Desaciertos en cadena

  • Los errores en defensa y en ataque propician una abultada derrota del Cádiz frente a un Villarreal que aprovecha sus ocasiones

  • Barral desperdicia un penalti en la primera parte

La abismal diferencia de pegada entre el Cádiz, negado de cara a puerta, y el Villarreal, con dinamita arriba, inclinó el duelo entre submarinos amarillos del lado de los visitantes, más prácticos que un conjunto gaditano carente de ideas en ataque, negado en la definición, frágil en defensa y con menos ritmo que en la primera cita de un Trofeo Carranza que acabó en cuarta posición sin ni siquiera poder recurrir al consuelo de haber estrenado el marcador. Ni gol que llevarse a la boca. Y eso que disfrutó de un penalti fallado por David Barral. Cuando la pelota no quiere entrar no hay manera. La voluntad de los locales no fue suficiente frente a la calidad de un rival de superior categoría que sin tirar de todos sus titulares y sin emplearse a fondo le bastaron unos cuantos chispazos para elevar un incontestable 0-3. Tres tantos que golpearon la línea de flotación de un equipo de Segunda División A que se sumergió en la dura realidad y se ve abocado a tener que mejorar dentro de seis días en el comienzo de la Liga en el terreno del Córdoba.

Quedar último en el Trofeo ante tres contricantes de Primera División de forma parte de la lógica. El problema es cuando el origen de la derrota, la del último partido, está en uno mismo y no en el otro. La clave del contundente radicó en los errores. El Cádiz los coleccionó en las dos áreas y la consecuencia no puede ser otra que una derrota en la que, además de los merecimientos del ganador, también cuentan, y mucho, los deméritos del perdedor. El rastro de buenas sensaciones que el conjunto amarillo había dejado el viernes desapareció como por arte de magia un día más tarde. En el fútbol los regalos al contrario cuestan caros. Toda una lección que debe servir para lo que de verdad importa, que es la Liga.

Servando fue el único jugador que repitió de salida respecto a la semifinal en un nuevo duelo contra un adversario de Primera División. Al igual que el día anterior, Álvaro Cervera mezcló antiguos con nuevos y disfrutaron de su primera titularidad Rober Correa, Mikel Vilanueva y Álex Fernández. Cualquier momento es bueno para que se acoplen lo antes posible.

Gaditanos y castellonenses se repartieron la posesión del cuero en un arranque sin un dominador claro, con el balón de un lado a otro aunque sin remates en ninguna de las dos porterías. Aitor, por izquierda, y Salvi, en la derecha, protagonizaron internadas interrumpidas por la zaga visitante.

El Cádiz fue el que más lo intentó en los compases iniciales sobre un césped lleno de calvas que dificultó la circulación del esférico. No es fácil desenvolverse en esas condiciones. El técnico apostó por un 4-4-2 preñado de intensidad, con David Barral y Jesús Imaz presionantes arriba. Los locales pusieron la carne en el asador pero no basta con dar batalla sin poner la salsa y la historia caminó por los derroteros similares a los de la semifinal. El control de los amarillos derivó en un acto ficticio porque a la hora de la verdad el que dio en la diana fue el Villarreal en su primer disparo a puerta. En el minuto 17, Soriano soltó un latigazo desde la frontal del área de apariencia inocente pero Alberto Cifuentes se comió la pelota. La tocó y entró en la portería. Una cantada indiscutible que provocó inmediatos cánticos desde la grada de apoyo al cancerbero.

Una vez más se vio por debajo en el marcador un Cádiz con más voluntad que acierto que tiene tantos problemas con el gol que no marcó ni de penalti. En el 27, el árbitro señaló pena máxima por mano de Rodrigo dentro del área tras un centro de Brian. Barral no dudó en situar el esférico en el punto fatídico. Le sobró seguridad pero ajustó tanto el lanzamiento que el balón se estrelló en el larguero cerca de la escuadra. El isleño se quedó con las ganas de celebrar su primer gol en casa.

El 0-1 espoleó al equipo de Primera, que tuvo cerca el segundo con un misil de Fornals que sacó la zaga cuando el balón iba adentro. El Villarreal se sintió cómodo e inquietó a la contra frente a un Cádiz que no lo vio claro, centró mucho y remató poco, con escasos recursos en ataque e inseguro atrás. Salvi envió a las manos de Barbosa justo antes del descanso poco después de que Bakambu perdonara el segundo con todo a su favor delante de Cifuentes. Los gaditanos fueron de más a menos en la primera parte y tuvieron suerte de no irse a los vestuarios con una desventaja aun mayor. La mejor noticia era que llegaba con vida a la segunda parte. La peor fue que en el segundo tiempo se vino abajo.

El Villarreal se adueñó del balón en la reanudación frente a un Cádiz que trató de robar la bola y buscar la contra con rapidez. En el 50 conectó José Mari con Salvi pero su centro murió una vez en las botas de la defensa. Los anfitriones apretaron el acelerador y crearon peligro a balón parado. En el 57, tras un saque de esquina, Barral se encontró con la pelota a un metro de la portería pero casi sin ángulo y su remate a bocajarro rebotó en la cara de Barbosa para terminar de nuevo en córner.

Los locales no aprovecharon su momento y los visitantes no desperdiciaron el suyo para finiquitar el partido. Bakambu superó por velocidad a Villanueva en el minuto 63 y no perdonó delante de Cifuentes con un tiro cruzado. El 0-2 llegó justo antes de un triple cambio en el Cádiz. Cervera aportó aire fresco en la medular con Garrido y Abdullah e hizo debutar al central Kecojevic, que apenas llevaba un minuto y medio en el campo cuando asistió como testigo directo de 0-3, firmado de nuevo por Bakambu a puerta vacía -en el 65- tras un servicio de Leo Suárez y un error de Villanueva.

Con el choque más que resuelto, el único aliciente era comprobar si el Cádiz era capaz de marcar un gol. Aitor lo tuvo en el 69 en un mano a mano con Barbosa mal culminado con un disparo que no vio puerta. Y para colmo, Rubén Cruz retiró lesionado tres minutos después de haber suplido a José Mari.

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