Enfoque de Domingo · Ciencia e Investigación

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  • Todos los años, investigadores gaditanos de la UCA, el IHM o el CSIC desarrollan distintos proyectos en la Antártida

  • La última campaña finalizó hace unos días

Miembros del Laboratorio de Astronomía, Geodesia y Cartografía de la UCA. Miembros del Laboratorio de Astronomía, Geodesia y Cartografía de la UCA.

Miembros del Laboratorio de Astronomía, Geodesia y Cartografía de la UCA. / m.b.

Isla Decepción tiene nombre evocador y forma de herradura. Está situada en un extremo de las Shetland del Sur, al borde del Círculo Polar Antártico. Tiene, también, pulso: "En un entorno con gran componente hidrotermal, el calentamiento del magma induce a procesos de expansión y comprensión -comenta Manuel Berrocoso-. Conocemos con bastante exactitud los mecanismos de cómo se comporta ese volcán, hasta tal punto de que podemos realizar pronósticos de meses".

La Universidad de Cádiz está presente desde el año 2000 en el continente: "Incluso en los años de la crisis, que no existían convocatorias, seguimos viniendo con un encargo del Ministerio para no interrumpir las series temporales", apunta Berrocoso. Las ciencias de la Tierra, si algo necesitan, es tiempo. El nombre de Manuel Berrocoso está ligado al inicio de las campañas antárticas, especialización que proseguiría ya dentro de la UCA, donde estableció el Laboratorio de Astronomía, Geodesia y Cartografía. Este año, Berrocoso ha coordinado a un equipo de cuatro personas: Belén Rosado Moscoso, Javier Benavente, Amos de Gil Martínez y Olga Luengo. "Ya deberían estar de vuelta, pero una avería en el Hespérides ha hecho que se retrasen un poco -comenta-. El año que viene, está previsto que vayamos más, porque no sólo haremos las series temporales sino que tenemos un proyecto nuevo, relativo a la tectónica, en otras zonas de la Península Antártica".

Las técnicas y métodos empleadas por la UCA para estudiar la interacción entre el comportamiento volcánico y el tectónico en Isla Decepción se han trasladado ya, por ejemplo, al entorno volcánico de México y Nicaragua, y también al golfo de Cádiz: "Lo que nos interesa especialmente, por ser una zona muy sensible al componente tectónico". Apunta Berrocoso que los investigadores de la UCA trabajan en las dos bases españolas: tanto en Gabriel de Castilla (Isla Decepción) como en la Juan Carlos I (Isla Livingston), ya que necesitan también parámetros de un entorno "normal", no volcánico. Igual ocurre con los mareógrafos fondeados en el entorno de las islas, claves para registrar la variabilidad del mar asociada al cambio climático: "En algunas zonas, la pérdida de masa de hielo y de retroceso de los glaciares resulta más acusada que en otros, sobre todo, cuando ves fotos antiguas o de visión por satélite. En este sentido -continúa-, nuestras series todavía no son suficientes para arrojar conclusiones, pero se espera que en los estudios de los niveles del mar el aporte del deshielo sea mayor". Uno de los objetivos principales para los investigadores de la UCA es dejar en las islas un equipo que resista toda la invernada, tanto mareógrafos como estaciones geotérmicas: "La agresividad del entorno es bastante grande para todo el mundo, instrumentalización incluida -indica-. Sabemos lo que les puede pasar a los GPS y siempre llevamos algún repuesto más; con los ordenadores, igual: la arena es muy fina, se te mete en los equipos sin que te des cuenta y, cuando menos te lo esperas, no tienes ordenador".

La previsión, a más de doce mil kilómetros de casa y con los suministros contados, es clave. "La Unidad de Tecnología Marina (UTM) es el organismo dentro del CSIC encargado de proveer los materiales necesarios para cualquier proyecto aceptado -explica Antonio Tovar, del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía-. Aparte, te tienes que llevar recambios de lo que sea. Diez pipetas, porque si se te rompe una, ¿dónde encuentras otra?".

Tovar ha estado en la Antártida dos veces y una en el Ártico, durante el Año Polar Internacional: "Fuimos de los primeros que pudimos certificar su deshielo total, con un trabajo cuyos resultados se siguen publicando", comenta. El CSIC, con sede en Puerto Real, es otra de las instituciones gaditanas implicadas en la investigación en la Antártida. Antonio Tovar estudia las trazas de metales en el agua y explica -o más bien, yo traduzco- que la Antártida es un continente anémico: tiene una importante ausencia de hierro. Sin embargo, la presencia de este metal es esencial para el desarrollo de la vida: el kril, un pequeño molusco clave de la cadena trópica polar, cuenta con un altísimo aporte ferroso. En el CSIC fueron los primeros en teorizar -como luego se demostró- que el origen de este aporte podía ser volcánico. Las trazas de metal marcan también el nivel de contaminación en el agua -en un continente libre de impacto humano directo, ya se han encontrado restos de metales pesados-. Por la naturaleza específica de su investigación, durante las campañas antárticas, Antonio Tovar pasa la mayor parte del tiempo embarcado. "El equipo de muestreo es distinto al convencional. Y hay que alejarse del barco, porque los metales de la nave influyen en la saturación del agua", apunta.

"¿Cómo te lo explico? A mí me salen sabañones en las manos en los inviernos de Canarias y de Cádiz". La injusticia poética existe: por eso, Tovar se ha visto recogiendo muestras de agua, a menudo sin las manoplas protectoras, subido a una zodiac en mitad del océano Antártico. "Las medidas de seguridad son severísimas -subraya-. Nosotros no podemos salir sin el teletubbie: incluso con el traje puesto, si te caes al agua, no duras más de tres minutos". El teletubbie, el mono de protección (que les da un aspecto de astronautas blanditos) es una armadura eficaz, pero ortopédica: "Y los primeros que muchas veces nos saltamos la seguridad, bajo nuestra propia responsabilidad, somos los científicos: pero claro, yo no puedo manipular con manoplas. Cada vez que volvemos de una salida, voy directo a la sauna". El Hespérides tiene sauna, sí, además de gimnasio y una pequeña biblioteca. Antonio Tovar prevé volver a la Antártida en la próxima campaña, con un proyecto relacionado con los pingüinos y en el que están implicadas también otras instituciones, aunque está pendiente de cerrar presupuesto.

Todos los que se han visto implicados en una campaña polar están de acuerdo en decir que la Antártida tiene "un virus": una vez respiras su atmósfera, quieres volver. "Dormir, ¿para qué? ¿Por qué dormir, pudiendo contemplar todo esto? -recuerda de su primer viaje Juan Antonio Rengel, capitán de fragata y jefe de sección de Hidrografía del IHM-. A esa excitación contribuye también la desorientación que te provocan las noches blancas". Rengel acaba de regresar de la XXXI Campaña Antártica: una edición que estará marcada siempre por el fallecimiento del investigador y capitán de fragata Javier Montojo. "Ahora estoy bien -comenta escuetamente-. Aunque un accidente de cualquier tipo es lo más común que puede pasar en un barco, que ocurra algo así es extremadamente raro. De hecho, es la primera vez que ocurre en todas las campañas que llevamos".

Por lo general, al menos la mitad de los científicos relacionados con Cádiz que viajan a la Antártida forman parte del Instituto Hidrográfico: este año, el equipo lo integraban siete personas, más los especialistas externos relacionados con el Proyecto Galileo. El objetivo del HIM Galileo -que cumplió durante esta campaña su tercera edición- es desarrollar un sistema de GPS europeo que actúe de forma independiente a las posibles directrices que puedan afectar al GPS estadounidense -del que se sirven actualmente la práctica totalidad de nuestros móviles-. Algunos modelos de iPhone ya incluyen la localización de Galileo pero la implantación comercial más generalizada del sistema, en una estimación optimista, no se realizará hasta dentro de dos o tres años.

El sistema cuenta con un total de 24 satélites -no todos ellos están operativos todavía- distribuidos en tres órbitas. ¿Por qué se prueba en la Antártida? "El número de satélites disponibles en la zona es mayor porque coinciden los tres planos de influencia -explica Juan Antonio Rengel-. Generalmente, nuestros móviles pillan la señal de cinco satélites; en la Antártida hemos llegado a contabilizar siete". El sistema Galileo opera tanto en OP (Open Service) como en PRS (Public Regulated Service). Los prototipos de móviles receptores han sido desarrollados por la empresa española BQ y, en esta edición, se ha unido al equipo un ingeniero de telecomunicaciones de GMV -compañía encargada del diseño de sistema-, "que hacía correcciones in situ sobre el software".

Por la labor inherente a la condición de hidrógrafos, el Instituto Hidrógráfico de la Marina ha estado presente desde el principio de las campañas antárticas españolas. La elaboración de una cartografía de las aguas antárticas cobra cierta urgencia teniendo en cuenta que cada vez hay un mayor tráfico marítimo en la zona -el continente registra ya una media de 25.000 turistas al año- y que tan sólo el 10% de sus mares ha sido cartografiado. "Esto se debe tanto a la inaccesibilidad de algunos puntos como a que el primer interés de los distintos países presentes en la zona es, lógicamente, su área influencia: alrededor de donde tienen las bases", comenta al respecto Juan Antonio Rengel, que señala también las dificultades de accesibilidad que presenta la navegación antártica: "No hay puertos, ni puntos de atraque, ni playas. Hay que preparar los equipos con muchísima antelación y pensar en qué te puede pasar, y estar preparado", apunta.

Aunque la Antártida revienta todos los límites de la imaginación: uno no puede pensar que una foca leopardo vaya a saltarle a la zodiac. Y sucede. Es un medio que pone a prueba la resistencia, la inventiva y la colaboración entre campos muy distintos. Y luego está, claro, las pasmosa belleza: "No hay nada como la emoción de quien viaja hasta allí por primera vez", asegura Manuel Berrocoso. Nadie puede resistirse. Nadie se resiste. Y siempre se quiere volver: "Todo científico que haga trabajo de campo mataría por ir a la Antártida -asegura Antonio Tovar-. De hecho, cada vez que sacamos un proyecto, nos vemos desbordados por las solicitudes; cualquier cosa que se te ocurra una vez que conoces el medio, no ha sido estudiada: es territorio virgen".

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