Andrés Amorós

"He evitado la literatura barata; la de Dominguín es una vida novelesca"

  • El autor, amigo desde la infancia del torero, profundiza no sólo en sus aspectos profesionales, sino también en el interior de "un personaje fascinante, un seductor total, no sólo en el terreno sexual"

El escritor y catedrático de Literatura Andrés Amorós ha saltado al ruedo de las letras taurinas con la biografía Luis Miguel Dominguín. El número uno; editada por La Esfera de los Libros. Amorós, uno de los intelectuales que con más profundidad conoce la tauromaquia y que tiene varias obras esenciales en esta materia, desentraña aspectos hasta ahora desconocidos, gracias al conocimiento directo que tuvo de Luis Miguel, por su padre, el notario Manuel Amorós, gran amigo y vinculado profesionalmente al torero, y gracias también a una ingente labor de documentación. El autor -mañana firma en la caseta 39 de la Feria del libro, de 19.00 a 21.00- acompaña con descripciones sociales e históricas el recorrido biográfico de Luis Miguel, uno de los personajes españoles más importantes del siglo XX.

-Eludiendo lo de número uno. ¿Con qué frase definiría a Luis Miguel como persona y torero?

-Ha sido un personaje fascinante, un seductor total, no sólo en el terreno sexual. Cuando estaba simpático conquistaba a cualquiera. Era muy listo. Tenía una inteligencia natural y se movía con absoluta facilidad en los medios internacionales. Era brillante, escandaloso y le gustaba epatar. En el ruedo, esa listeza hacía que viera muy rápido al toro.

-¿Y qué no fue?

-No fue ordenado. No se controlaba. Desde niño hizo lo que le dio la gana. Y no fue un buen marido. No era fiel.

-Luis Miguel le pidió el que pasara una temporada con él para hacerle una biografía...

-Teníamos amistad desde niños. Cuando yo escribí la tauromaquia de Marcial Lalanda me propuso que escribiera otra parecida sobre su toreo. Lo primero que me dijo es: "¿No me irás a preguntar por señoras?". Como era caótico y bohemio me dijo que me fuera a su finca, que pasara uno o dos meses. Y que una noche, con una botella de wisky, hablaría y saldría el libro. Le dije que no porque yo tenía que trabajar. Que así no se hace un libro. Ahora me da pena que no haya podido ver esta obra.

-Bajo ese prespuesto, ¿hubiera surgido una biografía muy distinta a la que ha publicado?

-Me hubiera dado más detalles anecdóticos. Pero no hubiera cambiado en absoluto la biografía. Yo doy aquí mi opinión. Le conocía. Estoy seguro que lo que más le hubiera gustado es la reivindicación que hago de su toreo y de lo que sentía él por el toreo.

-¿Cómo era ese concepto?

-El mismo que tengo yo y que he aprendido de él, de Marcial, de Alfredo Corrochano, de Domingo Ortega. Todos, en la línea de Joselito el Gallo. Antes de la estética, está la lidia y dominar al toro.

-¿Qué diferencia hay entre esta biografía y las que realizó de Marcial, Manolo Vázquez e Ignacio Sánchez Mejías?

-La personalidad suya es muy distinta. Marcial, siendo muy listo, era muy serio e implacable. Manolo Vázquez también era muy inteligente. Pero la de Luis Miguel la comparo más con la de Ignacio Sánchez Mejías. He intentado contar documentadamente su vida y es más divertida que una novela. No he querido hacer literatura barata; la de Luis Miguel es una vida novelesca.

-¿Luis Miguel hubiera desbancado al mítico Manolete?

-Sin la menor duda. Cuando se acerca la tragedia de Linares Manolete está deseando retirarse e irse con Lupe Sino y Luis Miguel es un joven con hambre de gloria, de dinero y de poder. Era un torero más largo, con más poder, que Manolete. Si hubieran coincidido los dos en su plenitud hubiera sido terrible. Sucedió la historia entre el rey y el aspirante. Luis Miguel llevó siempre consigo la frase que le dijo Manolete: "Cuando yo ya no esté -pensando en su retirada-, tú heredarás mis enemigos". Él recogió la corona y se acordó siempre de ello. Sabía que la gente se pone siempre de parte del aspirante.

-¿Qué consecuencias tuvo el autoproclamarse el número uno en Las Ventas, el 17 de mayo de 1949?

-El gesto le acarreó muchos enemigos. En el momento en el que se autoproclama el número uno lo era, aunque muchos lo interpretaron como que se hacía propaganda. Yo lo veo de otra manera. El defendía eso en la plaza con orgullo. El orgullo no es una virtud cristiana, pero sí taurina. Yo, ahora, echo de menos ese tipo de toreros con casta.

-¿La competencia Luis Miguel-Ordóñez fue más literaria -gracias a Verano sangriento de Hemingway- que real?

-La competencia fue terrible. Ese año -1959- los dos sufrieron dos cornadas graves cada uno. Bastaba con verlo. Lo dice Luque Gago. Se arrimaban como perros y eran totalmente distintos como personas y toreros. Fuera de la plaza, Luis Miguel era más brillante.

-Dice Luis Miguel: "Hay que oír lo que la gente te va diciendo desde los tendidos porque te dice lo que quiere ver. Excepto, claro, el día que tú te sientes". No parecen las declaraciones de un artista...

-Luis Miguel se consideraba ante todo un profesional. Como hoy en día pueda serlo Luis Francisco Esplá. Toreros que conocen al público. Que saben lo que quieren y que si hay que dar un farol de rodillas, lo dan. Sabe que la gente ha pagado por verle torear. No entendía la idea de "hoy no tengo ganas de torear".

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