La corte del Faraón José Tomás

Se llenaron los tendidos hasta el punto de que algunas entradas estaban repetidas. A la espera de clonar pesonas han aparecido entradas clonadas. Y entre los que llenaban el aforo estaba la corte del faraón. De este modo puede denominarse lo que arrastra tras de sí un torero al que se venera y sigue como a un profeta. A la llamada de José Tomás acude el público anónimo, los que nunca estuvieron en los toros y los que nunca dejaron de ir. Ayer se dieron cita nombres ilustres del toreo, el deporte, las finanzas y las reuniones ejecutivas de las grandes empresas españolas.

Entre los toreros destacaron El Cordobés y Julián López El Juli, junto a Víctor Puerto, acompañado de su esposa. Entre los relacionados con el deporte, el flamante presidente del Real Madrid, que paseaba poco antes por la calle Judíos y el también presidente del Getafe, al que la gran temporada que ha realizado su equipo lo mantiene en estado de alegría contagiosa. También estaba Toni Muñoz, ex jugador del Atlético. Y Marcos Alonso, entrenador del Granada 74, que tiene nombre de discoteca pero es un equipo de fútbol. Había ganaderos en abundancia, como Javier Buendía -que también se dedicaba al rejoneo- y Gabriel Rojas, el dueño de aquel toro que en tiempos indultó Finito de Córdoba cuando era quien era.

El periodista Carlos Herrera se dejó ver por el callejón con su bigote de latin lover y a lo lejos lo observaba Fernando Sacromonte, un torero que aparecía mucho de sobresaliente en la plaza cordobesa y que alternó en diversas ocasiones con El Cordobés.

Todos los comentados más 16.000 almas más, poco más o menos, andaban dispersas por los tendidos, el callejón, las gradas y el palo de la bandera. En el tendido 3 se había reunido un grupo numeroso de empresarios que había sido convocado por los Sánchez-Ramade. Allí estaban el director de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán; el presidente del grupo Joly, José Joly; el presidente del grupo Sando, José Luis Sánchez Domínguez; el director general del Banco Santander, Enrique García-Candelas; la directora general de Energía de la Consejería de Innovación, Aurora Terrer Nicoli; el presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía, Santiago Herrero... y así podría seguir con el listado hasta salirme de la página por la importancia del encuentro.

Entre los anónimos había venido gente desde Portugal, Barcelona -como por ejemplo Luis Corrales, presidente de la Plataforma de Defensa de la Fiesta-, un millón y pico de sevillanos, a juzgar por cómo estaba la estación de ferrocarril después de la corrida, y poco menos de dos millones de madrileños, a juzgar por cómo estaba el andén de enfrente de los sevillanos. También había algún malagueño, caso de Francisco Gallardo, que mientras ejercía su misión de ayuda o protección militar en Bosnia-Herzegovina no tuvo otra cosa que hacer que fundar la Peña Taurina de Bosnia, señal de que a los que les gustan los toros son capaces de dar naturales hasta en el mismísimo infierno.

Ayer, debe hacerse también mención de ello, había personas que nunca habían asistido a una corrida de toros. La culpa la tiene José Tomás, cuyas actuaciones entusiasman al público y que ha tenido la capacidad de arrastrar a la plaza personas que jamás lo hubiesen hecho. Anduve preguntando por los tendidos y les puedo dar algunos ejemplos: había un inglés espigado, de nombre Nick, que acudió allí con su novia cordobesa, seguramente expectante para ver qué demonios atrae a estos españolitos y españolitas. El tal Nick salió fascinado y diciendo "crazy" por lo bajini, que como todos sabemos significa locura, refiriéndose con ello a las cercanías que Tomás y Daniel Luque mantuvieron con los pitones del toro. En otro lugar se encontraba una gallega de nombre Margarita que acudió acompañanda de otro gallego, Nacho Rodríguez, y del ya ex director del Festival de Cine de Sevilla, Manolo Grosso, excelente aficionado y columnista de El Mundo en la Feria de Abril sevillana. La tal Margarita parecía más una antitaurina disfrazada y los que estaban al lado la miraban reacios. Era su primera corrida de toros y quedó sin palabras. Está claro que esta fiesta tiene futuro siempre y cuando el público perciba la emoción en el ruedo. Ayer, una vez más, la emoción estuvo servida, los espectadores se sentían partícipes de un acontecimiento que en ocasiones rayaba lo místico, porque no se puede calificar de otro modo los silencios monacales que invadían la plaza. Por momentos parecía que las nubes que planeaban sobre la plaza apretaban al público hasta hacerlo encogerse, miedoso ante los sobresaltos que escupía el redondel.

Es posible que para los puramente llamados críticos taurinos las faenas de José Tomás tengan cosas que no deban tener, o falten cosas que deban estar. Es posible. Pero la capacidad que tiene este torero para arrastrar al público hacia una especie de comunión religiosa no puede desdeñarse. Ayer, por momentos, parecía haber vuelto la misa pre Concilio Vaticano II. Los fieles salieron contentos y satisfechos.

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