En "solidaridad" con los soldados

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El 3 de febrero de 1937 un decreto del Gobierno prohibió la celebración del Carnaval en toda España. Sin embargo, los gaditanos no se resignaron a perder estas fiestas y nada más conocerse la prohibición, una comisión de vecinos se entrevistó con el entonces alcalde de Cádiz, Ramón de Carranza, para solicitar autorización para salir a la calle con las clásicas murgas, comparsas y coros. Las entrevistas del alcalde con el gobernador civil dieron como resultado la publicación de una nota, a través de 'Diario de Cádiz', en la que se indicaba textualmente a la población que los Carnavales quedaban suspendidos "hasta la entrada de las tropas nacionales en Madrid".

Carranza les manifestó que dadas las actuales circunstancias, no podrían celebrarse las fiestas pero que trasladaría la petición al gobernador civil, Eduardo Valera Valverde.

La máxima autoridad civil hizo pública una nota en la que recordaba que las fiestas de Carnaval habían sido prohibidas por el Gobierno Nacional mediante un decreto de fecha 3 de febrero y con carácter nacional.

En consecuencia estas celebraciones de Carnaval quedaban suprimidas en nuestra ciudad "pública y privadamente". El Gobierno Civil añadió en su nota que "cuando Madrid sea tomada por las tropas nacionales será la ocasión de manifestar la alegría al modo que lo hacen tradicionalmente los gaditanos y que en estas fiestas de Carnaval se ordenará el descanso obrero retribuido para que todos disfruten por igual". La nota finaliza señalando que la prohibición de las fiestas "obedece a los sentimientos cristianos y patrióticos de la población de Cádiz, solidaria en estos momentos con los soldados que se encuentran en los frentes de batalla".

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