentos frustrados, El Monte y San Fernando materializaron el 18 de mayo de 2007 su ansiada fusión, un proyecto con el que la entidad resultante pasaba a figurar entre las diez primeras del ranking nacional y a codearse con Unicaja, a la cabeza del sistema financiero andaluz. Atrás quedaron Alcaja y Guadalcaja, las propuestas que lideraron Isidoro Beneroso y Juan Manuel López Benjumea, en 2001, y José María Bueno Lidón y Alfredo Pérez Cano, en 2003, y que, en el caso de los dos primeros, generó un fuerte enfrentamiento con la Junta al no coincidir el proyecto con los postulados que en ese momento defendía la Administración autonómica.

La de Cajasol sí ha sido una fusión con todas las bendiciones institucionales, pero estos 12 meses de andadura no han estado exentos de polémica, a veces originada por el reparto de sillones entre los antiguos ejecutivos de El Monte y San Fernando, y otras por las propias diferencias culturales entre ambas organizaciones. Muestra de ello es el cese, tan sólo siete meses después del nacimiento oficial de Cajasol, del entonces director general, José María Ramírez Loma, a quien sucedería en el cargo Rafael López-Tarruella, un ex directivo de la Rural del Sur.

Al parecer, los detonantes de la destitución fueron una pérdida de sintonía con el presidente de la caja de ahorros, Antonio Pulido, y el hecho de que el proceso de integración no resultara todo lo rápido que se esperaba. Y es que Pulido se había marcado el objetivo de culminar esa integración en un plazo récord de 15 meses. Precisamente, la búsqueda de agilidad en la toma de decisiones concernientes a ese tema propició en marzo del presente año una drástica reestructuración del comité directivo de la entidad, que pasó de estar constituido por 21 miembros, a 12.

Fruto de esa reconversión de la cúpula directiva fue la salida de María Luisa Lombardero, la directora general gerente, cuyas tareas, según la consultora a la que contrató la caja para acometer la reestructuración, se solapaban con las de López-Tarruella. El futuro de Lombardero, a la que El Monte convirtió en la primera directora general de una caja de ahorros española, aún está en el aire, ya que, si bien Pulido ha intentado mantenerla en el "contexto directivo" de la entidad, no se descarta que finalmente se marche.

Entre el cese de Ramírez Loma y el rediseño del comité de dirección, dos decisiones ante las que los sindicatos mostraron sus suspicacias, salieron a la luz las anomalías detectadas por el Banco de España en una serie de operaciones empresariales acometidas por El Monte entre 2004 y 2005, cuando era presidente José María Bueno Lidón. Cajasol cifró en 23,6 millones de euros el daño patrimonial del que fue objeto aquella entidad y pidió a la Fiscalía Anticorrupción que investigara la gestión de Bueno Lidón. Tras las pesquisas pertinentes, el fiscal se querelló -por fraude- contra éste y contra José Selfa, ex director del grupo empresarial de El Monte, estimando en 17,9 millones el perjuicio económico ocasionado a la caja. Junto con estas medidas, y para evitar que se dieran situaciones parecidas en el futuro, Cajasol aprobó un código de conducta que sirviera como base para analizar el comportamiento de los órganos de gobierno de la entidad, su equipo directivo, los empleados, el grupo empresarial "y cualquier tercero que actúe en nombre de la caja".

En el marco de todos estos acontecimientos, la entidad también ha ido dando pasos hacia la consolidación de su proyecto empresarial, que generará, de acuerdo con los cálculos de la CECA y la consultora McKinsey, unas sinergias de 400 millones de euros en cinco años. Así, se ha lanzado una segunda marca para internet, Cajasol Directo, a través de la que los clientes realizaron ya en 2007 más de 90 millones de transacciones, con una media diaria de 300.000.

Por otra parte, se ha puesto en marcha SegurCajasol, cuyo propósito es dar un nuevo impulso al negocio asegurador de la entidad, mediante la ampliación de su gama de productos y la adopción de la figura de operador de bancaseguros vinculado -eso le permitirá comercializar la oferta de terceras compañías-. La creación de un servicio de estudios y la apertura de su escuela de negocios a la formación de empresarios y alta dirección constituyen otros dos logros.

También se han sentado las bases para dar el salto a los mercados internacionales. De hecho, Cajasol tiene previsto para este mismo año la apertura de una oficina en Miami y, una vez que ésta entre en rentabilidad, no descarta inaugurar alguna más en la zona, con la intención de dar después el salto a los países de Centroamérica. En Europa, las miras de la entidad están puestas, a medio plazo, en Alemania (le serviría de plataforma para acceder a los mercados del este del continente) y Portugal.

Asimismo, se ha embarcado en la remodelación de la cartera industrial, que nació con algo más de 200 empresas y un valor aproximado de mercado de 1.200 millones de euros. La intención de la caja es reducir en un centenar el número de participadas, con el objeto de reorientar las inversiones hacia sectore básicos de la economía andaluza y lograr una mejora cualitativa de las mismas, atenuando, además, el peso del negocio inmobiliario. Energía, turismo, agroalimentación y aeronáutica son prioritarios.

A partir de este otoño, Cajasol asistirá a nuevos movimientos, ya que en el horizonte estará la renovación de sus órganos de gobierno, con motivo del final, en mayo del próximo ejercicio, del periodo de transición marcado para la fusión. Como muestra de la envergadura del proceso, basta saber que los más de 300 consejeros de la asamblea deberán reducirse a la mitad.

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