Una década de GH

  • Llegó a España en el año 2000 y no ha faltado en las pantallas desde entonces · Crea tantas pasiones como odios pero, sin duda, se trata de un género que a nadie deja indiferente

A finales de abril del 2000 llegaría a nuestras pantallas el formato televisivo que ha revolucionado la última década. Pertenecía al género, por entonces desconocido, reality show y se denominaba Gran Hermano. El comienzo de su emisión causaría desconcierto, asombro y dudas. Nadie podía imaginar lo que traería de la mano: la telerealidad, una nueva forma de hacer televisión y que causaría una gran sensación entre la audiencia española. Diez fueron los valientes que se atrevieron a experimentar lo que suponía vivir esta novedosa experiencia, que llegaba del Big Brother holandés. Un éxito comercial que ha sido versionado hasta en setenta países de todo el mundo, estando en cabeza España por llevar más número de ediciones.

Suscita tanta popularidad como críticas. Gran Hermano ha estado envuelto desde sus orígenes entre una gran controversia; y es que muchos han comparado la idea de que los concursantes vendan su intimidad voluntariamente con una especie de voyeurismo; un morbo que mueve a las masas y causa furor. El programa saca a la luz los instintos más básicos y, al mismo tiempo, animales de los seres humanos, que permanecen completamente aislados del mundo exterior y conviven con personas que no conocen mientras son filmados las veinticuatro horas del día. Sin más, un experimento para conocer las propias emociones, con el que la audiencia se refleja y entretiene. Vivir con lo básico, pruebas semanales para subsistir, sistemas de nominaciones y expulsiones por la audiencia y un confesionario giran en torno de la propia convivencia, que, todo hay que decirlo, con el paso de las ediciones ha ido recrudeciéndose, quizás todo por dinero.

La creación de John de Mol, desarrollada por su productora Endemol, ha sido criticada por muchos que consideran que la profunda idea inicial se ha ido resquebrajando por querer vender más, exprimir las suculentas cifras de las audiencias al máximo. Personajes cada vez más inusitados, curiosos y originales, de todas las razas, nacionalidades y edades. Todo vale por vender más. El formato ha fomentado la interculturalidad con concursantes de raza negra, gitana u oriental, de diferentes países, transexuales, gente muy joven y de avanzada edad, parentales, discapacitados y provenientes de diferentes capas sociales, todas conviviendo bajo el mismo techo y con lo mínimo. Durante las once ediciones que se han emitido en España (todas ellas en Telecinco)se ha podido ver de todo. Desde las relaciones más bonitas y profundas hasta las peleas y discusiones más repugnantes. Parejas que rompieron, otras que se casaron o de las que nacieron pequeños 'grandes hermanos'. Otros que han optado por el anonimato, que siguen en la palestra porque lucharon por la fama o que lucieron sus cuerpos al desnudo en conocidas revistas. El ansiado maletín del premio final a pocos le interesan; les vale más lo que trae la fama que al fin y al cabo un puñado de millones.

Sin duda, la versión española de Gran Hermano forma parte de la cultura popular del país; y, aunque muchos no quieran reconocerlo, todos alguna vez hemos caído en la tentación de echar una ojeada a esta nueva telerealidad. De ahí, eso que dicen que para criticar, primero hay que mirar y entender. Tanto es así que pocas son las personas que alguna vez no han entonado algunas de las míticas frases que nos han regalado los más de cien concursantes que han pasado por la casa. La primera edición mostraba las lágrimas de Jorge Berrocal diciendo "no lloréis , me voy a casar con ella" (refiriéndose a su, por entonces, amada María José Galera). Tanto dolor sentía que gritó a los cuatro vientos que "quién le pone la pierna encima para que no levante cabeza"; una célebre frase de la que incluso se hizo una canción. Otra moda de las frases de Gran Hermano son los politonos. El "me encanta" de Piero de la novena edición, las yoyas de Carlos Navarro de la segunda, "mafia es mafia" de la indeleble pareja formada por Ismael e Iván del primer Gran Hermano o el "pa' chulo chulo mi pirulo" de Luhay, Gran Hermano 5. Aída Nízar nos enseñó a hablar con Dios, Fresita a vivir en el mundo de la fantasía, Chiqui de la edición número diez a hablar "asín de claro", saber lo mal que lo pasan las guapas gracias a Carol de la presente edición con el "o sea, ojalá hubiese sido fea" y a contar con el 'nominator' de Pepe, el ganador de GH 7, que nos regaló una de las mejores ediciones en España.

La casa también ha ido desarrollándose a lo largo de las once ediciones. La primera de ellas, muy austera y que se ubicó en la población madrileña de Soto del Real, dio paso a una mágica vivienda en la también madrileña Guadalix de la Sierra. Todo un regalo de instalaciones que cuentan con todo tipo de lujos y detalles.

La undécima edición está a punto de terminar y pronto conoceremos el nombre de su ganador, que se incorporará a la lista que ya componen Ismael, Sabrina, Javito, Pedro, Nuria, Juanjo, Pepe, Naiala, Judit e Iván. La encargada de pronunciar su nombre, Mercedes Milá, que ha sido la encargada de conducir esta larga historia que cumple diez años. Una telerealidad que, guste o no, forma parte de la televisión de este país y ha creado todo un mundo a su alrededor. Un mundo que nace del ojo que todo lo ve, el de Gran Hermano.

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