Liga 1|2|3 · Alcorcón-Cádiz

Todo lo bueno se acaba (1-0)

  • Un estéril conjunto gaditano, nulo en ataque, pone fin a su excelente racha con una derrota que nace de un gol regalado

Un momento del Alcorcón-Cádiz Un momento del Alcorcón-Cádiz

Un momento del Alcorcón-Cádiz

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El Cádiz puso fin a su excelente racha justo el día que se cumplían tres meses desde la última derrota. El conjunto gaditano recibió de su propia medicina y se llevó un merecido varapalo en Alcorcón. Esta vez fue el adversario el que aprovechó su ocasión, fruto de un grave error antes del primer cuarto de hora, para administrar su renta con orden y noquear a un Cádiz estéril, nulo en ataque, una vez más sin capacidad de reacción con el marcador el contra.

La dinámica positiva se paró en 11 encuentros sin perder y más allá de la derrota lo peor fueron las malas sensaciones que desprendió un equipo súper limitado cuando tiene que llevar la iniciativa para tratar de romper la muralla del contrincante. Nunca dio la impresión de poder lograr al menos un empate. La derrota no le baja de la segunda posición aunque los rivales se acercan y aprietan la clasificación mientras el Huesca se escapa en el liderato.

La alineación se ajustó con milimétrica precisión a los parámetros de la lógica, con la única novedad de Carrillo en lugar del lesionado Dani Romera y el habitual trivote como sistema de protección. Después de un par de partidos seguidos en los que el Cádiz había concedido ocasiones a sus rivales, el reto en Santo Domingo pasaba por minimizar las virtudes ofensivas de los alfareros.

Salieron enchufados los de Álvaro Cervera, vestidos de azul de arriba abajo con una franja amarilla con un dibujo diagonal en la camiseta. La prioridad pasó por cerrar espacios con una presión que arrancó arriba para dificultar la salida de balón de los madrileños. El guión seguía su curso pero no tardó en saltar por los aires en el minuto 13. Los visitantes lo tenían todo bajo control hasta que pagó un grave error con un gol en contra, el primero que recibían en la Liga en 2018. El balón llegó a la zona defensiva con toda la ventaja para Mikel Villanueva, que pensó que Alberto Cifuentes iba a salir a despejar. El central se confió, el cancerbero tardó en llegar al balcón del área y Mateo García, el más listo de la clase, se anticipó para quedarse solo y empujar a placer a puerta vacía. Ver para creer. El Cádiz regaló un gol de los calificados como tontos, a modo de presente tardío de los Reyes Magos, y se vio abocado a navegar contra corriente, una situación a la que no está acostumbrado. De hecho, siempre que esta temporada empezó por debajo en el marcador acabó el partido con derrota.

Los gaditanos afrontaban, por tanto, el mayor desafío, que no era otro que levantar un resultado adverso. Desde finales de pasado mes de octubre no se veían en desventaja, cuando entonces cayeron en el campo del Huesca.

El 1-0 causó un daño devastador. Desarmó al segundo clasificado, que más bien pareció un equipo de zona de descenso. No sólo no supo responder el Cádiz, sino que además se diluyó como el azucarillo que se adentró hasta el fondo del café que quizás no se tomaron los jugadores. Los anfitriones se desenvolvieron bien despiertos. Los visitantes, adormilados, tarde en cada disputa, a peor con el paso de los minutos. ¿Qué hacer cuando el que va ganando es el oponente? Los de Cervera, falto de ideas, quedaron a merced de alguna acción aislada o a balón parado. Las únicas señales en ataque fueron dos disparos lejanos de Abdullah y Álex Fernández. Nada más. Salvi y Álvaro García no aparecieron y sin ellos el Cádiz no existe en el área contraria.

El contraste fue absoluto. La incomparecencia virtual de los foráneos se unió al empuje de los locales, que merecieron irse al descanso con una renta incluso mayor. Cifuentes desvió un disparo lejano de Álvaro Peña en el 19 y en el 41 evitó el 2-0 al repeler a córner un derechazo de Jonathan Pereira, auténtica pesadilla para la defensa. La mala salida del portero tras el saque de esquina casi derivó en el segundo tanto del Alcorcón, pero el remate de Mateo García lo despejó Álex Fernández en línea de gol. Los gaditanos perdieron el norte en el esprint final de la primera parte. Pereira lanzó fuera en la última llegada antes de que el descanso emergiera como la mejor noticia para un Cádiz que se había descompuesto tras el gol pero que al menos llegaba vivo.

Los azulones estaban obligados a reaccionar en la reanudación para sumar algún punto y la primera medida llegó desde el banquillo. El técnico dejó en el vestuario a Abdullah y dio entrada a Eugeni, que se colocó como el hombre más adelantado del trivote.

Poco cambió el decorado. Pereira siguió haciendo de las suyas frente a una defensa lenta, insegura, desconocida. En el minuto 51, el delantero local reclamó penalti por un presunto empujón de Kecojevic dentro del área que no lo pareció.

La esperada reacción no llegaba y Cervera hizo debutar a Seth Airam Vega, sustituto de un Álvaro García venido a menos, quizás por la fiebre que había padecido entre semana. El joven canario disponía media hora larga para aprovechar su oportunidad.

Empujado por las circunstancias, los visitantes, buscaron con más ahínco la portería aunque con demasiada inocencia. A lo más que llegaban eran a poner centros en el interior del área que se estrellaban contra una zaga alfarera que no sufría. El Cádiz necesitaba marcar pero sin tirar a puerta era imposible. Ni un lanzamiento para poner a prueba a Casto. Ni una jugada de mérito. Ni un solo argumento ofensivo. Y eso que se empleó casi toda la segunda parte con dos arietes a los que, eso sí, apenas le llegó una pelota en condiciones.

El reloj corrió con la rapidez que le faltó a un equipo espeso, incapaz de enlazar pases en ataque, atrapado en su inoperancia, aunque la vida le dio una nueva oportunidad cuando el cuadro madrileño se quedó con un hombre menos por expulsión de Hugo Álvarez en el minuto 73 -vio la segunda amarilla tras propinar una fuerte patada a Seth Vega-, justo después del ingreso en el campo de Aitor en lugar de Salvi. El Cádiz echó el resto, se volcó a la desesperada en superioridad numérica liderado por el onubense, que obligó a Casto a hacer un par de intervenciones. Él fue el único que tiró a puerta. Lo intentó hasta el final con varios lanzamientos, pero ya era demasiado tarde.

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