La tele se va al médico

  • Las series del gremio sanitario han sido habituales en las programaciones, aunque el resurgimiento llegó a mediados de los 90 a raíz del éxito de 'Urgencias,' en Estados Unidos, y de 'Médico de familia', en España

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Huxtable iba a ser en principio un hombre agobiado en sus penurias de clase media-baja norteamericana. Sin embargo a la cadena NBC no le apetecía en aquellos blandos años 80 hablar de estrecheces. Bill Cosby se convirtió entonces en un doctor especializado en obstetricia, con holgada situación económica (su mujer además era abogado) y este afortunado retrato de una familia afroamericana, para muchos inverosímil, se convirtió en el mayor éxito de la televisión mundial de aquella década. El doctor Huxtable en La hora de Bill Cosby experimentaba en la ficción las nociones pedagogas que en la vida real habían llevado al actor a editar varios volúmenes sobre relaciones familiares. Desapareció un día de la parrilla, pero el esqueleto de aquella serie se lo enfundó Emilio Aragón y la bata le quedaba de maravilla. Médico de familia es la primera serie española de largo recorrido y más allá de la comedia que se convirtió en un fenómeno de audiencias y publicitario. El voluntarioso Martín era un galeno viudo y cuando se casó con su cuñada congregó a 13 millones de españoles, 69,4% de share (ni Alonso ahora). Antes de fenecer, su historia pasó del ambulatorio a una unidad de urgencias. Los tiempos vaticinaban cambios en el gremio sanitario.

La televisión siempre ha coqueteado con el hospital. En Estados Unidos la serie más veterana en estos momentos es el culebrón General Hospital que lleva emitiéndose a diario, en la mañana de la ABC, desde 1963 y que hace unos días ha superado los 12.000 episodios (a su lado, Arrayán es un bebé). Por General Hospital han pasado miles de actores y durante años ha marcado estilo en su género. Un hospital es una colmena de relaciones, de sentimientos extremos, y una máquina incesante de historias humanas. Los guionistas nunca han estado faltos de materia prima y Hospital central tiene cuerda para seguir siendo la serie semanal más veterana de la televisión en España al cabo de diez años y aunque sus índices no sean los de otros tiempos. Jordi Rebellón, que también apareció en Médico de familia, es para todos nosotros Vilches, el doctor más desagradable hasta que descubrimos a Gregory House.

La personalidad de los médicos protagonistas fue cambiando con los lustros. En los años 60 las versiones de lujo de General Hospital eran Doctor Kildare, con Richard Chamberlain varios siglos antes de ser el cura de El pájaro espino, y Marcus Welby. En ambas series los protagonistas entraban en conflictos intergeneracionales con otros compañeros, una constante de las series médicas. Mientras Kildare-Chamberlain era el jovencito doctor que traía nuevos métodos, Welby-Robert Young era un viejuno moderno que llevaba por la calle de la amargura al novato, Kiley-James Brolin (que, con toda la razón, acabó retirado en Hotel). El pináculo de este arquetipo fue Centro Médico. Chad Everett era el cirujano Joe Gannon, que tenía sus diferencias con el jefe, el doctor Loechner. Del doctor Gannon estaban enamoradas todas las féminas españolas que vivían en los años 70 y sus "ojos de azul cielo", como le canturreaban aunque viéramos aún la televisión en blanco y negro, impactaban en la noche de los sábados.

Los médicos irreverentes estaban entonces en la guerra de Corea y mientras Franco estuviera vivo era imposible que TVE programara MASH (cuya versión cinematográfica se ambientaba en Vietnam), que se despidió en 1983 en Estados Unidos ante más de 100 millones de espectadores. La cuadrilla del doctor Pierce-Hawkeye (Alan Alda) apareció por España a principios de los 80, con el jefe, Larry Linville, que era el mayor Burns que inspiró a Matt Groening para reconvertirlo en el millonario de Los Simpson. Además de Radar y del falso loco travestido de Maxwell, la jefa de las enfermeras era Loretta Switt, Morritos Calientes, eje de bromas y seducciones.

Las relaciones doctor-enfermera fueron una de las claves argumentales de estas ficciones durante decenios, hasta que las mujeres también pudieron ser doctoras, incluso en el Oeste, como Jane Seymour-Quinn. Anatomía de Grey es, simplemente una versión avanzada y revisada de General Hospital. Ya en los 80 (fue emitida en sus inicios por Canal Sur) la serie Hospital era un retrato descarnado de los quirófanos.

Los doctores dejaban de ser también un dechado de humanidad y Ted Danson en la dramedia Becker fue uno de los pioneros. El médico podía ser también el bicho raro, o el más desdichado, del pueblo, como sucedía en el remoto Cicely (Alaska) con el doctor Joel Fleischmann, abuelo del Doctor Mateo que esta noche vuelve a Antena 3 en la piel de Gonzalo de Castro.

Las series de médicos retomaron músculo a partir de la repercusión del doctor Doug Ross. Sin George Clooney Urgencias hubiera sido una excelente ficción, igual de maltratada en España, pero no estaría en el olimpo de los buenos recuerdos. Los doctores seguirán centrando series e historias, de sosegados psiquiatras como Gabriel Byrne en En terapia a forenses inquietantes como Dexter. Los ha habido detectives, como Dick Van Dyke, el de Mary Poppins, en Diagnóstico asesinato, y chirriantes niñatos prodigios como Doogie Howser. Los que llevan más tiempo en su consulta sin visos de jubilación son el doctor Hibbert y el fraudulento Riviera. En Los Simpson.

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