El Greco investiga a más de una veintena de bandas de narcos en Cádiz

  • El Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado tiene pinchados entre uno y dos centenares de teléfonos · Diario de Cádiz entra en la sede de este equipo de élite de la Policía

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De algún puerto del Sur de Europa está a punto de zarpar un barco que costó una millonada. Sus propietarios, una organización internacional, lo amortizará y le sacará beneficios, también millonarios, ya en la primera de sus travesías. Por delante del tráfico de armas, de personas y de fauna exótica, de las estafas cibernéticas y de los delitos urbanísticos, el comercio de drogas a gran escala sigue siendo el rey y el más rentable de los negocios ilícitos. Y para que la máquina de hacer dinero funcione, los equipos deben estar bien engrasados. Son bandas organizadas, muy jerarquizadas, con conexiones internacionales, que disponen de medios tecnológicos muy avanzados, desgraciadamente siempre más sofisticados y eficientes que los de la Policía. De "dar aire" al dinero se encargan otros. Y vuelta a empezar, con operaciones cada vez mayores que les permiten mantenerse y crecer frente a los competidores, que cada días son más.

Desde el corazón de la zona más caliente de Europa -y posiblemente del mundo- en lo que a tráfico de hachís se refiere, una veintena de agentes muy especializados del Cuerpo Nacional de Policía siguen en Chiclana muy de cerca el pulso de más de veinte de estas bandas organizadas que operan en la provincia, a la espera del momento propicio para caer sobre ellas. Si las patrullas de la Guardia Civil que peinan a diario la costa a la busca y captura inmediata de alijos fuesen corredores de velocidad, los agentes de los Grupos de Respuesta Especial contra el Crimen Organizado (Greco) de la Policía Nacional serían corredores de fondo. A veces, hasta de maratón.

Dependientes de manera directa de la Comisaría General, con sede en Madrid, y liberados de las "servidumbres" de las comisarías provinciales, los Grecos escuchan, controlan, vigilan e investigan por turnos a miembros de bandas organizadas 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Pero sólo actúan directamente cuando todo está bien atado. Muchas veces aguardan meses. Se trata de no dejar resquicios por donde escapar. "Hay un efecto tobogán en las operaciones, unas veces se enfrían y otras se calientan", explica el inspector-jefe Rafael Ruiz, coordinador de la Sección de los Greco Bahía de Cádiz. "Y esto, lógicamente, condiciona los resultados. Nuestra misión es intentar la detención de todos los miembros de la organización, pero basta que quede uno libre para que la banda se reorganice", añade.

Entre Ayamonte y Gibraltar y desde Tarifa hasta la campiña sevillana operan desde hace dos años dos grupos a los que recientemente se ha sumado un tercero -social y políticamente muy demandado- en el Campo de Gibraltar. El mes pasado, los dos equipos de la Bahía de Cádiz, en colaboración con otras unidades policiales, consiguieron la incautación de 14 toneladas de hachís y la detención de 33 personas.

Pero no sólo de hachís viven las mafias de narcotraficantes. Los cárteles colombianos están aprovechando la impunidad que procuran países como Nigeria, Senegal y Guinea Bissau para guardar toneladas de esta droga. Se habla de 14.000. Y explotan la ruta africana del cannabis, para introducirla en Europa, vía España, meca mundial del consumo de coca. Durante 2007, los grecos de Cádiz llegaron a interceptar, con la participación de otros equipos, nada menos que 837 kilogramos de cocaína en el transcurso de la operación Florín, que terminó en Valencia, con siete detenidos. Y, en colaboración con el Greco de Galicia, intervinieron en otra operación que se saldó con un alijo de 4.000 kilos de la misma droga en Madrid. "Es importante la colaboración con las comisarías locales, con otras unidades policiales, con Vigilancia Aduanera y la Guardia Civil", comenta el inspector-jefe. En el mismo golpe se requisaron una pistola con silenciador, un rifle, abundante munición, coches y motos de lujo, un camión frigorífico, tres máquinas de contar dinero, tres ordenadores y 25 teléfonos móviles.

El móvil es la llave inglesa del narco. Y las escuchas, la actividad que ocupa gran parte de la jornada laboral de los grecos. El salón de la discreta casa desde donde trabajan parece una sofisticada sala de teleoperadores. "Ahora mismo tenemos entre cien y doscientos teléfonos pinchados", comenta con premeditada inexactitud el jefe de uno de los equipos. Mientras, sentado ante un ordenador, un intérprete jurado toma nota de una conversación en italiano, de las cientos que se graban a diario de manera digital. Llegado el momento, servirá como prueba. "A menudo nos encontramos con trabas del sistema jurídico. En el Reino Unido es delito llevar un millón de euros en el maletero del coche. En Francia, un comisario firma un mandamiento para pinchar un teléfono. En Italia se puede llamar a un juez a las cuatro de la mañana para que autorice un registro domiciliario. Y en otros países no es necesaria la derrota [la revelación] de medios y fuentes utilizados en la investigación. Todo eso facilita muchas cosas", explica Rafael Ruiz. Tras horas, días, semanas o meses de escuchas, dispositivos de vigilancia, e investigaciones patrimoniales se planea el momento de dar "el palo" y llegar hasta "la caleta", el lugar donde se oculta la droga.

Más allá de la lucha contra el narcotráfico, la Sección Greco Bahía de Cádiz ha participado en otro tipo de operaciones. Como la Eclipse, que se saldó con 41 detenidos en Sevilla dedicados a la estafa vía internet de "la carta nigeriana", en su variante del premio de lotería. O en la detención de una pareja de italianos en Sotogrande que quiso cobrar una recompensa por pistas falsas sobre el paradero de Madeleine McCain, entre otros muchos casos. Y también en la trama urbanística de Roseworld, que acabó en La Línea con siete imputados, entre ellos el alcalde.

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