Humildad y Paciencia aprovecha su oportunidad

  • La cofradía del Cristo de la Piedra se luce en una jornada en la que acompañó el tiempo y la afluencia de fieles

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La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y María Santísima de las Lágrimas y Esperanza guardará para el recuerdo el Lunes Santo de 2018 por las intensas vivencias que experimentaron los componentes de esta querida cofradía chiclanera y sus fieles seguidores en una jornada en la que la climatología invitaba a un esplendoroso desfile.

Todo jugaba a favor de la procesión del Cristo de la Piedra para darlo todo ante la gran afluencia de personas que se congregaron a lo largo del recorrido de la hermandad, desde su salida hasta la recogida en la Iglesia de San Telmo. Incluso antes de que se dejara ver el paso de misterio a las seis de la tarde, ya se concentraba un buen número de personas en la calle Nuestra Señora de los Remedios para ver la esperada salida de la procesión con su Cruz de Guía al frente.

El centro disfrutó de un extraordinario ambiente con cientos de personas en la calle

Los primeros pasos del Cristo de la Piedra en la calle estuvo acompañados de aplausos y de la música de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora de Gracia de Carmona. Con su nuevo policromado de dos arcángeles del canasto y claveles rojos, el paso de misterio se encaminó hacia la calle Frailes y la Alameda del Río donde ya se apostaba la gente para contemplar de cerca al Cristo, obra del tallista isleño Juan Carlos García. Los penitentes con túnicas blancas y capirotes rojos acompañaban a la imagen en una tarde en la que ya se presagiaba un brillante desfile procesional.

El paso de María Santísima de las Lágrimas y Esperanza tampoco se quedó atrás en cuanto al emotivo recibimiento que le otorgó el público durante su recorrido por las calles de la localidad. Con su paso adornado de rosas, orquídeas y astromelias entraba en escena esta imagen ante la multitud y acompañada de la Banda de Música del Cristo del Perdón, de San José de la Rinconada, así como de los hermanos penitentes con túnicas blancas y capirotes verde.

El cortejo procesional dispuso de 180 penitentes y en un tramo del recorrido desfiló una veintena de niños. Pero sobre todo contó con la masiva presencia de personas que pudieron disfrutar de momentos y bellas estampas en distintos puntos del itinerario de la cofradía del Cristo de la Piedra. Por ejemplo, frente a la Iglesia Conventual de Jesús Nazareno, Arroyuelo, la Plaza, la Vega o la Plaza Mayor, entre otros lugares.

En este sentido, fue llamativa la gran cantidad de público que ocupaban los palcos instalados en la calle La Plaza y en la Plaza Mayor, quienes pudieron observar la marcha de la procesión desde un lugar privilegiado. Pero tampoco tenían que envidiar aquellos asistentes al cortejo que eligieron rincones y aceras para divisar de cerca a las imágenes. A todo ello, se sumaba el gran ambiente que había en el centro durante la tarde y hasta bien entrada la noche.

Cabe reseñar que al éxito de la procesión contribuyó de manera decisiva los costaleros de ambos pasos en los que el esfuerzo y la elegancia eran palpables de principio a fin. Iban dirigidos por los capataces Jaime Racero, en el de misterio, y José María Vidal, en el de palio, quienes se estrenaban este año en estas funciones.

En líneas generales, la cofradía de Humildad y Paciencia estuvo a la altura tras un año de espera para dar a conocer en la calle su fe por su Cristo de la Piedra y su Virgen de las Lágrimas y Esperanza. Y, de este modo, dio lo mejor de sí en un Lunes Santo que quedará grabada en la memoria de muchos chiclaneros.

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