Paisajes, evocación y desubicación

  • El jerezano Juan Ángel González de la Calle regresa a la Diputación de Cádiz con una exposición sin más hilo argumental que sus versátiles parajes naturales y urbanos

Juan Ángel González de la Calle pinta y evoca. Pinta y desubica. Pinta y propone. Pinta paisajes sin pretensiones o con ellas. Son los escenarios que compone desde una idea donde narra lo que justo en ese instante quiere contar. Así son los potentes paisajes que el experimentado artista jerezano trae al claustro de la Diputación de Cádiz, donde ayer inauguró Me importa muy poco que un gorrión en el paisaje se pase de un árbol a otro.

"He cogido el título de una bulería y he cambiado la palabra alameda por paisaje. Un título del que no se acordará nadie salvo si conoce la bulería, porque es muy largo, pero que puede evocar más, que puede llevar a recordar". Un título para una sugerente muestra de la inagotable vuelta de tuerca a la que González de la Calle somete a su imaginario artístico. Y así lo ilustra en el cartel de presentación del paisaje nevado de un pequeño mirador en medio de la nada sobre el que un coche aparece montado en otro coche. "¿Y por qué?, eso mismo me sigo preguntando yo", responde su artífice al final de un recorrido entre paisajes "sin hilo argumental", ni fechas que lo marquen.

En éste hilvana parajes opuestos, de la África subsahariana -entre los fieles personajes como animales de la selva- con otros nevados de la Antártida, o incluso de interiores. Espacios erigidos "sobre ideas divertidas, metafóricas, absurdas o reflexivas", explica sobre su compleja y versátil propuesta. Un discurso que frecuentemente desubica a los personajes de su contexto, o a los elementos naturales de su propio entorno, como fórmula de "zarandeo" o de foco de atracción del espectador, y de la propia inquietud creativa de "por qué las cosas son así y no de otra manera".

Por qué aparecen aviones en paisajes nevados; por qué pingüinos en el desierto; ovnis en un plácido día de playa; globos de colores moldeando paisajes, baobabs en lugar del altar en una iglesia o centinelas vigilantes de la nada. Son preguntas a veces sin respuestas, que cada mañana se hace Juan Ángel González de la Calle en ese afán creador sin límites que atesora. "Cada día me levanto muy temprano y voy directo al caballete", asevera de una actividad, la pintura, que no tiene punto y final entre sus planes de futuro.

De hecho, reconoce que ya tiene varias maquetas de sus próximos proyectos, "que es como tener la mitad de la obra hecha porque ya tengo la idea". Ideas que macera sin miedo a la innovación, a cambiar, a crear registros nuevos, porque considera que éste "debe ser el compromiso de un artista. Un artista no puede hacer un producto comercial porque le ha resultado bien y los reproduce una y otra vez, sino que debe crear. Y yo, en particular, no soy capaz de obsesionarme con ningún tema".

Por este motivo, en esta especie de retrospectiva de los paisajes que ha creado en los últimos diez años los ha pintado de todo tipo y con varias técnicas. Y los refuerza con la continuación de su propio proyecto de la mano de sus amigos artistas. Autores de la talla de Pilar Alonso, Alejandro Botubol, Lita Mora, Manuel Cano, Magdalena Bachiller, Los Vendaval, Pepe Barroso, Pep Guerrero, Miguel Ángel Valecia, Norberto Gil, entre otros, han ideado sus propias propuestas de paisajes en esta oferta genérica realizada entre todos, y con la "que me siento arropado".

En total son 27 las obras que visten de amistad uno de los laterales del claustro, más las 75 de Juan Ángel González de la Calle, que complementa con una vitrina repleta de lo que denomina "chispazos", esos que surgen cuando apenas le queda tiempo para hacer otra obra, pero sí para crearlos. Entre ellos unos zapatos pintados por él, casitas o mini libros de postales.

Una propuesta con la que González de la Calle regresa una vez más a Cádiz, tras la reciente exhibición que hizo en la galería Benot y otras intervenciones en el ECCO, entre otras colectivas como Miradas singulares. Voces plurales; o Trafalgar, también en Diputación, o más lejanas en el tiempo, Libro como material de construcción, en la Sala Rivadavia, en 1998.

Ahora, con un pie en Diputación, ya planea otros proyectos más transgresores, a modo de vídeo instalación e intervenciones que no quiere desvelar como parte de un proceso creativo con sorpresa final. Siempre evocador.

ME IMPORTA POCO QUE UN GORRIÓN EN EL PAISAJE...

Juan Ángel González de la Calle Diputación Provincial, Hasta el 8 de diciembre.

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